Es curioso como surgen modas alimentarias cada dos por tres, prometiendo cada una ser más sana que la anterior. Sostienen que nuestro cuerpo no funciona como creíamos y que, por ejemplo, puede convencer al organismo de que decida no usar los hidratos de carbono y utilice solo la grasa (, dieta ketogénica, te hablo a ti). Son apoyadas por diversos famosos en Instagram, y gurús del fitness y de la alimentación están esperando para apoyar al siguiente gran 'hit' de la alimentación. Lo que es curioso es que la dieta perfecta (o la menos defectuosa) es también la que menos 'glamour' tiene: una dieta equilibrada.

Más allá de los nutricionistas profesionales, no hay famosos defendiendo las 5 raciones de frutas y verduras al día; la ingesta equilibrada y repartida de calorías provenientes de los 3 macronutrientes; el consumo adecuado de fibra; la hidratación adecuada; el consumo adecuado de productos de origen animal para conseguir la vitamina B12 (y otras) que necesitamos. No, eso no se lleva.

Por otra parte, son entendibles ciertos razonamientos de vegetarianos o de los veganos: no como productos animales porque "no quiero aprovecharme (y estoy en contra) del sufrimiento animal" o, simplemente, "no me gusta". Es perfecto, es ético y es razonable. Nada que objetar.

Foto: iStock.
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El problema de verdad es cuando aparecen tendencias con nombres que hacen pensar que sí eres un vegetariano, pero la realidad es bien distinta. En este grupo podemos encontrar a los flexitarianos, los apivegetarianos y los recién creados pollovegetarianos.

Qué es qué

Parece que el requisito fundamental es dejar claro que seguimos una variedad de vegetarianismo, que somos amigos de los cervatillos y luchamos contra el cambio climático. Lo que comemos... da más igual. Estos son los alimentos que defiende cada uno:

  • Veganos. Son los más extremistas. No consumen nada que provenga de un animal. Esto significa excluir de la dieta las carnes, pescados, huevos, lácteos, miel, marisco, insectos y, en algunos casos ridículamente extremos, también las verduras fermentadas, pues se han utilizado bacterias y eso los convierte en intocables (a esos, alguien debería decirles que los suplementos de vitamina B12 que ingieren están hechos con bacterias sí o sí). Por supuesto, existen diferentes terminologías como crudiveganos, que no cocinan los alimentos porque así es más natrural.
  • Vegetarianos. Dentro de lo posible, es una de las dietas más sanas que existen. No comen carne, pero sí alimentos de origen animal, como miel, huevos, leche, mantequilla, queso... Es posible obtener todos los nutrientes eseciales gracias a esta dieta. La 'única' pega es que la carne es un excelente saciante (y no extraordinariamente calórica), con lo que los vegetarianos tienden a sustituir este producto animal con una mayor ingesta de calorías que, aunque no tiene por qué engordar lo más mínimo, no la convierte en una dieta de adelgazamiento (esta es una de las razones de que sea una dieta completa y saludable). Existen diferentes subclases, pero todas implican lo mismo: se pueden comer productos animales en los que no se haya dado muerte.
  • Hipócritas. Es otra especie de alimentación en la que el uso del nombre es lo más importante. Se incluyen en esta categoría a los flexitarianos, los pescetarianos, los pollotarianos o a los semivegetarianos. No, no lo son. Son personas que comen una cantidad menor de carne, o no comen carne roja, o solo pescado... Es igual, son omnívoros y siguen una dieta medianamente equilibrada. Parece ser que, mientras no ingiramos carne de ternera o de cerdo, podemos usar una terminología para definirnos que dé a entender que somos vegetarianos, o algo muy parecido, y no es así.

Los beneficios para la salud del pollotarianismo

Sí, sabemos que la carne roja es mala, múltiples estudios han probado sus efectos negativos sobre nuestra salud. Estos son solo algunos de los cientos de ejemplos.

  • En un estudio de 2011, los investigadores Walter C. Willett, JoAnn E. Manson y el resto de su equipo de la Harvard Medical School describieron una relación directa entre el aumento del consumo de carne roja y un aumento del riesgo de enfermedad coronaria.
  • Otro trabajo científico, este del año 2017, realizado por el investigador A. Wolk, del Instituto de Medicina Medioambiental de Estocolmo, describía que "el consumo de 100 gramos diarios de carne roja procesada aumentaba un 17% el riesgo de cáncer de colon, un 19% el de próstata, un 13% el riesgo de infarto, y un 32% el de sufrir diabetes".
  • Por último, un estudio de los investigadores Hazen S. L, y Z. Wang, de la Cleveland Clinic, en Estados Unidos, demostró que el consumo de carne roja aumentaba los niveles en el plasma sanguíneo de trimetilamina N-óxido (TMAO) (y que parar su ingesta los disminuía radicalmente). Desde el año 2013 (gracias a un estudio de investigadores de esta misma organización) se sabe que el aumento de la TMAO está vinculado a un gran aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Por otra parte, varios estudios, entre los que destacan el primero antes mencionado de la Universidad de Harvard, otro de la Universidad de Yeungnam, en Corea del Sur, y otro de la Vanderbilt University en Nashville, Estados Unidos, han probado que el consumo de carne de pollo puede tener efectos beneficiosos para nuestra salud.

Foto: iStock.
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Entre esos efectos positivos se ha descrito la reducción del riesgo de padecer diversos tipos de cáncer o el de una disminución de la prevalencia de diabetes tipo 2. De todos modos hay que tener cuidado con estos resultados, dado que, aunque existe una vinculación, no se ha establecido una relación de causa-efecto. Por decirlo de otro modo, puede ser que no sea el pollo lo que mejora la salud de la gente, sino que aquellos que tienen dietas más ricas en pollo tienen una alimentación más equilibrada y, por tanto, más sana.

El resto de dietas

Los otros regímenes pseudovegetarianos descritos con anterioridad tienen efectos similares (positivos) sobre nuestra salud. No es ningún misterio que una dieta rica en productos marinos, en especial aquellas con abundancia de pescado azul, son muy sanas debido a los efectos positivos de los ácidos grasos saludables de este tipo de animales.

La diferencia, a fin de cuentas, radica en si alguien es 'pollotariano' o 'pescetariano' por poder llamarse así o porque quiere tener una alimentación más saludable. Lo más probable es que sea lo primero, pues ya se ha demostrado que la dieta más sana del mundo es la mediterránea, la nuestra.