Por qué no logras adelgazar lo que te gustaría: los motivos
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¿Por qué no perdemos peso?

Por qué no logras adelgazar lo que te gustaría: los motivos

El estrés, la falta de sueño, los contaminantes ambientales y una enfermedad sin diagnosticar como el hipotiroidismo pueden hacer que no perdamos peso a pesar de hacer dieta y ejercicio físico

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Técnicas para adelgazar. (iStock)

Si nos informamos en internet, descubriremos que abundan las personas que siguen una dieta, pero que asisten impotentes al poco efecto que esta surte en ellas: “Motivos por los que no adelgazo", "apenas como y no adelgazo", "por qué no bajo de peso si hago ejercicio y dieta”... Este es solo un extracto de la inmensa frustración que nos genera no obtener un resultado de nuestro sacrificio. Sin embargo, la respuesta hay que buscarla en nosotros mismos y en los errores de libro que a veces cometemos. ¿Cuáles son estos? Pasemos revista a los desatinos dietéticos más habituales.

Comer menos no siempre adelgaza

Muchos de los que optan por hacer una dieta por su cuenta creen que reduciendo el tamaño de las raciones se adelgaza sí o sí. Sin embargo, tal y como explican en el blog de Sanitas, comer poco no es suficiente pues “el cuerpo se acostumbra y se ralentiza el metabolismo para consumir el mínimo de calorías. Luego, cualquier alteración de la dieta hace que las calorías se acumulen e incluso se llegue a ganar peso”. El nutricionista Jordi Costa, en una entrevista concedida a la web Doctissimo, corrobora esta tesis: “Nuestro organismo es inteligente y ante una restricción calórica, activa diferentes vías de ahorro energético. En el caso de las mujeres, por ejemplo, la función reproductora suele ser una de las primeras en verse afectada”.

Echarle la culpa al estrés

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Otra razón que puede sabotear toda tentativa de adelgazamiento es el estrés. No en vano, en estas situaciones nuestro cuerpo segrega una hormona llamada cortisol, que arruina nuestras opciones de perder peso. Lo cierto es que el estrés repercute en infinidad de parcelas de nuestra salud y, por muy insospechado que nos pueda parecer, la línea es una de las afectadas. Problemas digestivos, falta de apetito -o un exceso de este-, jaquecas… Todos conocemos prácticamente al dedillo los síntomas del estrés, pero pocos sabíamos que cuando el cortisol alcanza niveles altos, una de las primeras consecuencias es que podemos almacenar un exceso de grasa como instinto de supervivencia.

Sin descanso, no hay pérdida de peso

A pesar de esmerarnos con la dieta, ser disciplinados con el ejercicio físico regular y mantener el estrés a raya, resulta que no hay manera de que la báscula nos dé una alegría. ¿Dónde está el problema entonces? Quizás en un déficit de descanso.

En situaciones de estrés segregamos cortisol, que puede impedir que perdamos grasa corporal

Según un estudio de la Universidad de Bristol (Inglaterra) y el Colegio Médico Weill Cornell (Qatar), una carencia de sueño diaria de tan solo media hora puede repercutir en el peso e incluso predisponernos a la diabetes. ¿Por qué? Porque suben los niveles de glucosa e insulina en la sangre. Así que parece que proporcionar el debido descanso a nuestro cuerpo es prácticamente obligatorio si nos hemos propuesto adelgazar.

El error está en la báscula

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A veces confiamos en exceso en lo que nos cuenta la báscula y esta no siempre es de fiar. Nos explicamos. Es posible que las personas a dieta quemen grasa, pero que al mismo tiempo ganen músculo. Así, advertimos que las prendas nos quedan mejor o que el pantalón no se ajusta tanto, pero la báscula sigue empeñada en mostrarnos esos números tan desalentadores. Debemos tener presente que probablemente hayamos adelgazado y ese kilo de grasa se ha convertido en uno de músculo. Para estos casos, la cinta métrica resulta infalible, podemos tomar medidas de nuestro cuerpo y efectuar un seguimiento.

La glándula tiroidea

Dicha glándula desempeña una función crucial en nuestro metabolismo. Según explica el doctor Antonio Más, especialista en endocrinología y nutrición, el cometido de la hormona tiroidea es regular la forma en la que el cuerpo utiliza la energía. “Por tanto, si se altera su producción y se fabrica poca hormona (hipotiroidismo) o se fabrica en exceso (hipertiroidismo), el peso corporal puede verse afectado”, explica. La cantidad de hormona tiroidea en sangre determina el 'metabolismo basal', que Más define como “la cantidad de energía que el cuerpo gasta en reposo, es decir, sin hacer ninguna actividad”.

Sin embargo, los problemas surgen cuando “hay un exceso de hormona tiroidea, el metabolismo basal se acelera y se gastan más calorías de lo habitual en reposo. Y al contrario sucede si hay poca hormona tiroidea: el metabolismo basal se ralentiza y se gastan menos calorías en reposo”. En definitiva, en el primer caso adelgazaríamos, y en el segundo, ganaríamos peso.

Los obesógenos

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Otra posible causa podemos hallarla en los químicos ambientales como pesticidas, productos de limpieza para el hogar, maquillaje o metales pesados, cuya acción sobre nuestro cuerpo puede fomentar el aumento de peso. De hecho, existen investigaciones en animales que muestran cómo las ratas engordan a pesar de no variar su dieta y realizar el mismo ejercicio físico.

Ciertos medicamentos engordan

Conviene recordar que la ingesta de varias categorías o familias de fármacos llevan asociado un inevitable aumento de peso. Según detalla el doctor George Blackburn, profesor adjunto de cirugía y nutrición en la Facultad de Medicina de Harvard, esta consecuencia es bastante común en los antidepresivos como el Elavil, Luvox, Eskalith y Zyprexa, algunas medicinas para el corazón y la presión arterial, el control de la diabetes, los esteroides y las hormonas para la artritis, entre otras. En cualquier caso, los médicos recomiendan que nunca debemos abandonar un tratamiento, aunque este nos haga subir de peso.

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