Tres trucos que harán que no ganes peso durante la cuarentena
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Tres trucos que harán que no ganes peso durante la cuarentena

Puede que antes pareciera que no hacíamos nada de ejercicio, pero no es así. Ahora sí que no tenemos actividad física y si mantenemos nuestra dieta, engordaremos como nunca. Necesitamos un cambio en la alimentación

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Como explicábamos recientemente en Alimente, ahora que estamos de encierro domiciliario forzoso, gastamos muchas menos calorías al día que en una situación de normalidad. Esto supone que si seguimos con nuestra dieta (una que nos ayudaba a mantenernos en nuestro peso), podemos ganar unos cuantos kilos. Si esto continúa tal y como está durante una semana, no supondrá un contratiempo nutricional de extraordinaria relevancia. En cambio, si dura mucho más (cosa completamente posible), estaremos enfrentándonos a unos inoportunos kilos de más que pueden comprometer nuestra salud.

Según explica la OMS, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte a nivel mundial. De ellas, uno de los principales factores de riesgo es la obesidad. Esta es capaz de producir incrementos en los niveles de colesterol LDL (el malo), que, a su vez, aumentan el riesgo de padecer trombos en arterias que supondrían un ictus o un infarto de miocardio, entre otras afecciones. Por otra parte, la obesidad es capaz de producir hipertensión, que también supone un peligro para nuestra salud cardiovascular.

La diferencia entre dos pechugas de pollo y una y media es pasar de 2.000 kcal al día a 1.600 kcal

Como podemos ver, ganar kilos durante el encierro a causa del coronavirus es malo para nuestra salud, por lo que hay que tomárselo muy en serio. Hacerle frente va a requerir un esfuerzo enorme por nuestra parte (como si no tuviéramos ya suficientes preocupaciones). Por suerte para nosotros, existen diferentes técnicas que podemos utilizar para remediar esta situación.

Comer lo mismo, mirando el plato

Uno de los remedios más sencillos para la limitación calórica que pretendemos llevar a cabo tiene que ver, simple y llanamente, con cómo reducir la cantidad total de alimentos que nos llevamos a nuestra boca. Esto no supone un cambio en el tipo de producto, con lo que podremos comer exactamente lo mismo que en nuestra vida rutinaria. Debemos tener en cuenta que si consumimos un 20% menos, limitaremos en un 20% la cantidad de calorías. Por poner un ejemplo, si tomamos una ensalada y dos pechugas de pollo empanadas con patatas, que, junto al desayuno y la cena, suman un total de 2.000 calorías al día, eliminar una quinta parte de la ensalada y de las patatas y quitar algo menos de la mitad de una pechuga de pollo (y hacer lo mismo con el resto de comidas del día) supondrá una ingesta calórica diaria de 1.600 calorías. Esto ya supone una dieta de adelgazamiento.

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Los maravilloso de este plan es que, como decíamos, no limita el tipo de alimentos que ingerimos. Si solo nos alimentamos de coles de Bruselas, funciona, y si solo comemos callos a la madrileña y hamburguesas, también.

Luchar contra el hambre

El problema de esta solución es que choca directamente con la cantidad de comida que estamos acostumbrados a ingerir día a día. Si bajamos un 20% en la cantidad de comida que consumimos, pasaremos hambre, eso es así.

Es aquí donde entra en juego una estrategia alternativa: la sustitución de alimentos. Como explicábamos en Alimente, existen diferentes vías para reducir la ingesta calórica al mismo tiempo que aumentamos la cantidad de comida que nos metemos entre pecho y espalda. Son muchos los métodos que cumplen con esta función, aunque los más recomendables son:

  • Aumentar el consumo de proteínas animales. Aunque esta dieta tiene sus propias contras, como aumentar el trabajo de nuestros riñones al tener que filtrar todo el nitrógeno de la inmensa cantidad de aminoácidos (forman las proteínas) que entran en nuestro sistema, las calorías ingeridas se reducen sobremanera, con lo que, en lo que a peso se refiere, estaremos cubiertos.
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  • Beber más agua. Sí, somos conscientes de que es tremendamente fácil y lógico, pero, incluso así, supone un beneficio nada desdeñable. Por una parte, nos disminuirá el apetito, dado que el líquido también ocupa un espacio en nuestro sistema digestivo (aunque es transportado fuera de él a gran velocidad, por lo que el efecto no se prolonga mucho en el tiempo), y por la otra, nos mantendrá hidratado. Esto es fundamental, dado que todos los sistemas de nuestro organismo requieren una buena hidratación para ser efectivos.
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  • Aumentar la cantidad de manzanas. El dicho inglés de 'An apple a day keeps the doctor away' (una manzana al día mantiene alejado al médico) es de lo más apropiado en los coronavíricos tiempos que corren. A pesar de esto, las manzanas contienen una fibra alimentaria de lo más peculiar: la pectina. Se trata de un polisacárido no digerible que actúa como una fibra alimentaria. Es buena para nuestro sistema digestivo por diversas razones. La primera es que, al entrar en contacto con el agua, se convierte en un gel que aumenta el volumen del bolo alimentario y lo 'lubrica', con lo que facilita el tránsito intestinal. Por otra, si sufrimos diarrea, absorbe el exceso de agua, solidificando las heces y aliviando la enfermedad. Por otra parte, la pectina se hincha mucho, por lo que aumenta el volumen en el interior de nuestro estómago e intestinos. Esto supone que dichos órganos envían señales al cerebro diciendo que se sienten llenos (saciados). El cerebro, por su parte, reacciona reduciendo la sensación de hambre que sentimos.
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Sea como sea, vigilar la cantidad de calorías que ingerimos, mantener cierto estado de actividad física y seguir teniendo la mente centrada y 'sana' va a ser fundamental para vencer en estos tiempos tan complicados.

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