Los piñones, un fruto selecto y muy saludable
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SALUDABLES Y DELICIOSOS

Los piñones, un fruto selecto y muy saludable

De sabor dulce parecido a la nuez, son las semillas del pino que habitan en las escamas de la piña. Son ricos en proteínas, grasas saludables y fibra, siendo claves en una dieta sana

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A pesar de que durante muchos años han sido mirados con recelo por su alto contenido en grasas y, por ende, calórico, la presencia de los frutos secos es indispensable dentro de una dieta sana y equilibrada, pues acopian un patrimonio nutricional de lo más valioso. Tanto es así que los nutricionistas y organizaciones como la Fundación Española del Corazón reiteran que son "una buena alternativa a las proteínas animales" y además recomiendan consumir de "3 a 7 raciones a la semana, teniendo en cuenta que una ración la forman entre 20 y 30 gramos de frutos secos".

La familia de los frutos secos es muy sui generis, en tanto que incluye numerosos miembros que aportan distintos beneficios y características organolépticas para todos los gustos. Entre ellos, los piñones se perfilan como los más selectos y distinguidos. En contra de lo que se tiende a pensar, no son un fruto seco, sino la semilla del pino piñonero -Pinus pinea-, que crece entre las escamas de la piña, cuya producción se localiza principalmente en Huelva, Ávila, Valladolid, Segovia y Salamanca, tal y como apunta la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Un fruto del que ya disfrutaban las culturas antiguas como los romanos, especialmente los soldados, quienes los consumían para conseguir la energía que necesitaban para afrontar las largas campañas militares para la anexión de nuevos territorios al imperio.

Su aspecto ejerce de elemento diferenciador con respecto a sus parientes, pues luce una silueta espigada y alargada de color blanco. Además, regala una textura carnosa y un sabor que recuerda a la nuez, aunque mucho más sutil y dulce, que lo lleva a protagonizar un sinfín de recetas dentro de nuestra gastronomía.

Lo que aportan

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Asimismo, los piñones nos agasajan con un perfil nutricional de lo más copioso y, por lo tanto, saludable. Según la Base de Datos Española de Composición de los Alimentos (BEDCA), el 89% de su composición son grasas 'buenas', es decir, monoinsaturadas y poliinsaturadas, especialmente omega 3 y omega 6. Ambos son grandes aliados para mantener a raya el colesterol. Aunque tienen más funciones, pues, según el National Institutes of Health, "proporcionan calorías para dar al organismo energía y tienen muchas funciones en el corazón, los vasos sanguíneos, los pulmones, el sistema inmunitario y el sistema endocrino (la red de glándulas productoras de hormonas)".

En el ámbito de las vitaminas, la B9, también conocida como folato, ocupa la mayor proporción, siendo necesaria para la formación del ADN y otros tipos de material genético, así como para la división celular del organismo o la formación de los glóbulos rojos, cuyos niveles adecuados previenen la aparición de enfermedades como la anemia y otras de índole cardiaco. No obstante, también atesora buenas cantidades de vitamina E, que sobresale por su acción antioxidante, la cual previene el envejecimiento prematuro y distintas enfermedades; y B3 o niacina, necesaria para la conversión de los alimentos en energía o la salud del aparato digestivo, la piel y el sistema nervioso.

Según el portal Mayo Clinic, muchos recurren a los suplementos de dicha vitamina para "aumentar el colesterol de lipoproteínas de alta densidad -HDL-; es decir, el colesterol 'bueno', que ayuda a eliminar las lipoproteínas de baja densidad -LDL-, el colesterol 'malo', del torrente sanguíneo. A pesar de la capacidad de la niacina para aumentar el HDL, las investigaciones sugieren que el tratamiento con niacina no está relacionado con tasas más bajas de mortalidad, ataques cardiacos o accidentes cerebrovasculares".

La Fundación Española del Corazón recomienda consumir de 3 a 7 raciones de frutos secos a la semana

Los minerales también abundan en su composición, siendo especialmente destacados el potasio, necesario para la contracción de los músculos o la regulación del equilibrio hídrico del organismo; el fósforo, fundamental para la salud de los huesos y los dientes; el magnesio, el cual fortalece el sistema inmunitario, regula los niveles de glucosa en sangre o el funcionamiento de los nervios y los músculos; y zinc, primordial para la fabricación de las proteínas, para el buen estado del sistema inmune o la cicatrización de las heridas.

Asimismo, contienen interesantes cantidades de proteínas, que, tal y como hemos apuntado en otras ocasiones, son necesarias para la formación de los tejidos, las hormonas y algunos neurotransmisores, siendo más saludables y digestivas que las de origen animal. Sin olvidarnos de su nada desdeñable contenido de fibra, una sustancia saciante, por lo que nos ayuda a controlar el peso, y con efectos positivos sobre la salud digestiva o la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Versátiles en la cocina

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El sabor dulce y delicado que los caracteriza les hace partícipes de un amplio elenco de recetas, especialmente en el ámbito de la repostería, donde se dejan ver en bizcochos, helados o cocas, siendo indispensables de los panellets, típicos de Cataluña, o la baclava, un pastel turco.

No obstante, también funcionan muy bien como 'topping' de guisos de carnes, especialmente aves, pescados, tortillas, ensaladas y verduras. Por ejemplo, en Francia son uno de los ingredientes esenciales de la ensalada landaise, que además incluye productos derivados del pato; mientras que en Cataluña suelen incluirlas en los salteados de espinacas. También van muy bien para elaborar salsas como el pesto italiano, muy común en la pasta. Incluso constituyen una excelente opción para hacer pan, harina o aceite, que sobresale por su elevado poder saciante, siendo una gran aliada para quienes quieren restar centímetros a su cintura.

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