Es un misterio quién fue el primer ser humano al que se le ocurrió (aunque con toda certeza fue por accidente) dejar leche fresca a reposar durante días en una cueva a una temperatura determinada. Lo que se encontró a su vuelta fue un producto sólido, tierno, con un sabor completamente diferente al de lo que él había dejado allí en un principio, pero riquísimo: queso. Tampoco sabemos quién fue el primero que obtuvo queso azul y le pareció una buena idea comerse algo con ese aspecto y olor, y más difícil todavía: convencer a sus amigos de que era una delicatessen. Sea como sea, a lo largo de milenios este producto lácteo se ha hecho de lo más popular. Tanto es así que la leyenda cuenta que, tras la batalla de Covadonga, pastores de los Picos de Europa obsequiaron al rey Pelayo con un queso cabrales de un tamaño enorme. El monarca, encantado con el sabor de aquel manjar, hizo a los creadores miembros de su corte.

Pero no es oro todo lo que reluce. Como muy bien se encargará de recordarnos un seguidor de la dieta paleo, los productos elaborados por el hombre no son sanos. Esto, aunque exagerado, puede ser hasta cierto punto cierto, y los quesos no son una excepción, sobre todo algunos. Por ejemplo, contienen grandes cantidades de caseína, una proteína de la leche que se ha vinculado con la proliferación del cáncer prostático. He aquí una lista de los menos sanos que podemos encontrar.

Queso azul

Foto: iStock.
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Aunque difícil al principio, los que consiguen insistir hasta que les gusta pueden disfrutarlo hasta extremos insospechados, pues es toda una delicatessen láctea. Ahora bien, en el momento de llevarnos un trocito a la boca, no estará de más ser conscientes de que 100 gramos de este queso, según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos (BEDCA), contienen 351 kcal, una auténtica barbaridad. Si no nos preocupa nuestra ingesta calórica, no tendremos nada de lo que preocuparnos, pero en caso contrario, bien podría llamarse queso 'bomba' azul.

Parmesano

Foto: iStock.
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La auténtica delicia italiana. Es un queso hecho con leche de vaca (el original se hace con ganado de la raza reggiana). Generalmente se almacena entre 12 y 36 meses. La pega que tiene es que su contenido en sodio es extremadamente alto para un queso, nada menos que 839 miligramos por cada 100 g de producto. Esto lo convierte en un queso que tomar con moderación para las personas sanas, y uno que evitar completamente para aquellos pacientes de hipertensión a quienes su médico les haya limitado su ingesta de sal (que normalmente se reduce a un máximo de 1500 mg diarios en estos casos).

Quesos 'sin'

Antes de comprarlos tenemos que tener en cuenta que sea lo que sea lo que le quitamos al queso, se trata de algo que cumplía una función. Por ejemplo, la grasa. Salvo en determinados casos como los quesos frescos, donde es algo menor debido a su contenido de agua, todos contienen grandes cantidades de este macronutriente. Es parte fundamental de la estructura y el sabor del producto, y quitarla obliga a la industria a sustituirla por otros aditivos que confieran al queso sus típicos aromas, texturas y sabores... de queso. Cosas similares ocurren con la sal o la lactosa, que alteran el sabor del producto y obligan a los productores a añadir todo tipo de aditivos (legales, claro) para mantener algo de su 'autenticidad'. Así que lo mejor que podemos hacer a la hora de buscar algo 'sin' es mirar la lista de ingredientes, porque al final son 'sin' pero también 'con'.

Quesos crema

Son productos rápidos, cómodos, sabrosos y baratos que podemos adquirir en cualquier supermercado y nos solucionarán la cena en un santiamén. Podría parecer que es simplemente queso fresco batido convertido en pasta, pero no. Para conferirles una textura densa y única se les añaden cantidades enormes de grasas, principalmente saturadas (malas, de origen animal y que se relacionan con un aumento del colesterol) y colesterol propiamente dicho (nada más y nada menos que 94,1 mg por cada 100 g según la BEDCA, lo que supone más de un tercio de la cantidad diaria máxima recomendada). Esto los convierte en un producto hipercalórico, y más teniendo en cuenta que van a ir, casi siempre, acompañados de algún tipo de hidrato de carbono, dado que suelen untarse con ellos regañás o tostadas.

Quesos en spray

Foto: iStock.
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Aunque dificilísimos de encontrar en España (porque tenemos cierto sentido del gusto) son muy populares en Estados Unidos. ¿Dónde si no? Esta aberración culinaria (de la que la foto debería ser un claro ejemplo) es una unión de todas las cosas malas mencionadas con anterioridad: 100 gramos contienen 300 calorías, 1.310 mg de sal (el 75% de la cantidad diaria máxima recomendada) y 46 mg de colesterol. Pero lo peor de todo es que es 'queso', sin más. Jamás se nos ocurriría comprar un vino en el que solo pusiese 'vino'. Pues lo mismo.