Feta, el queso más típico de Grecia es bajo en calorías
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Feta, el queso más típico de Grecia es bajo en calorías

De sabor intenso, con retrogusto picante, goza de denominación de origen protegida y es uno de los más antiguos, pues se elabora desde hace 8.000 años. Aparecía ya en 'La Odisea'

Foto: Feta, el queso más típico de Grecia es bajo en calorías
Feta, el queso más típico de Grecia es bajo en calorías

Según el último informe de consumo alimentario del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cada español consume 7,66 kg de queso al año, lo que supone el 3,80% del total de la cesta de la compra. Datos que nos muestran el éxito del que goza este lácteo en nuestra gastronomía, donde está presente en todo tentempié que se precie, así como en un largo etcétera de salsas y preparaciones culinarias, a las que confiere un delicioso retrogusto salado. A día de hoy, existen más de 2.000 variedades de queso en el mundo, elaboradas con distintos tipos de leche y cualidades organolépticas propias, que les confieren autenticidad y distinción, generando amores y odios a partes iguales. Posiblemente, uno de los más populares, que cada vez se prodiga más en el mercado español, es el feta.

Es de los quesos más populares de Grecia, donde se consumen hasta 10,5 kg por persona y año

Para quienes todavía no lo sepan, es uno de los quesos más populares de Grecia, donde consumen 10,5 kg por persona y año, aunque también es muy recurrente en países como Bulgaria, Turquía o Dinamarca. A pesar de que no se sabe con certeza, es posible que sea uno de los más arcaicos de la extensa familia quesera, pues hay fuentes que sostienen que comenzó a crearse hace 8.000 años en las aldeas griegas. Incluso en las páginas de 'La Odisea', de Homero, podemos leer una descripción acerca del proceso de batido de la leche de cabra y otros procedimientos de este exitoso queso. No obstante, el nombre con el que lo conocemos actualmente surgió en el siglo XVIII y deriva del vocablo italiano 'fetta', el cual se cree que fue elegido en alusión a la costumbre de almacenarlo en lonchas en el interior de barriles.

Con denominación de origen protegida

Sea como fuere, estamos ante un queso elaborado principalmente con leche de oveja, aunque también admite la de cabra e incluso la mezcla de ambas, el cual se cura en una solución de salmuera, por lo que carece de conservantes y otros aditivos. Luce un color blanco y sin corteza, que lo dota de sencillez y presencia, regala un gusto agudo con ligeras notas picantes y una textura granulada, que se deshace al paladar y le confiere una enorme versatilidad culinaria.

Foto: iStock.
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Dichas características organolépticas le han valido el reconocimiento de denominación de origen protegida. Esto significa que el auténtico queso feta debe proceder únicamente de la leche de razas ovinas y caprinas autóctonas que practican la trashumancia y el pastoreo extensivo en las áreas naturales griegas, concretamente de las regiones de Epiro, Tracia, Macedonia, Grecia central, Tesalia, Peloponeso o la isla de Lesbos. Además, su proceso de elaboración debe seguir unos estándares como no incluir leche de vaca o más del 30% de leche de cabra o que la concentración de sal no sea superior al 3%.

Qué aporta este queso

En el terreno nutricional, el queso feta no anda escaso. Tal y como recoge la Base de Datos de Composición de los Alimentos de Estados Unidos (USDA), es rico en proteínas y atesora minerales interesantes para la salud como el calcio –493 mg por cada 100 gramos– y el fósforo –337 a los 100 gramos–, que, como hemos explicado en otras ocasiones, son fundamentales para la salud ósea y dental. No obstante, también proporciona algunas cifras de zinc –2,88 a los 100 gramos–, que ayuda al fortalecimiento del sistema inmune, a la fabricación de las proteínas o el ADN; y sodio –1.139 mg por cada 100 gramos–, coadyuvante del mantenimiento del equilibrio de lípidos en el organismo o para la transmisión de los impulsos nerviosos. Sin embargo, quienes tengan que mantener a raya la tensión, deben moderar su consumo.

Además, ostenta el honor de ser uno de los más escuetos en grasas e hipocalóricos de todas las variedades, pues aporta unas 260 kcal por cada 100 gramos, siendo una buena opción para quienes quieren mantener dietas bajas en aporte calórico o evitar añadir centímetros a su cintura.

En el ámbito de las vitaminas, contiene riboflavina, que interviene en la formación de los glóbulos rojos y los anticuerpos o la transformación de los alimentos en energía; folatos o vitamina B, vital para la constitución del ADN; vitamina A, encargada de la salud visual; y vitamina B12, de suma importancia para la fabricación de los glóbulos rojos o la función nerviosa.

Polivalente en la cocina

Foto: iStock.
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Dado que es un queso fresco, que se elabora con leche sin pasteurizar, recién hecho y sin que haya alcanzado un punto de maduración, tiene un tiempo de vida más corto que otras variedades. No obstante, podemos alargarlo conservándolo en un lugar fresco o sumergiéndolo en aceite de oliva o salmuera.

El sabor sumamente definido con que agasaja lo dota de una gran versatilidad en la cocina. En Grecia, es uno de los ingredientes estrella de su ensalada más señera: la griega, allí conocida como 'joriátiki salata'. Aunque también lo incluyen en otras elaboraciones como el pastel y las empanadillas de espinacas, las sopas o los rigatoni, un tipo de pasta con silueta de tubo.

Sin embargo, el queso feta da para mucho más. Podemos untarlo en pan, usarlo como ingrediente de tortillas, pizzas o pasta. Además, casa a las mil maravillas con frutas, especialmente la sandía, el kiwi o el melón, con verduras como las espinacas e incluso frutos secos como las nueces, los piñones o las avellanas.

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