Cada vez estamos más concienciados con el hecho de que mantener una dieta saludable es una condición 'sine qua non' para gozar de salud. Por ello, prestamos más atención a la composición de los productos envasados, metemos en el carro de la compra más alimentos reales y tratamos de condenar al ostracismo los nocivos para nuestra salud como los procesados y los ultraprocesados. Incluso se han popularizado dietas o estilos de vida como el 'real food', que aboga por una alimentación protagonizada por los productos reales, y el 'plant-based', que apuesta por ingerir alimentos provenientes únicamente de las plantas.

A pesar de estar más informados y a nuestros intentos de hacerlo mejor en materia de alimentación, lo cierto es que continúa habiendo cierto desconocimiento acerca de algunos alimentos, pues las creencias populares les han atribuido propiedades, unas acertadas y otras equivocadas, que desvirtúan su imagen, impidiéndonos sacarle todo el partido y, por lo tanto, desaprovechando todo lo que pueden hacer por nosotros. La Fundación de Hipercolesterolemia Familiar ha querido despejar los mitos que envuelven a algunos alimentos. Veamos cuáles son.

El aguacate reduce el colesterol

Aguacate.
Aguacate.

Verdadero. Esta fruta, que ya era consumida por los antiguos aztecas, quienes le atribuían propiedades afrodisiacas, se ha puesto de tendencia en nuestras cocinas por su rico sabor y su enorme valor nutricional. Es generoso en ácidos grasos monoinsaturados, principalmente ácido oleico, que efectivamente "ayudan a reducir el colesterol LDL o 'malo' y a incrementar el HDL o 'bueno". Ahora bien, no debemos olvidar que ningún alimento comporta beneficios por sí mismo y debemos consumirlo en el marco de una dieta variada y equilibrada si queremos disfrutar de lo que aporta. Además, hay que tener en cuenta que "es una fruta muy calórica, por tanto su ingesta debe ser moderada y variarla con otras frutas".

La lecitina de soja ayuda a bajar el colesterol

Falso. Es cierto que este derivado de la soja tiene diversas acciones biológicas demostradas, pero no en lo referente a su efecto hipolipemiante, es decir, la reducción del colesterol. Según dicho organismo, "los numerosos estudios médicos no han demostrado un efecto reductor del colesterol. Dichos efectos se deben en realidad a otros componentes de la soja. Por lo tanto, no se deben consumir preparados de lecitina de soja para controlar el colesterol".

Las aceitunas engordan

Falso. A este producto, que es el compañero perfecto del tapeo patrio y un clásico de nuestra gastronomía, siempre se le ha colgado el sambenito de que tienen un gran poder calórico y, por lo tanto, engordan. Sin embargo, cada aceituna tiene unas 15 kcal aproximadamente, "lo que implica que pueden utilizarse en dietas de adelgazamiento, pero debidamente combinadas con otros alimentos como, por ejemplo, en ensaladas. Así, en lugar de añadir a la ensalada una cucharada grande de aceite es posible comerse seis u ocho aceitunas".

La sal no engorda porque carece de calorías y no retiene líquidos si consumimos menos de 5 g diarios

Los frutos secos engordan

Falso. Es cierto que todos los frutos secos tienen un gran contenido en grasas insaturadas y, por ende, calórico. Sin embargo, "engordan menos que los azúcares y además se queman mejor que las saturadas. A lo que se añade que por el efecto de saciedad que producen, las personas que consumen frutos secos dejan de comer otros alimentos, lo que compensa en gran parte el exceso de calorías que contienen. Eso sí, no hay que tomarlos después de cenar".

Los derivados del coco ayudan a adelgazar

Leche de coco.
Leche de coco.

Falso. No cabe duda de que el coco es la fruta del momento, de la que además se aprovechan todas sus partes. Del prensado de la pulpa se extrae el aceite, que presenta una textura que recuerda a la mantequilla, siendo muy utilizada en las culturas del Pacífico y cada vez más en España como una opción saludable. Claro que hay que tener en cuenta que presenta "un elevado contenido calórico, pues aporta 899 kcal cada 100 g de alimento. Además, su perfil lipídico difiere de manera importante de otros aceites vegetales. De hecho, en 100 g de aceite de coco hay 5,8 g de grasa monoinsaturada, 1,8 g de grasa poliinsaturada y 87 g de grasa saturada, que contribuye a elevar el colesterol 'malo'.

Por su parte, la leche tiene igualmente una importante carga calórica. Tanto es así que "100 ml de este líquido vegetal aportan 170 kcal, 2,9 g de hidratos de carbono y 17,5 g de grasa, de las cuales 15,1 g son saturadas. Por consiguiente, "estos productos no solo no ayudan a perder peso, sino que, en exceso, promueven el aumento del colesterol en sangre y, por tanto, aumentan el riesgo cardiovascular".

Más de tres huevos a la semana es perjudicial

Falso. En el ideario colectivo, el huevo está intrínsecamente ligado al incremento del colesterol, a pesar de que numerosos organismos y estudios han demostrado que no es exactamente así. De hecho, "una persona que tenga exceso de colesterol en sangre puede comer perfectamente tres o cuatro huevos completos a la semana y tantas claras como desee, ya que el colesterol del huevo se localiza únicamente en la yema. En cuanto a una persona sana que tenga el colesterol normal, puede consumir sin ningún problema siete huevos a la semana".

La sal engorda y retiene líquidos

Falso. Este condimento, cuyo consumo está en el punto de mira nutricional por sus efectos negativos en la salud, carece de calorías, por lo que poco puede interferir en el incremento de kilos. Respecto al hecho de que es coadyuvante de la retención de líquidos, es falso a medias. Es decir, "no contribuye a retener líquidos si el consumo es razonable o, lo que es lo mismo, por debajo de 5 gramos diarios". Es más "excederlos puede resultar un factor de riesgo para desarrollar dolencias cardiovasculares o hipertensión arterial".