Un corazón sano late, de media, unas 70 veces por minuto. Si tenemos en cuenta que la esperanza de vida de los españoles es de 83,38 años, eso significa que nuestro músculo cardiaco bombeará sangre por nuestro organismo algo más de 3.000 millones de veces a lo largo de nuestra vida. Aunque está falsamente atribuido a él, se creía que Neil Armstrong había dicho que "todo humano tiene un numero finito de latidos y no voy a malgastar ninguno de ellos". Aunque esto no está demostrado, lo que sí está claro es que el cuidado de este órgano es fundamental para mejorar nuestra esperanza de vida y, sobre todo, su calidad. Para hacerlo podremos recurrir a la nutrición (aunque esto no nos exime del ejercicio físico y las visitas rutinarias al médico). Determinados alimentos aportarán su granito de arena en mantener nuestro corazón bombeando fuerte y sano.

Aceite de oliva

Foto: iStock.
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Que nuestro tesoro gastronómico es una joya nutricional lo tenemos muy claro. Es rico en grasas monosaturadas como los ácidos grasos omega 3 y oleico, que son buenos para nuestra salud cardiovascular. Pero sus efectos positivos no acaban ahí. En un estudio realizado por la doctora Kristiina Nyyssönen y su enorme equipo de la Universidad de Kuopio (Finlandia), el Hospital Universitario de Copenhague, la Universidad de Berlín y el Instituto de Investigación Médica de Barcelona, "el aceite de oliva es más que una grasa monosaturada, Su alto contenido en polifenoles puede proporcionar beneficios para los niveles de grasa en el plasma y proteger contra el daño oxidativo", factores que tienen una gran influencia sobre nuestra salud cardiovascular.

Frutos secos

Foto: iStock.
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Aunque hasta hace poco eran considerados una bomba energética (según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, 100 gramos de pistachos, por ejemplo, contienen 560 kcal), en los últimos tiempos, la nueva reputación de las grasas los ha vuelto a poner en el menú. Además, tienen una gran cantidad de proteínas de origen vegetal (un 20% de su peso es debido a este macronutriente) y multitud de vitaminas y, sobre todo, minerales (los pistachos por ejemplo, son ricos en potasio, hierro, magnesio y zinc, y las nueces de macadamia están llenas de selenio, que es necesario y muy difícil de encontrar). Sus beneficios para nuestra salud cardiaca residen principalmente en su alto contenido de ácidos grasos monosaturados como los omega 3 y 6, que reducen los niveles de colesterol malo (LDL) y mantienen los niveles del bueno (HDL). Esto los convierte en un obligatorio de nuestras despensas.

Chocolate

Sí, este maravilloso dulce está también en la lista. Antes de nada, hay que dejar claro que comerse 4 tabletas al día, por muy bueno que sea el cacao para nuestro corazón, nos va a hacer más mal que bien. De todos modos, su gran valor es el inmenso contenido de flavonoles que tiene el cacao y que estos no desaparecen al ser procesado, por lo que la tableta industrial del súper seguirá siendo buena. El efecto de los flavonoles en nuestra salud cardiovascular lo explican con detalle los investigadores Carlo Selmi, Claudio A. Cocci, Mario Landredini, Carl L. Keen y M. Eric Gershwin, de la Universidad de Milán y de la Universidad de California. En dicho trabajo, explican que una de las cualidades de los flavonoides es su gran efecto antiinflamatorio. Dicho efecto es positivo dado que "tanto la inflamación crónica como la aguda son piedra angular de las bases moleculares de la arterioesclerosis (enfermedad cardiovascular en la que los vasos sanguíneos se endurecen, reducen su diámetro interior y pierden flexibilidad)". Los flavonoides del chocolate, como el grupo de científicos explica, actúan de diversas formas: "Modifican la produción de citoquinas antiinflamatorias, la síntesis de los eicosanoides, la activación de las plaquetas y los mecanismos en los que interviene el óxido nítrico".

Ajo

La bibliografía científica respecto a los beneficios que tiene el ajo para nuestra salud es inmensa. Esto se debe a dos cosas: la primera es que contiene unos buenos niveles de micronutrientes, que son necesarios para llevar una alimentación correcta. La segunda ventaja que contiene el ajo es que es rico en un compuesto llamado alicina. Este ha llamado mucho la atención a la comunidad científica por sus posibles beneficios para la salud. En un estudio publicado por los investigadores Leyla Bayan, Peir Hossain Joulivand y Ali Gorji, del Centro de Investigación Neurocientífica de Teherán en Irán, se especificaba que "los efectos preventivos de la alicina del ajo en la arteriosclerosis se han atribuido a su capacidad para reducir el contenido lipídico de la membrana arterial". Así que, aunque no la necesitasemos, ya tenemos otra excusa para cenar alioli esta noche.

Té verde

Foto: iStock.
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Una de las moléculas más temidas dentro de nuestro organismo es el colesterol. Superar la temida cifra de 200 mg/dl (máximo considerado normal) pone nerviosas a muchas personas. Aunque ahora existe una tendencia a considerar el desequilibrio de los diferentes tipos de colesterol algo más peligroso que una cantidad total elevada, sigue siendo recomendable vigilar los niveles. Para esto, una de nuestras mejores opciones reside en el té verde. Según un estudio de los investigadores A. Kim, A. Chiu, M. K. Barone, D. Avino, F. Wang, C. I. Coleman y O. J. Phung, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Connecticut, en Estados Unidos, "las catequinas (un tipo de antioxidantes propio de las plantas) del té verde se han asociado con una reducción estadística significativa en los niveles de colesterol de baja densidad (LDL, 'el malo'), sin que exista un efecto en los niveles de colesterol bueno (HDL)". Esto pone al té verde en la primera línea de defensa contra las enfermedades cardiovasculares, y más teniendo en cuenta que es un antioxidante natural, por lo que también podremos aprovechar todos los beneficios que tienen este tipo de compuestos.