Las modas mueven el mundo, al menos el alimentario. Cada día aparece un nuevo 'superalimento' que promete poner fin a todas nuestras deficiencias nutricionales. Puede ser una fruta de la que nadie ha oído hablar, como el mangostán; un alga extraordinariamente rica en nutrientes, como la espirulina; o un producto de toda la vida como la berza, tan elocuentemente llamada 'kale' ahora. Sin embargo, ciertos alimentos que sí gozan de una buena reputación en realidad no son tan buenos como los pintan. Estos son los más notables:

Huevos

Foto: iStock.
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Los pobres han pasado de 'buenos' a malos y viceversa más veces de las que es posible contar. Ahora, un grupo de científicos de la Northwestern University en Estados Unidos, financiados por la American Heart Association, han reevaluado lo 'sanos' que son los huevos y nos tememos que son malas noticias: "Comer de 3 a 4 huevos a la semana se ha asociado con un riesgo un 6% mayor de sufrir una enfermedad cardiovascular y con un 8% más de probabilidades de morir por cualquier otra causa". Y van más allá: "Comer 300 mg de colesterol al día ha sido asociado con un riesgo un 17% mayor de sufrir un accidente cardiovascular". Esto es muy grave, dado que un solo huevo grande, según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos, contiene 281 mg de colesterol.

Calamar

Foto: iStock.
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Este marisco tiene muchas cualidades. Podríamos hablar sobre su alto contenido en fósforo o potasio. Pero no podemos pasar por alto que es uno de los alimentos que mayor cantidad de colesterol tiene (al igual que el huevo). 100 gramos de calamar contienen 187,5 mg de esta temida molécula. Esto, sumado a que sus preparaciones tradicionales solo lo hacen más insano (y también mucho más rico, eso no lo podemos negar), convierte al calamar en un producto que solo deberíamos consumir de vez en cuando.

Aceite de oliva refinado

Foto: iStock.
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El 'oro líquido' es nuestro gran orgullo nacional. En el mar de olivos jienense se forja la salud de todo un país (aunque no exclusivamente en Jaén, claro está, no se vayan a enfadar en otras áreas como Córdoba, Extremadura o Castilla-La Mancha). El problema es que querer aprovechar de más el producto del olivo lo único que consigue es estropearlo. El aceite que se consigue en el primer prensado y que, además, tiene unas características organolépticas buenísimas es el que conocemos como aceite de oliva virgen extra. El que también se consigue simplemente prensando la aceituna pero no es tan rico es aceite de oliva virgen. Después llega el aceite de oliva, que es el que ha salido tan malo que su sabor no cumple ni siquiera unos requisitos mínimos.

Por eso se refina (se somete a una serie de procedimientos físicos y químicos extremos) que tienen la parte mala de eliminar la inmensa mayoría de las sustancias beneficiosas de este producto. El resultado es un líquido oleoso transparente, insípido e incoloro, que para poder venderlo se mezcla con aceite de oliva virgen que le da algo de sabor. Creemos que estamos comiendo un producto extraordinariamente saludable, pero lo único que hacemos en realidad es consumir un líquido extraordinariamente procesado que no tiene, ni de lejos, los ácidos grasos omega 3 y 6, o lo flavonoides antioxidantes y antiinflamatorios del aceite de oliva virgen extra.

Zumos de 'frutas'

Foto: iStock.
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Preparárnoslo en nuestra casa nos proporcionará una gran cantidad de micronutrientes esenciales para nuestra salud. Dependiendo de la materia prima podemos obtener la mayor parte de las vitaminas que necesitamos cada día tan solo con un vaso y medio. El problema es que si no tenemos el tiempo o el dinero para hacerlo nosotros mismos, nos encontraremos en el lineal del supermercado buscando cómo sustituirlo con uno prefabricado. Algunos, los mejores, contienen lo mejor del zumo natural hecho por nosotros mismos (eso sí, a un precio elevado); otros compartirán poco más que el sabor -eso sí, cargados de azúcar-. Mirar las etiquetas en el supermercado será siempre lo más inteligente.

Ágave

Foto: iStock.
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Es natural. Ahí acaban sus supuestos beneficios. Lo peor es que se promociona como una alternativa saludable para aquellas personas que intentan huir a toda costa del azúcar. El problema es que su componente principal es la fructosa (de la que tiene una auténtica barbaridad) que no deja de ser fructosa -que al igual que la sacarosa, es un azúcar-. 100 gramos de sirope de ágave representan 300 calorías extra en nuestra dieta, poco menos que la misma cantidad de azúcar blanco, pero esta vez, pobres de nosotros, nos creemos que es bueno para nuestra salud y nuestra línea.