Las tasas de obesidad infantil no cesan de crecer en España, alimentadas por los malos hábitos dietéticos que por simple comodidad o ignorancia inculcamos a nuestros hijos. Lo cierto es que nuestros pequeños ya rivalizan con los de EEUU en esto de padecer sobrepeso y seguir una dieta insana.

En este sentido, según una investigación realizada por el Centro de Estudios Sociosanitarios de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), uno de cada tres niños españoles padece problemas de sobrepeso. Así, las cifras nos hablan de un 32,1% de pequeños entre 7 y 13 años que empieza a sufrir un incipiente problema con la báscula que es muy probable que se agrave con los años y se traduzca en enfermedades como la diabetes o un colesterol peligrosamente alto.

Por lo tanto, ahora con el regreso al cole, es perentorio que los padres mediten los almuerzos de sus hijos y confinen las galletas, los zumos y demás chucherías industriales al baúl de los recuerdos.

“Todos estos productos que se promocionan como ideales para el desayuno, la merienda o el recreo no son más que productos ultraprocesados, ricos en azúcares y en grasas saturadas nocivas que comprometen la salud del niño (y no solo en el momento actual, sino que además lo predisponen a padecer una serie de enfermedades en la edad adulta). El consumo de estos productos ultraprocesados no solo supone en sí un riesgo para la salud, sino que además supone un desplazamiento de otra serie de alimentos saludables que sí que se deberían comer con mayor frecuencia como es por ejemplo la fruta”, explica en su web la experta en nutrición Natalia Moragues.

Son más bien productos

La nutricionista descarta incluso que estos almuerzos puedan incluso catalogarse como alimentos, más bien debemos considerarlos como meros productos ya que, en su opinión, "alimentan muy poco". Así, Moragues aboga por que nos replanteemos de arriba abajo los almuerzos de nuestros hijos y que le demos a la imaginación sin que ello suponga renunciar a la comodidad.

El 32,1% de los niños españoles de entre 7 y 13 años empieza a presentar problemas de sobrepeso

“Todas estas opciones se pueden combinar, es decir, puedes llevarle un táper con cuatro fresas y un trocito pequeño de queso o de pan con tomate… Tanto la fruta como los bocadillos los podéis tener ya preparados en trocitos pequeños y congelados en raciones para solo tener que sacar la bolsita de trocitos de fruta del día y el trocito de bocadillo”, propone.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Sin duda, con semejante despliegue de ideas (muchas de ellas muy cómodas de llevar adelante), nos va a parecer coser y cantar pasar de largo de los almuerzos de siempre. Lo cierto es que esta nutricionista tiene un batallón de recursos con los que ganarnos el estómago y el paladar de nuestros hijos: zanahoria con hummus o guacamole, un táper de encurtidos con pepinillos y aceitunas, tomates cherry, huevo cocido...

“Es fundamental que hagáis un esfuerzo por abrir la mente y no os dejéis engañar por lo que la industria alimentaria os hace creer que son las buenas opciones para que le mandemos a nuestros hijos al recreo”, declara esta nutricionista.

Imaginación al táper

Otra de estas abanderadas de los almuerzos saludables y empeñada en nadar a contracorriente es la nutricionista Yolanda Anfrons, que un buen día se plantó y se negó a seguir el imperativo categórico que desde hace unos años reina en estos asuntos: “Todo empezó porque la mayoría de niños de la 'guarde' se quedaban a comer y entonces les preparaban allí el desayuno… Para que María no viera que el suyo era diferente, le preparaba más o menos lo mismo. El lunes, galletas y lácteo; el martes, palitos y zumo… Pero al final me di cuenta de que por mucho que sus galletas fueran integrales, que su zumo fuera ecológico y sin azúcar…, continuaban siendo galletas y zumo, y no me convencía nada”.

Escoger alimentos

De este modo, esta madre decidió tomar cartas en el asunto y discurrió unos desayunos sanos, pero también muy apetecibles para una niña de corta edad: “Me gustó la idea de preparar táperes cuquis para que ella cuando viera su desayuno le hiciera gracia y no continuara prefiriendo las galletas de sus amigos. Y funcionó…”, asevera en su web.

Así que María se fue a la guardería todas las mañanas con una fiambrera la mar de sana y tentadora donde podía toparse con pan redondo de espelta integral con crema de cacahuete 100%, palitos de zanahoria, tortitas con lascas de parmesano y zanahoria, pan integral con tomate untado, tortilla de patatas, uva, melón cortado, queso, almendras y frutos secos (siempre que tenga más de 3 años, ya que hay riesgo de atragantamiento)...

"Es muy importante dedicar tiempo a la alimentación de nuestros niños, sea desde nuestro papel de padres, tíos, padrinos, abuelos, amigos… o de profesionales de la nutrición, porque de ello depende subir una generación que tenga cada vez una alimentación más consciente, que sepa qué alimentos deben formar parte de su menú diario y cuáles son ocasionales, que cuando vayan a comprar sepan escoger entre un alimento u otro, y eso solo lo conseguiremos dando ejemplo y haciendo educación alimentaria como familia", concluye Anfrons en su web en un intento de despertar conciencias paternas y encaminar a los niños hacia una dieta sana desde sus años más tiernos. Sin duda, aprender a comer también es educación.