En la pasada campaña citrícola 2018-19, España produjo 7.292.692 toneladas de cítricos, un volumen muy superior a las cinco temporadas anteriores. De esta cantidad, 3.894.543 toneladas se recogieron en la Comunidad Valenciana; es decir, el 53,4% del volumen total producido en el territorio nacional. Una circunstancia que ha favorecido que el Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA-CSIC), situado en el Parc Científic de la Universitat de València, haya aprovechado la presencia y disponibilidad de este alimento para estudiar las propiedades nutricionales que su ingesta tiene para nuestra salud.

Después de casi una década de estudios, los investigadores Lorenzo Zacarías y María Jesús Rodrigo, del IATA-CSIC, han puesto el foco de sus investigaciones en la betacriptoxantina, un carotenoide que actúa de pigmento natural en frutas como el caqui, el níspero y pimiento rojo, también en frutos tropicales como la papaya y, por supuesto, en la fruta por excelencia de nuestra área mediterránea, la naranja y, sobre todo, la mandarina. “Entre los compuestos que hemos estudiado se encuentran los carotenoides, que son un gran núcleo de moléculas, de pigmentos que dan el color a los frutos. Existen dos grandes grupos de pigmentos: los carotenoides, que dan los tonos amarillos, naranjas, rojos, como la calabaza, el tomate, los cítricos, melocotón, níspero, pomelo; y otro gran grupo que da los tonos violetas o rojizos relacionados con todos los frutos del bosque: la manzana, la uva. Estos pigmentos no solo dan color a estos alimentos, sino que aportan propiedades beneficiosas para la nutrición y para la salud. Entre ellas, el ser provitamina A y poseer propiedades antioxidantes”, explica el investigador Lorenzo Zacarías.

"Hemos podido confirmar que la betacriptoxantina y sus carotenoides son un gran antioxidante"

Para llevar a cabo sus investigaciones han trabajado conjuntamente con la empresa Biopolis, ubicada también en el Parc Científic. Lorenzo Zacarías señala que, para poder validar la funcionalidad de esta fruta, la compañía les ha suministrado el nematodo Caernorhabditis elegans, “un modelo animal que comparte con los humanos un alto porcentaje de genes, a través del cual hemos podido confirmar que la betacriptoxantina y sus carotenoides son; primero, un gran antioxidante, previene todos los efectos antioxidantes que producen en el gusano, y segundo, el gusano acumula menos grasa corporal”.

El valor de este estudio, publicado en la revista 'Nutrients', radica en primer lugar en que, dentro de la escasa cantidad de frutas que contiene este carotenoide, “la mayoría se cultivan en el área mediterránea, y entre ellas, el alimento estrella es la mandarina. De hecho, el color tan llamativo de su pulpa es debido a la betacriptoxantina”, destaca Lorenzo Zacarías. Además, continúa este investigador, “estudios realizados en la población europea demuestran que existe un claro aumento de este carotenoide en el plasma sanguíneo coincidiendo con las estaciones de otoño e invierno, precisamente la temporada de consumo de mandarinas”.

Foto: iStock.
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El estudio profundiza en los efectos que tiene el compuesto a nivel celular, con el fin de conocer cómo puede actuar frente a enfermedades relacionadas con el síndrome metabólico, pero también en el envejecimiento. Lorenzo Zacarías manifiesta que “este modelo permite tener una demostración rápida y reproducible y poder estudiar su modo de acción en sistemas modelo. El paso siguiente consiste en aplicarlo en sistemas más complejos y finalmente realizar ensayos preclínicos y clínicos. Pero los primeros cribados, realizados en gusanos, demuestran el efecto beneficioso de la betacriptoxantina. Un beneficio que ya algunos estudios le han atribuido hasta ahora en la prevención de algunas enfermedades degenerativas, la osteoporosis o incluso algunas formas de cáncer, pero no en la reducción de la grasa corporal”.

Lorenzo Zacarías, especialista en estudiar la calidad nutricional, organoléptica y comercial de los frutos cítricos, advierte que el valor nutricional de estos compuestos no debe entenderse como “sustitutivos de los fármacos”. Los efectos beneficiosos de los componentes de las frutas, que en este caso ayudan a controlar la grasa corporal, “no son curativos ni terapéuticos”, sino que deben entenderse en un sentido de “prevención y de reducción del riesgo”.

Foto: iStock.
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En un país como España, que se sitúa en los puestos de cabeza en porcentaje de obesidad y sobrepeso dentro de la Unión Europa, ¿podría considerarse este estudio una solución para prevenir y reducir el riesgo de esta pandemia? El investigador comenta que esta investigación “no es una solución a este problema”. Pero no solo en relación con la betacriptoxantina sino para todos los componentes de los alimentos, ya que, según apunta, “nunca deben entenderse como curativos, solo para prevenir, para mantener un buen estado de salud, una buena funcionalidad. Los alimentos ni sus componentes son antibióticos, ni fármacos, aunque, sí desempeñan funciones biológicas muy importantes y de ahí su efecto en la salud”. Por eso, este investigador apuesta por la incorporación de “dietas equilibradas con altos contenidos o contenidos adecuados cubiertos con betacriptoxantina que puedan ayudar a tener menos enfermedades, un estado más saludable, y también a la quema de grasas al metabolismo lipídico. Evidentemente si una persona se come un Bollycao y luego se toma medio zumo de naranja, no le va a ayudar a quemar grasas”. Por eso insiste en que “lo importante es comer de manera equilibrada”.