La dieta mediterránea lucha contra el crohn, la colitis y el intestino irritable
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La dieta mediterránea lucha contra el crohn, la colitis y el intestino irritable

Nuestra alimentación ha probado una y otra vez ser de las más sanas del planeta, reduciendo, por ejemplo, la prevalencia de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, pero eso no es todo: también mejora la microbiota

Foto: Foto: iStock.
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Pocas son las cosas perfectas de este mundo. A (casi) todo se le puede sacar un lado negativo. Una de las escasísimas excepciones es la dieta mediterránea, la nuestra, que ha demostrado una y otra vez ser la más sana del mundo. Prueba de ello, aunque con total seguridad hay otros factores, es que según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2019, la esperanza de vida de los españoles está situada en los 84 años, lo que pone a nuestro país en segundo lugar detrás de Japón con 86. De hecho, los varones españoles son los hombres que más tiempo pueden esperar vivir en este planeta.

La dieta mediterránea se ha relacionado con un sinfín de mejoras en nuestra salud, desde una reducción del riesgo de accidente cardiovascular hasta tener menos probabilidades de padecer cáncer. Ahora, un grupo de investigadores del University Medical Center Groningen en los Países Bajos han relacionado nuestra alimentación con una protección de nuestro tracto intestinal, dado que estaría ayudando a las bacterias que poseen actividad antiinflamatoria a prosperar.

"Vincular dieta y microbiota nos da más datos de la relación entre lo que comemos y las enfermedades inflamatorias"

Todo se debe a una relación de simbiosis con las bacterias que tenemos en nuestro intestino, la conocida como microbiota. Por pequeñas que sean, hay tantísimas (algo más de 3 billones) que las reacciones químicas que llevan a cabo a pequeña escala se convierten en fundamentales para nuestra supervivencia. Un ejemplo de esto es que nos permiten eliminar la bilirrubina, el subproducto de la rotura de los glóbulos rojos viejos. Sin esas bacterias esta molécula entraría en un bucle, siendo expedida a nuestro intestino y reabsorbida por este.

Todo se debe a que los alimentos que componen la dieta mediterránea como los cereales cargados de fibra, las legumbres, los pescados, los frutos secos o el vino están asociados a unos mayores niveles de bacterias beneficiosas que, a cambio de estos alimentos prebióticos, generan ácidos grasos de cadena corta, que son una fuente de energía esencial para las células del epitelio intestinal.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores usaron cuatro grupos de control diferentes, uno que estaba formado por sujetos de estudio completamente sanos, otro compuesto por pacientes de la enfermedad de Crohn, otro de enfermos de colitis ulcerosa y el último formado por personas que padecían intestino irritable. Después, analizaron muestras de heces de todos y cada uno de ellos y llevaron a cabo una exhaustiva encuesta sobre la alimentación que seguían.

Foto: iStock.
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Los resultados identificaron 61 comidas que tenían una relación directa con la población microbiana y 49 correlaciones entre los patrones de alimentación y las distintas composiciones de la microbiota. Para su sorpresa, los investigadores llegaron a las siguientes conclusiones:

  • Los alimentos principales de la dieta mediterránea, el pan, las legumbres, el pescado y los frutos secos, se asociaron con un descenso del número de bacterias aeróbicas, potencialmente patógenas. Estas comidas, además, también se relacionan con menores niveles de marcadores de inflamación.
  • Un mayor consumo de carne, comida rápida y azúcares refinados se vinculó a una reducción sustancial de las funciones bacterianas y un aumento de los mencionados marcadores de inflamación.
  • El vino tinto, las verduras, las frutas y el pescado se relacionaron con una mayor salud y abundancia de las bacterias beneficiosas en general.
  • Las proteínas vegetales ayudan a la síntesis de vitaminas y aminoácidos esenciales al mismo tiempo que colaboran en la rotura de los alcoholes y la excreción de amonio.

La relevancia: enfermedades inflamatorias

Representan un gran gasto para todos los países de la Unión Europea. 3 millones de personas en el continente están afectadas por alguna de las variantes (ya sea intestino irritable, crohn o colitis ulcerosa) y se calcula que el coste para la sanidad pública de los países de la Unión para los cuidados de estos pacientes asciende a 5.600 millones de euros. Por supuesto, es necesario poner este dato en perspectiva, pues como dicen los propios investigadores, la obesidad es el mayor problema alimentario al que nos enfrentamos en el viejo continente pues tiene unos gastos sanitarios asociados de 81.000 millones de euros.

Lo explica la investigadora principal del estudio, Laura Bolte: "Hemos investigado las asociaciones existentes entre los patrones dietéticos de diversos individuos y la microbiota intestinal. Vincular la dieta y la flora intestinal nos da más datos de la relación entre lo que comemos y las enfermedades inflamatorias. Los resultados sugieren que es muy probable que la dieta se convierta en un importante tratamiento para estos problemas de salud, gracias a su capacidad de modificar la microbiota".

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