Si te falta vitamina K, tienes un 19% más de probabilidades de morir
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Si te falta vitamina K, tienes un 19% más de probabilidades de morir

Un macroestudio llevado a cabo por la Universidad de Tufts y realizado con un grupo de 4.000 personas asegura que la falta de este nutriente es un peligro de salud pública enorme

Foto: Foto: iStock.
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Sin entrar en el complicado terreno de los antioxidantes, los flavonoides y demás sustancias beneficiosas presentes en los alimentos pero con concentraciones minúsculas, hay decenas de compuestos químicos que necesitamos para sobrevivir. No hay discusión con respecto a esto. Podemos odiar con todo nuestro corazón el hierro, pero sin él sufriremos fatiga extrema, debilidad, piel pálida, dolor torácico, taquicardia, dolor de cabeza, inflamación y dolor de la lengua... No hay otra. Pero sí es cierto que le prestamos muchísima más atención a unos nutrientes que a otros. Uno de los más olvidados, de hecho, es la vitamina K.

Tras 13 años de seguimiento, los sujetos de estudio con menos vitamina K tenían un 19% más de probabilidades de morir

Se trata de una molécula liposoluble descubierta en 1935 por el científico danés Henrik Dam. Su principal función en nuestro organismo es que nuestra sangre sea capaz de coagular. Dicho de otro modo, es esencial para que determinados factores de coagulación como los hepáticos, la protrombina o el factor X cumplan con su cometido. Ahora, un nuevo metaestudio elaborado por investigadores de la estadounidense Universidad de Tufts, en la ciudad de Boston, ha descubierto que los adultos de edad más avanzada con niveles bajos de vitamina K tienen más probabilidad de morir en los 13 próximos años en comparación con aquellos cuyos niveles de este micronutriente se encuentran en los niveles normales.

El trabajo científico ha utilizado un grupo de estudio de un tamaño más que considerable (4.000 estadounidenses de entre 54 y 76 años de edad, de los cuales un tercio no eran blancos). Los resultados, de un incalculable valor científico, han sido publicados en la reputada revista 'American Journal of Clinical Nutrition'.

Cómo lo han determinado

Para empezar, los investigadores han repartido a los participantes en tres grupos diferentes en función de la cantidad de vitamina K presente en sus análisis de sangre (realizado justo antes del inicio del experimento). A continuación, y durante los siguientes 13 años de seguimiento, se midió el riesgo de desarrollo de enfermedades cardiacas, las enfermedades del sistema circulatorio propiamente dichas y los niveles de este micronutriente en sangre.

Foto: iStock.
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Sorprendentemente, los resultados no mostraron una correlación significativa entre los niveles de vitamina K en sangre y las enfermedades cardiovasculares. En cambio, los sujetos de estudio con los niveles de este nutriente más bajos en sus analíticas tenían también un riesgo un 19% mayor de morir, comparados con aquellos que sus niveles de vitamina K indicaban una ingesta nutricional adecuada.

El problema, o al menos uno de ellos, es que los factores de coagulación que mencionábamos antes (y para los que la vitamina K es fundamental) juegan un papel crucial a la hora de mantener en buen estado los vasos sanguíneos, en concreto los del cerebro.

Dónde encontrar vitamina K

Debido a la publicidad (no necesariamente negativa) que se dé a las vitaminas famosas, sabemos que la C la podemos encontrar en enormes cantidades en los cítricos, o la D en los pescados azules o en los huevos. Pero la vitamina K es, como decíamos, esa gran desconocida y es complicado tener claro dónde hallarla. Es por esto que Alimente, basándose en datos de los National Institutes of Health de Estados Unidos y de la Base Española de Datos de Composición de Alimentos, ha recopilado los mejores alimentos para conseguir la cantidad diaria de vitamina K que necesitamos:

  • Col. Media taza aporta el 442% de la cantidad diaria recomendada (CDR), lo que es una auténtica barbaridad.
  • Espinacas. Una taza contiene el 114% de la CDR.
  • Brécol. 100 gramos reúnen el 92% de lo que necesitamos cada día.
  • Zumo de zanahorias. Aunque no excesivamente popular, tomarlo jugará a nuestro favor pues una taza representa una cuarta parte de la CDR.
  • Aceite de oliva virgen extra. Nuestro oro español también sirve para esto. Una cucharada aporta el 7% de lo que precisamos.
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