Seguirle la pista al azúcar no siempre resulta fácil. De hecho, hace años que los fabricantes hacen pasar de extranjis en muchos de sus productos este ingrediente versátil, escurridizo y ubicuo al que le gusta estar en todos los saraos, aunque nadie le haya invitado: dextrosa, fructosa, galactosa, sacarosa, xilosa, dextrina, almidón modificado, extracto de malta, maltodextrina… Sí, efectivamente, estos son algunos de los muchos nombres bajo los que se oculta el azúcar. Un auténtico agente encubierto al que si queremos desenmascarar y que no nos la cuelen, urge clavar previamente los codos y aprendernos al dedillo sus múltiples identidades. Así, muchos se llevan a casa un producto con la plena convicción de que está exento de azúcar, pero nada más lejos de la realidad.

No debe superar el 5% del aporte calórico

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de azúcar no debe de ser mayor del 5% del aporte calórico diario de nuestra dieta, pero solemos hacer caso omiso a la recomendación. Pero ¿por qué hay que ponerle coto? Las razones parecen claras y es que una ingesta excesiva nos aboca a desarrollar serios problemas de salud tan serios como la obesidad o la diabetes que, a su vez, pueden acarrearnos otras.

“El azúcar no es necesario desde el punto de vista nutricional. La OMS recomienda que, si se ingieren azúcares libres, aporten menos del 10% de las necesidades energéticas totales; además, se pueden observar mejoras en la salud si se reducen a menos del 5%. Esta proporción equivale a menos de un vaso de 250 ml de bebida azucarada al día”, explica en la web de este organismo el doctor Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la OMS.

A juicio de este organismo, la ingesta de alimentos y bebidas ricos en azúcares libres puede ser una fuente importante de calorías innecesarias, especialmente para los niños, los adolescentes y los adultos jóvenes.

Foto: iStock
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Una situación que llevan años denunciando organizaciones como Justicia alimentaria que elaboró un informe titulado “Mi primer veneno” en el que se criticó al sector de la alimentación infantil, de 0 a 3 años, pues creen que abusa del azúcar en sus productos.

“El Estado español está a la cabeza de los problemas de salud infantil debido a la alimentación insana, y a la cola de las medidas políticas efectivas para luchar contra ellos. El caso de los cereales hiperazucarados para bebés es especialmente grave”, denuncian los autores de este informe.

No en vano, consideran que su consumo puede afectar a la selección dietética del niño o niña, pues altera sus preferencias alimentarias y sus hábitos de consumo. En concreto, les endulza el paladar y los predispone, a juicio de esta asociación, a consumir alimentos insanos en el futuro. En concreto, Justicia Alimentaria asegura que a pesar de que muchos de estos productos lucen el reclamo de 0% de azúcares añadidos en el que acaban picando muchos consumidores, parece que esto no es del todo cierto.

“El proceso de hidrólisis al que han sometido los cereales infantiles consiste en romper los carbohidratos de cadena larga presentes en los cereales naturales (básicamente almidón18), obteniéndose así carbohidratos de cadena corta y, sobre todo, azúcares”, argumentan.

Un ingrediente con muchas identidades

Por lo tanto, atento, querido consumidor, pues reconocer el azúcar exige la máxima atención. Vamos a ver cómo cazar a este intruso.

“Lo que es oculto, oculto no está; por ley, en la lista de ingredientes deben figurar, por orden de cantidades empleadas, los diferentes ingredientes que han sido usados en la la elaboración de los alimentos pero… ¿realmente conocemos toda la terminología que hace referencia a estos azúcares? Son muchos nombres, a veces intuitivos, a veces no, que creo que debemos conocer para saber realmente qué es y en qué cantidades, es lo que estamos comiendo”, explican en la bitácora 'Una bióloga en la cocina".

Foto: iStock
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En cualquier caso, ya advertimos que todos aquellos nombres que acaben en el sufijo -osa son sospechosos habituales:

  • Dextrosa
  • Fructosa
  • Galactosa
  • Glucosa
  • Lactosa
  • Maltosa
  • Sacarosa
  • Xilosa

Pero la cosa no acaba ahí, pues el azúcar también puede acabar de tapadillo en nuestro plato si te das de bruces con alguno de los siguientes nombres en la etiqueta de algún producto. Así, también cabe estar atentos a otros componentes.

  • Dextrina
  • Almidón modificado
  • Extracto de malta
  • Maltodextrina
  • Melaza

La lactosa, el azúcar de los embutidos

Quizás uno de los más empleados por la industria sea la lactosa. Este último es el azúcar naturalmente presente en la leche de vaca, oveja, cabra y otros mamíferos. También lo encontrarás en sus derivados lácteos. Está formado químicamente por la glucosa y la galactosa. Ponte en guardia cuando vayas a comprar caramelos, chicles sin azúcar, galletas, helados, alimentos bajos en calorías, embutidos (como hamburguesas, salchichas y carne picada), batidos, cereales, mayonesas y otros muchos alimentos elaborados con leche. Incluso podemos hallar lactosa en ciertos medicamentos e incluso en dentífricos.

Es difícil conocer la terminología con la que se denomina al azúcar en la industria, pero podemos aprender

Otro muy recurrente es la maltodextrina. Esta se extrae de la hidrolización del almidón de maíz, pero también puede elaborarse a partir de otros cereales como el trigo o el centeno, También se puede extraer de alimentos ricos en carbohidratos como el plátano o la yuca.

"Se suelen usar como agentes espesantes y/o aglutinizantes (aditivo E-1400) en salsas, sopas, rellenos de pastelería y bollería, postres y derivados lácteos, helados, refrescos, productos congelados, productos cárnicos, bollería o cacao en polvo", explican en "Una bióloga en la cocina".

Dicho todo esto, seguramente encares de otra manera la inspección de la etiqueta de los productos ahora que ya sabes que el juego favorito del azúcar es el escondite.