No son pocos los remedios para el sobrepeso que se nos presentan delante de las narices todos y cada uno de los días: procedimientos médicos, dietas, suplementos, ejercicios... La lista es prácticamente infinita. La regla básica en cuanto a la pérdida de peso es que si lo que entra tiene menos energía de la que gastamos al cabo del día, adelgazaremos; si tiene más, engordaremos, y si tiene la misma, nos quedaremos como estamos.

Pero saber la cantidad de energía que gastamos es mucho más complicado de lo que parece. Para empezar, un 60% de ella se la llevan solo el cerebro y el hígado, los dos órganos que más trabajan en nuestro organismo. Otra gran parte está destinada a mantener nuestros procesos vitales, desde el movimiento de nuestros intestinos al latido del corazón, pasando por la segregación de saliva. Todo eso cuesta energía.

Con un 10% menos de calorías, los MCT se usan antes que otras grasas como fuente de energía

Ahora bien. Eso no explica por qué determinadas personas pueden comerse cada día una pizza familiar y no ganar ni un solo gramo y por qué otras con una rebanada de zanahoria y olisqueando una rama de apio se sienten como si se acabasen de comer medio kilo de panceta. Es aquí donde entra en juego cómo está diseñado nuestro organismo desde el origen, es decir, nuestros genes y el ADN que los compone.

En todas estas vías alternativas para la pérdida de peso es donde entran en juego las teorías, experimentos y propuestas 'alternativas' que pueden estar basadas más o menos en la ciencia y sobre las cuales es difícil trazar una línea que diferencie lo que sí y lo que no funciona, dado que, incluso con las cosas que están probadas, los resultados pueden ser muy marginales.

Una de las últimas tendencias son los conocidos como aceites MCT, que, como todos los nuevos complementos nutricionales que aparecen día sí y día también, prometen grandes resultados para nuestra salud, así que vamos a descubrir lo que tiene que decir la ciencia al respecto. Pero vamos por partes.

¿Qué son los aceites MCT?

Las siglas MCT provienen de 'medium chain triglycerides' (triglicéridos de cadena media). Los elementos considerados MCT con nombres y apellidos son el C6 (ácido hexanoico), C8 (ácido octanoico), C10 (decanoico) y C12, conocido como ácido láurico. Existe, entre los defensores de los MCT, la duda de si considerar este último, el láurico, como un triglicérido de cadena media o no, pero sobre el papel al menos lo es.

A pesar de ser puros y duros gases, es cierto que los triglicéridos de cadena media se metabolizan en nuestro organismo de forma diferente a otro tipo 'cualquiera'. Debido a su tamaño, son rápidamente rotas estas cadenas y absorbidas por el organismo de forma casi inmediata.

Pero no todo es rapidez. Al contrario que los ácidos grasos y triglicéridos de cadena corta, los MCT se dirigen, una vez han entrado en nuestro torrente sanguíneo, directamente al hígado, que los filtra. En él se pueden reducir todavía más, para pasar a formar parte de los recursos energéticos de nuestro organismo, o ser convertidos en cetonas. La idea detrás de los MCT es que, puesto que son energéticamente viables pero fáciles de reducir a energía y cetonas (que, en ausencia de hidratos de carbono, suponen la fuente predilecta de energía por nuestro cerebro), son capaces de ejercer de combustible corporal y, por tanto, es poco probable que acaben siendo convertidos en grasas.

Algunos aceites vegetales son especialmente ricos en MCT. De hecho, algunos suplementos lo que hacen es reducir todavía más estos aceites para aumentar su proporción de estas sustancias. Los más famosos son el aceite de coco (55% de MCT), la leche entera (9%) y la mantequilla (8%).

Sus efectos

No es poca la investigación científica que se ha llevado a cabo con respecto a los MCT y sus supuestos beneficios en la lucha contra el sobrepeso. Como indican en un estudio los investigadores Peter Schönfeld y Lech Wojtczak, estas moléculas contienen un 10% menos de calorías que sus hermanas de cadena larga. Además, otro estudio descubrió que los MCT aumentan la producción de leptina, una hormona que reduce la sensación de apetito.

Por último, otro trabajo científico llevado a cabo por investigadores de la Universidad de McGill en Canadá, determinó que las dietas altas en MCT provocaban un mayor consumo de grasas (y por tanto pérdida de la misma) que las dietas que eran ricas en triglicéridos de cadena larga. Por desgracia, esto solo funciona a corto plazo ya que vieron que los efectos beneficiosos desaparecen tras tres semanas, una vez que el cuerpo se ha adaptado.

La investigación todavía tiene que dar más de sí pero, al menos hasta el momento, todo parece indicar que los MCT funcionan a la hora de bajar unos kilos. Eso que nos llevamos.