La peligrosa bacteria que crece con las dietas paleo y keto
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Debemos andarnos con cuidado

La peligrosa bacteria que crece con las dietas paleo y keto

De nuevo, el concepto de alimentación equilibrada demuestra ser el más seguro. La exclusión en nuestra alimentación de determinados tipos de macronutrientes puede jugar en nuestra contra

Foto: Foto: Unsplash/@louishansel.
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La lucha contra la báscula es una constante de la sociedad actual: por una parte, vivimos en un ambiente obesogénico (casi todo favorece la obesidad, desde la alimentación hasta los desplazamientos y los adelantos técnicos que inundan nuestras casas), y por otra, sufrimos la presión constante de que tenemos que perder peso, ya sea por motivos estéticos o de salud. El resultado es que muchos buscan atajos que pueden resultar eficaces a corto plazo pero con consecuencias importantes a más largo tiempo.

El organismo está diseñado para mantener el equilibrio y cuando se desajusta por un lado, tiende a ‘corregir’ el desequilibrio por otro, y el resultado no siempre es el mejor. Un equipo de investigadores de la Universidad de Nevada ofrece un nuevo ejemplo de este tipo de desequilibrios; concretamente, ha encontrado que las dietas keto, paleo y Atkins, que son abundantes en grasas y muy bajas en carbohidratos, favorecen el crecimiento de la bacteria Clostridium difficile, que causa diarreas graves, incluso fulminantes (mortales).

"Numerosos estudios indican que una menor diversidad microbiana siempre es algo malo"

Como recoge un informe de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, el C. difficile forma parte de la microbiota intestinal de, aproximadamente, el 2% de las personas sanas y se encuentra en más del 20% de los adultos ingresados en un hospital. Más de la mitad de los bebés son portadores asintomáticos de la bacteria. Los casos están aumentando entre otras razones por el uso de antibióticos.

En un nuevo estudio publicado en 'mSystems', la revista de la Sociedad Americana de Microbiología, los investigadores de la Universidad de Nevada revelan que los ratones alimentados con una dieta alta en proteínas y grasas tienen más probabilidades de adquirir una infección mortal por C. difficile que los ratones alimentados con una dieta normal. Los hallazgos también sugieren que una dieta alta en hidratos de carbono protege frente a esta infección, que causa más de 10.000 muertes al año en Estados Unidos, según los datos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Foto: Unsplash/@louishansel.
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Los autores admiten que estos hallazgos se han realizado en ratones, pero creen que se puede establecer una conexión entre las dietas y las infecciones en personas, una vía que, subrayan, es preciso investigar. "Tenemos que mirar a los humanos para ver si se correlaciona", apunta el químico Ernesto Abel-Santos, codirector del estudio. “Sabemos que hay muchas personas que siguen dietas extremas pero desconocemos qué cambios están causando en su organismo”.

"Sabemos muy bien que la dieta afecta el microbioma intestinal", añade el microbiólogo Brian Hedlund, también codirector del trabajo.

Para la investigación, se formaron cuatro grupos con cinco ratones cada uno. Todos los animales recibieron antibióticos pero cada uno fue alimentado con un cierto tipo de dieta: alta en grasas y alta en proteínas, alta en grasas y baja en proteínas, alta en carbohidratos, y la última, una dieta estándar.

Los resultados fueron sorprendentes. En el grupo rico en proteínas y grasas, todos los animales desarrollaron infecciones graves y murieron en 4 días. En el grupo alto en grasas y bajo en proteínas, solo 2 animales murieron. En el grupo con alto contenido de hidratos de carbono, 2 ratones mostraron síntomas leves y se recuperaron, y en el grupo de dieta estándar, todos los animales mostraron signos de infección pero también se recuperaron.

Foto: Unsplash/@louishansel.
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Los resultados están en consonancia con algunos estudios que sugieren que debido a que los antibióticos matan las especies de bacterias indiscriminadamente también reducen las poblaciones de organismos que compiten por los aminoácidos, dejando vía libre al C. difficile para propagarse. Sin embargo, Hedlund advierte que las cosas no son tan simples como parecen: “No es solo un juego de números. Nuestro trabajo sugiere que la dieta puede promover grupos microbianos que pueden ser protectores, incluso después de un tratamiento con antibióticos”.

El microbiólogo especula con que, para que se desarrolle la infección, se tendrían que dar varias condiciones: que los antibióticos eliminaran los microorganismos competidores de C. difficile y que la dieta favorezca el sobrecrecimiento de estas bacterias y, por tanto, de la enfermedad.

Foto: La dieta cetogénica, a examen. (iStock)

Una pregunta que ha dejado abierta este trabajo, y que los científicos esperan contestar con nuevas investigaciones, es el impacto de las dietas altas en hidratos de carbono que parecen proteger frente a la C. difficile pero reducen la variedad microbiana de la microbiota intestinal. "Numerosos estudios indican que una menor diversidad microbiana siempre es algo malo, pero en este caso, tuvo el mejor resultado de la enfermedad", dice Abel-Santos. El aspecto negativo es, apunta, que una dieta alta en carbohidratos podría llevar a los animales a convertirse en portadores asintomáticos que pueden diseminar la infección a sujetos susceptibles.

El trabajo deja diferentes hipótesis abiertas, pero lo que cada vez está más claro es que las dietas extremas tienen consecuencias, como también las acarrea el uso indiscriminado de antibióticos. Todo apunta a la necesidad de volver a una dieta natural y variada. O lo que es lo mismo: “Que tu alimento sea tu medicina (como contábamos en Alimente, también tu antibiótico)".

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