Esto es lo que le pasa a tu cerebro cuando tienes malas experiencias con la comida
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Impacto en los hábitos alimenticios

Esto es lo que le pasa a tu cerebro cuando tienes malas experiencias con la comida

Un equipo de la Universidad de Sussex ha descubierto un mecanismo que podría ayudar a las personas con obesidad y sobrepeso

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Cuando comemos, nuestro cerebro experimenta una sensación de bienestar. Este órgano no solo se encarga de decirnos qué nos gusta y qué no, sino que es capaz de cambiarnos el estado de ánimo con ciertos alimentos, como los dulces. Tanto es así que en España las experiencias gastronómicas forman parte del ocio que disfrutamos con familia y amigos.

Pero comer no siempre es un placer. Ya que, a veces, tenemos malas experiencias que relacionamos directamente con ciertos alimentos, ya sea por factores como el sabor o la temperatura, o por circunstancias que rodean a la acción de comer, por ejemplo si sufrimos un pequeño atragantamiento con la espina de un pescado.

Tras un entrenamiento aversivo, los caracoles se negaron a comer azúcar, su alimento favorito


¿Qué pasaría si se pudiera modificar la respuesta cerebral que tenemos a la exposición de ciertos alimentos que nos gusten para convertirlos en 'malos'? ¿Qué impacto tendría en el futuro? Los investigadores de la Universidad de Sussex han explorado el tema en un trabajo dirigido por el Dr. Ildiko Kemenes, profesor de neurociencia de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad de Sussex, y han llegado a la conclusión de que podrían cambiar nuestros hábitos alimenticios futuros.

Para ello, han estudiado cómo responden los caracoles, amantes del azúcar, a una experiencia negativa relacionada con él. A través de un entrenamiento aversivo (con estímulos desagradables) que implicaba que les golpeasen suavemente en la cabeza cada vez que comían azúcar, pudieron comprobar su respuesta: se negaron a volver a comer, a pesar de tener hambre.

¿Una clave contra la obesidad?

Analizando este comportamiento, el equipo de neurociencia de Sussex descubrió un mecanismo neuronal que revirtió la respuesta habitual de los caracoles al azúcar. "Después del entrenamiento aversivo, vimos que esta neurona invierte su respuesta eléctrica al azúcar y se excita en lugar de inhibirse. Efectivamente, se activó un interruptor en el cerebro, lo que significa que el caracol ya no come el azúcar cuando se le presenta, porque este alimento suprime -en lugar de activar- la alimentación", explicó el Dr. Ildiko.

“Los caracoles nos brindan un modelo similar de cómo funcionan los cerebros humanos”, afirma George Kemenes, coautor del trabajo


De hecho, los caracoles solo rechazaron el alimento que relacionaban con las malas experiencias (el golpe suave en la cabeza), por lo que cuando les ofrecieron un trozo de pepino, sí comieron.

Este avance, que ha sido publicado en 'Current Biology', se puede extrapolar a las personas, ya que, en palabras de George Kemenes, coautor del trabajo, “los caracoles nos brindan un modelo similar, aunque básico, de cómo funcionan los cerebros humanos”.

Los expertos argumentan que en el cerebro humano son "las redes corticales" las que ejercen control inhibitorio “para evitar la activación 'descontrolada' que puede llevar a comer en exceso y provocar obesidad”. Por lo que este descubrimiento puede abrir una vía al entrenamiento del cerebro humano para que responda ante ciertos alimentos con rechazo.

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