¿Te importa lo más mínimo tu salud? Deja de comprar comida bonita y cómprala saludable
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somos fáciles de engañar

¿Te importa lo más mínimo tu salud? Deja de comprar comida bonita y cómprala saludable

Un estudio publicado por la American Marketing Association y la Universidad del Sur de California ha probado que tendemos a vincular el aspecto estético de la comida con lo saludable que es, aun sin pruebas

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¿Te importa lo más mínimo tu salud? Deja de comprar comida bonita y cómprala saludable

Es una tendencia que sigue al alza. Un plato de arroz con verduras, sin gracia alguna, es una de las mejores comidas que nos podemos meter entre pecho y espalda. Dicho de otro modo: llevar una dieta equilibrada no tiene por qué ser bonito ni glamuroso. Pero los consumidores tienden a relacionar la comida bonita con la que es sana. ¿Acaso es más saludable un plato de un tres estrellas Michelin que uno de un restaurante con menú del día? Probablemente no.

De hecho, los añadidos diseñados por los chefs para realzar y buscar nuevos sabores por regla general acaban añadiendo a la comida componentes nutricionales que no deberían estar allí. Por poner un ejemplo, cuando el triestrellado Dani García (que recientemente cerró su restaurante en Marbella) llevó a cabo una colaboración con una de las empresas de comida rápida más grandes del mundo para realizar una hamburguesa de autor, descubrió que la compañía le limitaba muchísimo la salsa, pues para poder servirse al público debía cumplir unos requisitos nutricionales mucho mejores que los de la que él había diseñado.

Ahora, un estudio elaborado por Linda Hagen, profesora de marketing en la University of Southern California, y publicado en la revista 'Journal of Marketing', una de las más respetadas en su área, se ha dedicado a analizar los motivos por los que los consumidores tendemos a confundir estética con salud. Como explica la investigadora, nosotros como clientes vemos casi 7.000 anuncios de comida y restaurantes al año. De hecho, la mayor parte de ellos pertenecen a campañas de publicidad de restaurantes de comida rápida. En todos y cada uno de ellos, las imágenes están especialmente diseñadas para que la comida sea bonita. Tanto que llega a parecer antinatural.

Los participantes estaban dispuestos a pagar mucho más dinero por un pimiento bonito que por uno feo, dado que el primero era "más saludable"

Por una parte, las estéticas bonitas se asocian con el placer y el capricho. Esto ocurre porque mirar cosas 'bonitas', como el arte, activa el centro del placer del cerebro de los individuos. Con la comida pasa exactamente lo mismo: mirar comida bonita da placer. Pero esto, en realidad, contradice la teoría de que la comida bella se vincula a sano. Esto se debe a que es natural entender como excluyentes lo rico y lo saludable. Los helados son 'malos' y las coles de Bruselas, 'buenas'.

Pero, por otro lado, la denominada estética clásica se caracteriza por patrones 'ideales' hallados en la naturaleza. Por ejemplo, uno de los principales es el concepto de la simetría, que todos encontramos más agradable que su contrario. Y es aquí donde entra de verdad la correlación entre estética gastronómica y salud. Replicando los patrones que podemos encontrar día a día en la naturaleza, podemos hacer percibir al consumidor que lo que está comiendo es 'sano'. He ahí la vinculación directa entre estética, alimentación y salud.

Foto: "La comida más sana es la británica" y otras formas de engañar con estudios

En una serie de experimentos, la investigadora probó si la misma comida era percibida por los sujetos de estudio como sana si la presentación seguía los patrones clásicos de belleza que se encuentran en la naturaleza. En uno, por ejemplo, se proporcionó a los participantes una tostada con aguacate. Todo el mundo tenía a su disposición el precio y la lista de ingredientes, pero a algunos se les proporcionaba una bonita y otra fea. A pesar de que la información nutricional y el precio era idéntico en los dos casos, los sujetos de estudio consideraron que la bonita era más sana (en concreto, que contenía menos calorías y que era más natural). Este patrón de respuestas dependiendo de la estética de los alimentos se repitió sistemáticamente en otras pruebas que utilizaban otros productos.

En otro experimento sobre cómo los juicios sobre la percepción de 'saludable' depende del aspecto, se descubrió que los participantes estaban dispuestos a pagar considerablemente más dinero por un pimiento que era bonito que por uno feo, escudándose en que el que tenía mejor aspecto iba a ser más saludable.

Esto solo es una muestra de cómo nosotros mismos somos, al menos en parte, responsables de nuestra malnutrición. Por mucho que creamos que no, es muy fácil engañarnos. Saber diferenciar entre lo que es realmente sano y lo que no es fundamental a la hora de querer llevar una alimentación realmente saludable. Exceptuando los alimentos frescos, el resto está obligado a incluir una descripción nutricional y, a fin de cuentas, en lo más profundo de nuestro ser sabemos qué es sano y qué no. Huyamos de lo bonito y empecemos a elegir lo saludable.

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