Nuestro querido oro líquido tiene una historia más que amplia. Según explica Refi Frankel en su libro 'Historia y tecnología del aceite de oliva en la Tierra Sagrada', las primeras plantaciones de olivos con el fin de su explotación aceitera datan del 5000 a.C. En España lo hemos consumido durante toda nuestra vida y, mientras en otros países del mundo lo utilizan con determinados propósitos, aquí lo usamos para todo, desde aliñar una ensalada hasta para hacer 'pescaíto frito'.

Además, desde hace ya muchos años, diversos investigadores de todo el mundo han puesto de manifiesto sus beneficios para la salud, que son los que vamos a recopilar en este artículo. Pero vamos por partes.

¿Qué es?

Se trata, nada más y nada menos, que del jugo que contienen las aceitunas, y que se extrae gracias a una prensa que las 'estruja'. El primero que sale, si es de calidad, se denomina aceite de oliva virgen extra (AOVE), el mejor de todos. Después se encuentra el aceite de oliva virgen, que es el que también se obtiene por medios mecánicos pero cuyas cualidades organolépticas no son tan buenas como las de los primeros. Después se encuentra el aceite de oliva refinado. Este se trata tanto física como químicamente para eliminar todo su sabor (que no es nada bueno). La parte mala es que por el camino también se eliminan o modifican gran parte de las sustancias beneficiosas que forman este aceite. El resultado es un óleo incoloro e insípido, que ha de ser mezclado con aceite de oliva virgen para poder ser comercializado. Por último, nos encontramos con el aceite de oliva de orujo. Este se extrae de los restos de aceituna una vez ha sido extraída de ella (por medios mecánicos) hasta la última gota de aceite. Se utiliza un disolvente químico para que 'atrape' lo poco que queda y luego se descomponga, liberando el aceite que no podía obtenerse de ningún otro modo. Después, pasa por el mismo proceso de refinado para eliminar su sabor y conferirle uno nuevo y mejor.

Sus nutrientes

Al igual que todos los alimentos, el aceite de oliva está compuesto tanto por macronutrientes como por micronutrientes. Según la Base Española de Datos de Composición de Alimentos, 100 g de AOVE contienen:

  • 888 kcal de energía
  • 100 g de lípidos, de los cuales 78 g son monoinsaturados (en concreto ácido oleico), 7,5 g son poliinsaturados y 14,21 gramos corresponden a ácidos grasos saturados.
  • 34 microgramos de vitamina A
  • 18,34 miligramos de vitamina E (el 13% de la cantidad diaria recomendada)

Estos datos demuestran que el aceite de oliva es, entre otras muchas cosas, una bomba calórica. Pero compensa, dado que su mayor contribución no está en la anterior lista, sino que se trata de los antioxidantes. El aceite de oliva virgen extra es extraordinariamente rico en este tipo de micronutriente. Se trata de compuestos que son capaces de neutralizar a las 'especies reactivas del oxígeno', también conocidas como 'radicales libres'. Estas son moléculas capaces de cambiar nuestras cadenas de ADN y provocar daños celulares, lo que a largo plazo supone un serio problema de salud y un añadido al envejecimiento natural.

Foto: iStock.
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Los antioxidantes que se encuentran en mayor cantidad en el aceite de oliva son el oleocantal (que actúa también como antiinflamatorio) y la oleuropeína, una sustancia que, según un estudio del Instituto Superiore di Sanità, en Roma, evita la oxidación del colesterol LDL (el malo), lo que disminuye sus efectos negativos.

De las pocas críticas que existen sobre el aceite de oliva, la más común es que tiene una proporción muy alta de omega 6 frente a omega 3 (10 a 1). De todos modos, es imperativo tener en cuenta que la cantidad total de grasas poliinsaturadas es baja en general.

Beneficios

Múltiples son los que se le atribuyen al aceite de oliva. El más notable de ellos es su capacidad para reducir la inflamación sistémica. Se cree que esta es la responsable, o uno de los principales factores de riesgo, de diversas enfermedades como el síndrome metabólico, la diabetes o la artritis.

En un estudio de la Kanazawa Medical University, en Japón, se descubrió que el ácido oleico, presente en grandes cantidades en el aceite de oliva, tiene la capacidad de reducir determinados marcadores biológicos de la inflamación, como la proteína C reactiva.

Pero, como decíamos antes, el mayor efecto antiinflamatorio de nuestro oro líquido es responsabilidad del oleocantal, que, en diversos estudios, ha demostrado ser igual de efectivo como antiinflamatorio que el mismísimo ibuprofeno.

Los investigadores creen que la cantidad de oleocantal en 3 cucharadas y media de aceite de oliva es igual de efectivo que el 10% de la dosis de ibuprofeno usada por un adulto. Así lo afirman los investigadores L. Lucas, A. Rusell y R. Keast, de la Deakin University, en Australia.

Foto: iStock.
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Otro de los grandes beneficios del aceite de oliva es su capacidad para reducir la prevalencia de diversas enfermedades cardiovasculares. Estas son las responsables de la inmensa mayor parte de las muertes en el mundo. La parte buena es que diversos estudios, como el publicado por la Asociación Helénica de Gerontología y Geriatría de Grecia, afirman que este tipo de muerte es mucho menos común en los países del Mediterráneo, en los que más se consume aceite de oliva.

Los mecanismos por los que tiene lugar su acción cardioprotectora son variados:

  • Reduce la inflamación, un factor de riesgo para este tipo de enfermedades.
  • Mejora la salud de los vasos sanguíneos mejorando el funcionamiento del endotelio que recubre su capa interior.
  • Algunos estudios sugieren que el aceite de oliva puede ayudar a prevenir los trombos, un componente fundamental de los infartos.
  • Otro estudio de la Universidad Federico II de Nápoles sostiene que el consumo de AOVE reduce significativamente la presión sanguínea y, por tanto, la necesidad de medicación para prevenirla hasta en un 48%.

Por si esto fuera poco, se ha especulado, eso sí, siempre en términos estadísticos, con que el AOVE podría ser el responsable de que las tasas de cáncer sean menores en el Mediterráneo. Una de las explicaciones para este fenómeno podría ser que una de las causas para el desarrollo de esta enfermedad es la mutación genética de las células. Uno de los factores capaces de generarla son el efecto de los radicales libres sobre el código genético de células sanas. Los antioxidantes combatirían este efecto.

Al margen de esto, varios estudios han probado que, en pruebas in vitro, el aceite de oliva virgen o, mejor dicho, sus compuestos combatían células cancerosas de diversos tumores malignos. De todos modos, su aplicación médica es todavía muy lejana, eso en el caso de que fuera posible.

En definitivas cuentas, podemos decir sin temor a equivocarnos que el aceite de oliva es un alimento extraordinariamente saludable y que en ningún caso está de más incluirlo en nuestra dieta. Además, es insustituible. No es como el pescado azul, que 'todos' aportan en mayor o menor medida los mismos beneficios, sino que el AOVE es único, ninguna otra comida nos ofrece tanto como él. Dicho de otro modo: es el superalimento definitivo.