El mineral que cura tus heridas y potencia tu sistema inmune
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El mineral que cura tus heridas y potencia tu sistema inmune

A pesar de tratarse de uno de los elementos más escasos en la corteza terrestre, todos y cada uno de nosotros dependemos de él. Si te cortas, te cura. Y si eres joven, te hace crecer

Foto: Foto: iStock.
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A no ser que en alguna ocasión hayamos dado clases de química en un laboratorio, no habremos visto jamás el zinc en su estado natural. Pero lo llevamos dentro de nosotros. De hecho, de no ser así, moriríamos. Esto se debe a que es un nutriente esencial que cumple funciones vitales para nosotros.

¿Qué es el zinc?

Se trata de un metal en el que en cada núcleo de cada átomo se encuentran 30 protones. Tiene un color blanco azulado y es brillante. A nivel biológico participa en ciertas funciones importantísimas, como explican desde los National Institutes of Health de Estados Unidos:

  • Funcionamiento de la expresión genética
  • Reacciones enzimáticas
  • Función inmune
  • Síntesis de proteínas
  • Síntesis del ADN
  • Curación de heridas
  • Crecimiento y desarrollo de los tejidos
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Es un nutriente esencial. Dicho de otro modo, no podemos generarlo nosotros mismos, sino que estamos obligados a ingerirlo a través de la alimentación. Para ello podemos echar mano de una gran cantidad de alimentos que son ricos en zinc. Los valores de ingesta recomendada por alimento corresponden a 85 gramos (salvo que se indique otra cosa específicamente):

  • Ostras: 493% (sí, la enorme cifra es correcta) de la cantidad diaria recomendada (CDR)
  • Cuello de ternera: 47% CDR
  • Cangrejo: 43% de la CDR
  • Carne picada de ternera: 35% CDR
  • Langosta: 23% CDR
  • Judías cocidas: 19% CDR
  • Pollo: 16% CDR
  • Semillas de calabaza: 15% CDR
  • Anacardos: 11% CDR

Beneficios para tu salud

Por una parte, y algo en lo que la comunidad científica parece estar muy de acuerdo, el zinc es beneficioso para mejorar nuestro sistema inmune. Como ejemplo de tal cosa, en el año 2017, el doctor H. Hemilä, de la Universidad de Helsinki, publicó un estudio en el que demostró que el consumo de entre 80 y 92 mg diarios de zinc podía reducir la duración del resfriado común hasta en un 33%.

Por otra parte, otro estudio de la Aachen University, en Alemania, determinó que los suplementos de zinc reducían el riesgo de sufrir infecciones y promovían la respuesta inmune en individuos de avanzada edad.

El zinc también es responsable de acelerar la cicatrización de las heridas. De hecho, se usa de forma frecuente en hospitales para el tratamiento de quemaduras, úlceras y otras lesiones cutáneas. Esto se debe a que este mineral cumple tareas críticas en la síntesis del colágeno, en la función inmune y en la respuesta inflamatoria, todas ellas procesos imprescindibles para la curación de las heridas. Tanto es así que, como se explica en este estudio, la piel contiene gran parte del total de este mineral presente en nuestro cuerpo.

De hecho, como se explica en un estudio elaborado por investigadores de la Kashan University of Medical Sciences, en Irán, a un grupo de 60 diabéticos con úlceras en los pies se les suplementó con 200 mg de zinc al día durante 12 semanas y todo ellos experimentaron reducciones significativas en el tamaño de las lesiones, comparados con aquellos que formaban parte del grupo de control que tomó el placebo.

Foto: iStock.
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Al mismo tiempo, el zinc también juega un papel fundamental en los efectos que tiene el estrés oxidativo sobre nuestras funciones vitales. De hecho, es capaz de reducir los niveles de ciertas proteínas responsables de la inflamación. En un estudio elaborado por investigadores de la Wayne State University de Detroit y de la Universidad de Michigan, 40 adultos mayores que tomaron 45 mg de zinc al día experimentaron mayores reducciones de sus marcadores de inflamación que aquellos que tomaron el placebo.

La deficiencia

Aunque está bastante claro que es un alimento fundamental para nuestro bienestar, diremos que la deficiencia de este mineral está relacionada por un estudio con 450.000 muertes al año de niños de menos de 5 años cada año.

Foto: Surtido de típicas tapas españolas. (iStock)

Los síntomas más comunes son:

  • Crecimiento estancado
  • Maduración sexual tardía
  • Sarpullidos
  • Diarrea crónica
  • Heridas que no cierran
  • Cambios en el comportamiento

Está en nuestra mano evitar todo esto, y solo estamos a un par de ostras de lograrlo.

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