Nuestro estómago es un órgano sorprendente. Es capaz de producir ácido clorhídrico (uno de los compuestos con menor pH) para disolver casi cualquier tipo de alimento. Durante este proceso tremendamente abrasivo, se queda tan pancho, no le afecta. Esto, claro está, se debe a que está preparado para soportar estas condiciones. De hecho, es el único tejido de nuestro cuerpo capaz de hacerlo. Incluso los órganos a los que está conectado directamente, como el intestino o el esófago, se quemarían de entrar en contacto con este letal líquido.

Por suerte, nuestro cuerpo dispone de algunas herramientas para hacer frente a esta abrasión. Por abajo, el píloro controla el paso del bolo alimentario al duodeno, donde el ácido es neutralizado con bicarbonato segregado por el páncreas. Por arriba, el esfínter esofágico inferior impide el retorno del contenido estomacal a través del cardias y del esófago.

Acidez estomacal y reflujo

En ocasiones, estas válvulas no se cierran completamente, en concreto la superior. En el píloro es un problema menor, dado que el páncreas está listo para neutralizar todo el ácido que sale del estómago. No se puede decir lo mismo del esófago que, aunque se debe cerrar en cuanto el bolo alimentario lo atraviesa, en ocasiones se queda abierto, permitiendo el retorno de la comida. Esto es lo que se conoce como reflujo ácido o lo que comúnmente llamamos acidez.

"Aparte de eliminarlo, la leche fría proporciona un alivio instantáneo a la sensación de quemazón"

Determinadas afecciones como la hernia de hiato también pueden provocar que este conducto se quede abierto. Esto se debe a que el estómago, donde se une con el esófago (parte conocida como cardias), se sitúa por encima del diafragma, lo que impide el cierre correcto.

Por otro lado, algunos alimentos, condiciones físicas o nuestro estilo de vida pueden provocar el reflujo. Las más comunes son:

  • Tabaco
  • Café
  • Alcohol
  • Frutas cítricas
  • Tomate
  • Picantes
  • Cebolla
  • Ajo
  • Sobrepeso
  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como la aspirina o el ibuprofeno

Por otro lado, determinadas enfermedades o medicamentos pueden producir un desequilibrio en nuestro estómago entre la generación de ácido y la de los agentes protectores, moco y bicarbonato de sodio. Entre las afecciones que pueden provocar este desequilibrio, la más común es la infección por Helicobacter pylori (que es la responsable de la mayor parte de casos de úlcera péptica en España). Por su parte, los AINEs también son agresivos.

La solución

Para solucionar el problema de la acidez y el reflujo, lo más fácil y efectivo es reducir el pH dentro de nuestro estómago. Para hacerlo podemos echar mano de una de las reacciones químicas más famosas: ácido + base = sal + agua. Dicho de otro modo, si tomamos algo básico, reduciremos la acidez dentro de nuestro estómago. Como ejemplo, podemos poner el bicarbonato sódico que, si lo tomamos, en contacto con el ácido clorhídrico de nuestro estómago formará sal común (NaCl) y ácido carbónico (H2CO3), que en cuanto entre en contacto con una molécula de agua formará CO2 y agua. Cabe destacar que tras tomar bicarbonato para remediar la acidez, liberaremos grandes cantidades de gas (CO2 liberado en la reacción antes mencionada) en forma de eructos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Pero no siempre tendremos a mano bicarbonato u otro tipo de medicamento para aliviar nuestra acidez. Por suerte, hay ciertas comidas que pueden ayudarnos. Ellas fueron descritas en un estudio elaborado por la investigadora Vandana Panda y su equipo del K. M. Kundani College of Pharmacy, en la India. Según su trabajo, para el que ella y su equipo crearon un estómago artificial, los alimentos que mejor neutralizan la acidez son (de peor a mejor):

  • Limón (obvio)
  • Pepino
  • Rábano
  • Brócoli
  • Berza
  • Cuajada
  • Bicarbonato sódico
  • Leche fría

Curiosamente, la leche, debido a su alto contenido en calcio, representa un alivio algo mayor que el propio bicarbonato sódico. Como explica la investigadora, la única razón de que se probase leche fría es que "en la práctica proporciona un alivio instantáneo a la sensación de quemazón provocada por el reflujo ácido".

La solución estaba tan cerca... Y nosotros sin saberlo.