Es evidente que la leche de vaca ha ganado la partida a las restantes leches de origen animal. De hecho, el 83% de la población consume habitualmente leche de vaca y apenas se presta atención a las que podemos obtener del ordeño de cabras y ovejas. Aunque también es cierto que la leche animal vive horas bajas, pues actualmente se consume casi un 30% menos que en el año 2000. No obstante, continúa siendo básica en la alimentación, sobre todo entre los más pequeños, donde un vaso diario, en el desayuno, es un 'must'.

No obstante, las leches de cabra y oveja continúan siendo las grandes desconocidas, a pesar de que esta última nos aporta la materia prima para preparar los quesos de mayor prestigio y algunas cuajadas que saboreamos con devoción. Por lo tanto, ambas leches merecen toda nuestra atención dado que rebosan de ciertas cualidades capaces de eclipsar a la que se obtiene de nuestra querida vaca.

Leche de cabra, ideal para lactantes

Respecto a la leche de cabra, no nos podemos perder las conclusiones de un grupo de investigadores de la Universidad de Granada que aseguran que dicha leche puede considerarse “un alimento natural funcional”, cuyo consumo habitual (o el de sus derivados) debe potenciarse entre la población en general. Sobre todo entre todas aquellas “personas con alergia, intolerancia a la leche de vaca, problemas de mala absorción, colesterol elevado, anemia, osteoporosis o tratamientos prolongados con suplementos de hierro”.

Foto: iStock.
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En concreto, las personas con anemia pueden beneficiarse del consumo habitual de este producto pues aporta una mayor disponibilidad de hierro, calcio, fósforo y magnesio, por lo que previene la anemia ferropénica, además de la desmineralización ósea.

Asimismo, su composición es similar a la de la leche materna y, claro está, tal circunstancia ocasiona que se emplee como base para la elaboración de leches maternizadas. Así, desde 2014, tras la modificación del real decreto que regulaba los preparados para lactantes y los preparados de continuación, se permite el empleo de leche de cabra.

Este cambio ha supuesto que en el mercado proliferen las leches de fórmula que comercializan marcas como Capricare, Topfer o Caprea, de Babybio, que se basan en esta clase de leches. Este producto contiene menos caseína del tipo alfa 1, como sucede en la leche materna, que es la responsable de la mayoría de las alergias que se padecen a la leche de vaca. Por lo tanto, es hipoalergénica e ideal para los bebés.

Consumimos un 30% menos de leche animal que en el año 2000, y entre ellas, la de vaca sigue siendo la reina

Pero no hace falta ser un lactante para apreciar las bondades de esta leche pues, además de ayudarnos en caso de anemia, nos echa una mano con el colesterol. Así, la leche de cabra tiene entre un 30% y un 40% menos colesterol que la leche de vaca. A esto se suma su mayor concentración de omega 6. En definitiva, la leche perfecta para protegernos del desarrollo de posibles afecciones cardiovasculares.

La de oveja, la que más calcio contiene

Esta leche es imbatible en un aspecto: el calcio. Lo cierto es que en esta cuestión noquea a la leche de vaca y deja algo aturdida, pero todavía en pie, a la de cabra. En concreto, en ella encontramos un 80% más de calcio que en la de vaca. Dicho esto, parece que no tiene mucho sentido que nos decantemos por una leche de vaca enriquecida con este nutriente cuando tenemos a la leche de oveja rebosante de calcio y esperándonos pacientemente en el lineal del supermercado.

Foto: iStock.
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Además, un vaso de leche de oveja supone obsequiar a nuestra salud con sodio, magnesio, calcio, hierro, yodo y fósforo. También este alimento es rico en vitaminas B9, B7, B3, A, C, D, E y K.

Sin embargo, es cierto que su precio no se distingue por ser una baratura precisamente. De hecho, suele ser mucho más cara que la de vaca o cabra y, sobre todo si estamos acostumbrados a pagar menos de un euro por un litro de leche de vaca, nos parezca excesivo pagar dos euros por uno de oveja. La marca Ganadores de Zamora (Gaza) es una de las que ofrece leche envasada con la mayor fecha de caducidad gracias a la patente desarrollada por ellos. También encontramos a COVAP, del Valle de los Pedroches. Pero es posible adquirirla fresca de muchos otros fabricantes como la albaceteña El Cantero de Letur o Ultzama, de Navarra.

Microalgas para alimentar a las ovejas

A pesar de que esta leche es prácticamente irreprochable nutricionalmente hablando, el Instituto de Ganadería de Montaña tiene el empeño de mejorar aún más la calidad de este producto. Para ello está realizando una investigación con el ánimo de averiguar si es viable introducir microalgas en la alimentación de las ovejas.

Los expertos están convencidos de que pueden conseguir una leche de oveja todavía más saludable nutriendo a estos animales con vegetales ricos en ácidos grasos insaturados como aceite de girasol, de oliva o de lino.