Gases, pesadez, hinchazón abdominal, dolor estomacal o sensación de saciedad precoz son algunos de los molestos síntomas derivados de una mala digestión. Pueden arruinar el descanso nocturno, eternizar una jornada laboral o hacernos cambiar los planes de ocio al interponerse en nuestro bienestar personal. Y es que hay alimentos que dificultan al estómago la realización de una buena digestión, tornándola lenta y pesada.

La digestión comienza en la boca

La composición de los alimentos que se ingieren influye de manera determinante en la velocidad con que se realiza dicho proceso. Según el portal de la Clínica Mayo, los alimentos tardan entre seis y ocho horas en pasar por el estómago y el intestino delgado. Posteriormente van al colon, donde tienen una digestión posterior, y finalmente se eliminan. De modo que si estos alimentos tienen unas características fuera de lo normal, se produce una disfunción en alguno de los órganos que intervienen en el proceso digestivo, ya sea la boca, el esófago, el estómago, el colon, el páncreas, el hígado o los intestinos, que conllevan la ralentización y, por ende, el padecimiento de un malestar continuo.

La composición de los alimentos que se ingieren influye en la velocidad con que se realiza el proceso digestivo

Por lo tanto, las digestiones lentas o pesadas muchas veces están originadas por el tipo de productos que incluimos en nuestra dieta diaria. Bajo esta premisa, hacer una selección adecuada de los alimentos, junto con el mantenimiento de unos hábitos correctos, es una de las claves para regular el proceso digestivo y evitar posibles malestares. Veamos qué ingredientes favorecen y agilizan este sistema.

Zumo de naranja

El ácido cítrico del zumo de naranja produce la irritación de la pared del estómago.
El ácido cítrico del zumo de naranja produce la irritación de la pared del estómago.

El jugo de esta fruta es uno de los elmentos más habituales de la primera ingesta matutina. También es, junto con el del limón o el pomelo, el más socorrido a la hora de aligerar el estómago, pues el ácido cítrico que contienen ayuda a aliviar la pesadez estomacal. Sin embargo, este ácido también produce la irritación de la pared del estómago, lo que conlleva la aparición de acidez y reflujo. Además, la naranja es un poderoso colagogo, es decir, estimula el vaciamiento brusco de la vesícula biliar que puede provocar malestar estomacal, náuseas o pesadez. De modo que, para poner fin a los problemas de indigestión, lo recomendable es optar por otras frutas más suaves como la piña, la papaya o el kiwi.

Leche y derivados

La intolerancia a la lactosa es un trastorno cada vez más común entre la gente. De hecho, un estudio realizado conjuntamente por la Sociedad Española de Patología Digestiva y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia calcula que entre el 35% y el 50% de la población sufre este trastorno. Suele aparecer cuando los niveles de producción de lactasa - enzima que digiere la lactosa- son muy bajos, lo que conlleva que quienes la padecen tengan problemas para digerir correctamente la proteína de la leche. En consecuencia, se produce un malestar digestivo que suele ir acompañado de hinchazón abdominal, gases o náuseas. Dichos síntomas pueden empeorar si este lácteo se combina con otros alimentos ricos en almidón, como pizzas o hamburguesas, pues este polisacárido tiende a fermentarse en el tracto digestivo, originando cierta hinchazón y gases.

El huevo duro o en tortilla

La tortilla de patata resulta más difícil de digerir, pues precisa más trabajo biliar y enzimático.
La tortilla de patata resulta más difícil de digerir, pues precisa más trabajo biliar y enzimático.

No hay mayor placer culinario que comer un pincho de tortilla de patatas, sobre todo a media mañana, o saborear un buen huevo relleno con nuestros ingredientes predilectos. Sin embargo, para quienes tienen problemas digestivos ingerir estas viandas no es una buena idea. Sucede que en ambas elaboraciones la yema, donde se encuentran las proteínas, las grasas y los componentes menos digeribles, está cuajada. En este estado resulta bastante difícil de asimilar, pues precisa un trabajo biliar y enzimático adicional. Por lo tanto, para evitar problemas de estómago, lo aconsejable es optar por los huevos escalfados o pasados por agua.

Frituras y comida rápida

Los alimentos cocinados en aceite de mala calidad, recalentado, estropeado o muy usado contienen sustancias como la acroleína, un potente irritante de las mucosas del estómago. ¿La solución? Seguir un consumo eventual o, mucho más aconsejable, cocinar en casa con aceite de oliva de calidad. Por su parte, la comida rápida es una gran aliada de las digestiones complicadas. Esto se debe a que es generosa en grasas y aditivos, que son más difíciles de descomponer en el tracto digestivo.

Café

El café ocasiona acidez estomacal, indigestión, ardor de estómago o irritación intestinal.
El café ocasiona acidez estomacal, indigestión, ardor de estómago o irritación intestinal.

Tomar una taza de café es un sistema infalible para ahuyentar el sueño y un buen método para cargar las pilas en cualquier momento del día. Sin embargo, para los que tienen problemas digestivos este placer mañanero puede convertirse en un auténtico viacrucis. Y es que sus componentes, aunque estimulan el tracto intestinal y tienen efecto laxante, inducen al organismo a producir ácido clorhídrico, el cual provoca acidez, indigestión, ardor de estómago o irritación intestinal.

Conservas en aceite

Los productos enlatados resultan muy socorridos para quienes buscan comer un piscolabis rápido. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos alimentos están conservados en líquidos de cobertura generalmente grasos, que hacen menos digerible la comida y, por lo tanto, más propensa a ocasionar digestiones pesadas, hinchazón abdominal o gases.