Las castañeras (y castañeros) están a punto de desembarcar en las calles con esos tradicionales puestos donde nos podemos deleitar con cucuruchos de papel repletos de castañas. Es cierto que la clientela ya no se agolpa como antaño para disfrutarlas, puesto que en casa también podemos degustarlas sin que pierdan un ápice de su encanto de aperitivo callejero

En Galicia, por supuesto, saben de sobra de qué hablamos pues todos los años rinden pleitesía a la castaña con la celebración del 'magosto', una fiesta que homenajea al campo, a las cosechas, al fuego, a los buenos vinos y, sobre todo, a los amigos con quienes se comparte este rico bocado otoñal.

Si somos tan afortunados de contar con un bosque de castaños, especialmente abundantes en El Bierzo y Galicia, donde proveernos de manera natural (sin necesidad de intermediarios) de este rico fruto seco mientras disfrutamos de un paseo otoñal, ¡mucho mejor! Y si los niños se unen a la expedición, la experiencia ya se vuelve redonda. En caso de que os decantéis por semejante opción, no debe faltarnos un buen palo para pinchar y recoger las castañas, un cesto para guardarlas y, si es posible, guantes para protegernos de los pequeños pinchos que envuelven las castañas recién caídas del árbol. También es una herramienta muy útil un rastrillo que nos ayude despejar la zona de la hojarasca de castaño que oculta este tremendo tesoro.

El castaño siempre estuvo aquí

Un árbol, por cierto que es autóctono, aunque durante mucho tiempo se dio por sentado que fueron los romanos quienes lo importaron a la península. Así lo refleja una investigación liderada por la Universidad de Oviedo que confirma el carácter endémico del castaño de Asturias. El dato es importante puesto que este hallazgo puede tener importantes repercusiones en la planificación y gestión forestal de la especie en regiones del norte como Galicia, León, País Vasco, Asturias o Cantabria. En España estamos perdiendo superficie forestal dedicada al castaño, pues se están privilegiando especies de más rápido crecimiento y rentabilidad como pueden ser los pinos o eucaliptos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Además de por su rico sabor, este fruto seco anda sobrado de razones para que nos animemos a su consumo. Por un lado, la gran abundancia de vitaminas del grupo B, además de minerales como el potasio, el hierro, el magnesio o el fósforo.

También merecen mención la vitamina C y el ácido fólico, aunque no podemos pasar por alto que, cuando se cocinan, parte de estos nutrientes se pierde. De hecho, la vitamina C suele desaparecer en su totalidad, mientras que el ácido fólico prácticamente queda reducido a la mitad. Eso sí, nos podemos permitir, sin que la báscula se resienta por ello, un buen banquete de castañas ya que solo aportan 165 calorías por cada cien gramos. Así que hartarse a ellas no es pecado capital para quienes tienen su línea en muy alta estima.

Las castañas, además, resultan muy recomendables para los pacientes aquejados de reumatismo por exceso de ácido úrico. También para los que consumen carne en abundancia, ya que la gran cantidad de sustancias alcalinizantes presentes en las castañas ayudan a neutralizar los ácidos en la sangre, que pueden ser evacuados fácilmente a través de la orina.

La castaña posee una gran abundancia de vitaminas del grupo B, además de minerales como el potasio

Es evidente que la época dorada de la castaña ya pasó, pues antes se consideraba un producto de subsistencia hasta que se popularizaron las patatas. Sin embargo, podemos hablar de ciertas regiones de España donde su consumo es bastante elevado. Así, los mayores devotos de la castaña son los cántabros (con 1,3 kg por habitante y año), los canarios (con 0,8 kg) y los que menos pasión sienten por las castañas son los extremeños (0,2 kg) y los aragoneses (0,3 kg). Lo cierto es que las castañas protagonizan diversas ferias gastronómicas de muchas zonas del norte de España como Galicia, donde se celebra el 'magosto' ya mencionado, en Cantabria, pero también en el sur, en los pueblos de la Serranía de Estepona (Málaga).

¿Y cómo disfrutamos de las castañas?

Pues formas de degustarlas no nos van a faltar. Incluso una leche con avellanas se ha empezado a comercializar. Su receta es muy sencilla: se hierven las castañas, previamente peladas, posteriormente se cuecen en leche con azúcar y se sirven a la temperatura que más nos agrade. Nada más. En definitiva, un plato de toda la vida que en Galicia es prácticamente una filosofía de vida.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Y aunque las castañas asadas están buenísimas y nadie discute su tremendo sabor, hay otras maneras de cocinarlas que también merecen toda nuestra atención: ¿las has probado cocidas? Aquí va la receta:

Ingredientes:

  • 1 kilo de castañas
  • Sal
  • Anises
  • Agua
Preparación:
Pela las castañas, quítales su cáscara, pero conserva la piel del interior. Ponlas a cocer en agua fría. Asegúrate de que queden cubiertas y agrega una pizca de sal y semillas de anís. Déjalas cociendo a fuego medio hasta que estén tiernas. ¡A disfrutar de este rico ágape otoñal!