Práctico, altamente nutritivo, económico, proteico y saludable. Así es el huevo, uno de los alimentos que más polémicas ha protagonizado en los últimos años, debido a su posible relación con un aumento de los niveles de colesterol. Sin embargo, tal y como destaca la Clínica Mayo, “los huevos de gallina tienen un alto contenido de colesterol, pero el efecto de este lípido en sangre es mínimo si se lo compara con el que tienen las grasas trans y las grasas saturadas” .

Por tanto, “el riesgo de enfermedad cardiaca puede estar más relacionado con los alimentos que acompañan a los huevos en un desayuno occidental tradicional; por ejemplo, el sodio del tocino, las salchichas, el jamón, las grasas saturadas o los aceites con grasas trans usados para freír los huevos y las patatas”, insiste la institución.

Foto: iStock.
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Una vez que el huevo se ha levantado airoso de los ataques, vuelve a auparse victorioso gracias a un nuevo estudio que establece que el mejor desayuno que pueden hacer las personas con diabetes es el que lo incluya en el menú.

Las cifras de la diabetes

Según la Fundación para la Diabetes el 13,8% de los españoles mayores de 18 años tiene diabetes tipo 2, lo que equivale a más de 5,3 millones de compatriotas. De ellos, casi 3 millones ya estaban diagnosticados pero 2,3 millones, el 43% del total, desconocían que padecían la enfermedad.

"El 13,8% de los españoles mayores de 18 años tiene diabetes tipo 2, lo que equivale a más de 5,3 millones"

Como señala Amil López Viéitez, doctora en farmacia, nutricionista y creadora de la Dieta Coherente, “la diabetes está reconocida como epidemia mundial por la OMS, puesto que su incidencia ha aumentado dramáticamente en las últimas décadas. Dieta y diabetes deben ir de la mano para controlar el azúcar en sangre, mejorar el pronóstico de la enfermedad y prevenir complicaciones, que afectan mucho a la calidad de vida de estas personas”.

Sufrir la enfermedad implica que el “cuerpo no puede producir o utilizar la insulina adecuadamente. Esto provoca la elevación del nivel de glucosa (azúcar) en la sangre. Previamente, suele producirse un estado de resistencia a la insulina que si se detecta a tiempo, puede retrasar o incluso evitar el progreso a diabetes”, insiste la experta.

Hace un año, investigadores de la Universidad del Este de Finlandia publicaron un trabajo en la revista 'Molecular Nutrition and Food Research' que constataba que la ingesta de al menos un huevo al día reduce el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con los que lo consumían con menos frecuencia (una media de dos huevos a la semana).

Observaron que en la sangre de las personas que comían un huevo al día aparecían moléculas de lípidos que se daban en el perfil de sangre de una persona sana, libre de diabetes tipo 2. Interesante, ¿verdad? Pero aún sigue planeando ese miedo que nos han inculcado durante años a comer huevos cada día.

Nueva investigación

Ahora, y de la mano de la revista 'American Journal of Clinical Nutrition', llega una nueva investigación de científicos de la University of British Columbia (Canadá) que ha demostrado que un desayuno alto en grasa y bajo en carbohidratos, basado principalmente en la ingesta de huevos, puede ayudar a quienes tienen diabetes tipo 2 a controlar los niveles de azúcar en la sangre durante todo el día.

"El gran aumento de azúcar en la sangre después del desayuno se debe a la combinación de la resistencia a la insulina y a los típicos alimentos de los desayunos occidentales: cereales, avena, tostadas y frutas, que son altos en carbohidratos y azúcar", explica Jonathan Little, autor principal de la investigación.

"Un desayuno alto en grasa y bajo en carbohidratos, basado en ingesta de huevos ayuda al control del azúcar"

Según el investigador, el desayuno es la comida 'problemática' que lleva a los mayores picos de azúcar en la sangre para las personas con diabetes tipo 2. Su investigación muestra que comer una comida baja en carbohidratos y alta en grasa a primera hora de la mañana es una manera sencilla de prevenir este gran aumento, mejorar el control glucémico a lo largo del día y quizás también reducir otras complicaciones de la diabetes.

Los participantes del estudio, con diabetes bien controlada, completaron dos días de alimentación experimental. Un día desayunaron una tortilla y otro día comieron avena y algo de fruta, mientras que tomaron la misma cena y el mismo almuerzo en ambos días. Se utilizó un monitor continuo de glucosa para medir los picos de azúcar en la sangre durante todo el día. "Esperábamos que limitar los carbohidratos a menos del 10% en el desayuno ayudaría a prevenir el pico después de esta comida, pero nos sorprendió un poco que esto tuviera suficiente efecto y que el control general de la glucosa y la estabilidad mejoraran. Sabemos que los grandes cambios en el nivel de azúcar en la sangre son perjudiciales para nuestros vasos sanguíneos, ojos y riñones", detalla Little.

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Las claves del desayuno

Como aclara Amil López Viéitez, “según indica su nombre, el ‘des-ayuno’ tiene la capacidad de romper el ayuno nocturno, lo cual puede ayudar a equilibrar el nivel de azúcar en sangre y de insulina. Se sabe que el ayuno prolongado descompensa el metabolismo de los hidratos de carbono y azúcares. Por eso es conveniente desayunar en la primera hora en la que uno se levanta". Esta especialista reconoce que el huevo “por su contenido en proteínas favorece la secreción de glucagón, una hormona que favorece el equilibrio de la insulina, por lo que mejora el control del apetito, de la glucemia, del peso y del almacenamiento de grasa corporal”.

Para esta especialista, el desayuno ideal "debería incluir hidratos de carbono de bajo índice glucémico (cereales integrales, pan integral, fruta -no plátano, uvas, higos, mango o muy madura-), acompañados de proteína (huevo, fiambre magro, salmón ahumado, queso fresco, hummus...) y de grasa insaturada (aceite de oliva, frutos secos, aguacate...)”, agrega.

Insiste, además, en que “los hidratos de carbono son necesarios en las 5 comidas del día. Son la ‘gasolina’ más eficiente para el organismo, pero deben seleccionarse hidratos de carbono de bajo índice glucémico, para que el paso de los azúcares que contienen a sangre sea más lento y no afecte tanto al metabolismo de los azúcares. Y siempre siempre deben ir asociados a una proteína magra para alcanzar el equilibrio hormonal”.

En cuanto al nuevo estudio, esta experta advierte que “hablar de un desayuno ‘alto en grasa’ también es un poco peligroso porque la población puede interpretar que puede comer mantequilla y beicon, por ejemplo”.

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