Tenemos idealizada esta bebida. ¿Queremos hacer un tratamiendo 'detox' después de un finde plagado de jarana? Té. ¿Intentamos perder peso? Té. ¿Queremos calentarnos en un día frío? Té, por supuesto. ¿Lunes a primera hora, dormidos como nosotros solos y deseando despertarnos? Si odiamos el café, la respuesta es, cómo no, té. Los medios nos hemos encargado de poner esta bebida sobre un pedestal. No es de extrañar dado que está repleta de antioxidantes naturales y no supone un riesgo de salud, al menos no si se toma en cantidades moderadas.

Pero sabemos que hay gente para todo y no nos costará pensar en un par de conocidos que consuman té como auténticos adictos. Por supuesto, como hemos dicho, lo hacen con buenas intenciones dado que es 'saludable', pero el consumo excesivo de té tiene diversos y peligrosos efectos secundarios que pueden poner en riesgo nuestra salud. Son los siguientes:

Menor absorción del hierro

¿Nos hemos dado cuenta alguna vez de que beber té 'seca' en cierto modo la lengua y la boca en general? Es una sensación relativamente similar a la de beber vino tinto (aunque con un sabor completamente diferente). Esto se debe a la presencia de taninos, unos metabolitos presentes en ciertas plantas que tienen la capacidad de unirse a multitud de moléculas orgánicas, 'bloqueando' la interacción que estas puedan tener con otras diferentes. Los taninos son principalmente conocidos porque son los químicos usados para curtir las pieles como el cuero. De hecho, 'curtir' en inglés se dice 'tanning', que es un derivado directo de tanino.

Como explican una serie de investigadores de la Kansas State University en un estudio, "la deficiencia de hierro sigue siendo un problema de salud global, y determinados antinutrientes, como los taninos, se suelen considerar como 'colaboradores' de este problema". Según comentan los investigadores, estas moléculas pueden unirse a las moléculas de hierro presentes en determinadas comidas, haciendo que este se vuelva inutilizable e inabsorbible por parte de nuestro tracto digestivo.

Además, los investigadores especifican que la cantidad de taninos en el té dependen del tipo de hoja y de cómo se haya preparado. Teniendo todo esto en cuenta, recomiendan la ingesta de 3 o menos tazas de té (lo que sumarían unos 710 ml) al día. Eso, por supuesto, es una recomendación para la población general, pero aquellos que ya sufran una carencia de este metal vital deberán limitar todavía más (o incluso suprimir) su consumo de té.

Ansiedad, estrés y falta de descanso

No es ningún secreto que el té contiene cafeína. Aunque escuchemos a menudo que no, que esta bebida lo que contiene es teína, en realidad es exactamente la misma molécula. Como explica un estudio del Instituto de Ciencias Dentales de la India, el negro es la variedad que más cafeína contiene, seguido por el blanco, el rojo y el verde.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Cierto es que, de todos modos, la concentración de esta molécula en la hoja de la Camellia sinensis (el nombre científico de esta planta) es relativamente baja. De hecho, según el estudio mencionado en el párrafo anterior, una taza, de media, contiene entre 11 y 61 mg de cafeína. Los investigadores de la Universidad de Buffalo consideran que dosis diarias de este estimulante por debajo de los 200 mg no tienen efectos realmente perceptibles, o al menos negativos. De todos modos sí son conscientes de que hay ciertas personas con hipersensibilidad a la cafeína. En estos casos, los efectos más desagradables de esta molécula pueden presentarse: ansiedad, imposibilidad de conciliar el sueño, imposibilidad de permanecer dormidos o de pasar la noche 'del tirón', estrés y cansancio.

Reflujo ácido

Es un efecto secundario de la cafeína. Es capaz de provocar reflujo ácido. A día de hoy no están claras las causas pero se cree, o al menos así lo hacen investigadores de la Universidad de Mihidol en Tailandia, que la cafeína tiene la curiosa capacidad de relajar el esfínter (válvula) que separa y cierra el paso del esófago al estómago, lo que permitiría que el contenido estomacal (y el ácido clorhídrico encargado de procesarlo) pasara al conducto superior.

Esto no solo provoca una reacción más que incómoda, sino que también supone un riesgo de salud a largo plazo, porque los ácidos son capaces de provocar lesiones en el esófago, dado que este conducto no está preparado para el contacto con ácido.

Dolor de cabeza y mareos

Otros de los efectos secundarios de la cafeína. Curiosamente, no es exactamente el efecto de esta molécula, sino la forma en la que la consumimos. Es el consumo continuado el que puede provocar estos síntomas, pero, según explica en un estudio R. E. Shapiro, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vermont, el consumo intermitente puede tener exactamente el efecto opuesto, aliviando estos síntomas.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Otro estudio elaborado por W. J. Schonewille, de la Universidad de Utrecht, sugiere que el consumo de tan solo 100 mg de cafeína (lo que supondrían menos de 2 tazas de té negro) podría contribuir a un dolor de cabeza diario recurrente, pero esta cifra puede variar sobremanera teniendo en cuenta la tolerancia a la molécula por parte de cada individuo.

Por otro lado, un estudio del investigador C. Willson explica que las grandes cantidades de cafeína (entre 400 y 500 mg, el equivalente a 1,4 – 1,8 l de té) pueden provocar mareos. Por supuesto el investigador aclara que, de nuevo, "esta cifra puede variar dependiendo de la tolerancia a la cafeína de cada individuo".

Sea como sea, el té sigue siendo buenísimo para nuestra salud, pero su consumo implica 'conocernos' y ser capaces de relacionar síntomas desagradables que, a primera vista, jamás se nos ocurriría que fueran culpa de esta bebida tan popular.