Día Internacional Sin Dietas: porque los milagros no existen
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El valor de aceptarse

Día Internacional Sin Dietas: porque los milagros no existen

Paleo, keto, proteica, detox, hipocalórica… Son muchos los regímenes alimenticios que se pueden seguir para perder peso, pero hoy está permitido saltárselo

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Hoy se celebra el Día Internacional Sin Dietas, sin duda, un motivo de alegría para muchas personas teniendo en cuenta que son miles las que están sujetas a algún tipo de régimen alimentario. Este día tiene dos objetivos principales: el primero, crear conciencia sobre el riesgo que pueden correr quienes siguen dietas estrictas, y el segundo, el valor de aceptarse a uno mismo sin importar los kilos que marque la báscula.

Pero junto a estos propósitos coexisten otros que tienen que ver con la rotura de los cánones de belleza que se nos han impuesto y, sobre todo, denunciar la discriminación hacia las personas por su físico, como puede ser la gordofobia.

¿Desde cuándo lo celebramos?

Si podemos celebrar este día es porque, en el año 1992, una joven feminista británica decidió emprender una lucha contra la industria de los productos dietéticos. Hablamos de Mary Evans Young, quien alertó a la sociedad de los peligros que se podían derivar de la obsesión por la comida, como la anorexia nerviosa y la bulimia.

"Las dietas milagro prometen resultados rápidos y casi sin esfuerzo, y prohíben el consumo de un alimento o grupo de alimentos"

En este sentido, llegó a convertirse en una de las portavoces de los trastornos alimentarios, consiguiendo unir a un grupo numeroso de personas que decidió fijar este día. Uno de los lemas que más impacto produjo en los medios de comunicación del momento y que describe a la perfección la personalidad de Evans fue: "La gorda devuelve el mordisco".

Las dietas milagro no existen

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Que las dietas milagro no existen es más que conocido socialmente, pero ¿cómo podemos identificar si un producto o una dieta es 'milagrosa'? Desde el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas nos dan algunas claves en las que nos podemos fijar:

  • Todas prometen resultados rápidos y casi sin esfuerzo.
  • Prohíben el consumo de un alimento o grupo de alimentos y los categorizan como 'buenos' o 'malos'.
  • Exageran la realidad científica de un nutriente y, en este sentido, aconsejan productos dietéticos a los que se atribuyen propiedades extraordinarias.
  • En sus relatos contienen afirmaciones que contradicen a colectivos sanitarios de reputación reconocida como son los expertos.
  • Conclusiones simplistas extraídas de un estudio científico complejo.
  • Recomendaciones basadas en un único estudio o en estudios realizados con pocas personas (muestra no representativa), seguidas durante un breve espacio de tiempo (suelen acompañarse de frases como 'descubrimiento científico').
  • Recomendaciones a raíz de varios estudios realizados en animales o en modelos celulares (in vitro).
  • Recomendaciones según trabajos sin revisión por pares.
  • Recomendaciones a partir de análisis que ignoran diferencias entre individuos o grupos.

Los peligros de no tratar bien el sobrepeso y la obesidad

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En este sentido, el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas alerta de que existen “riesgos y efectos secundarios de un tratamiento inadecuado del sobrepeso o de la obesidad”:

  • Inducir cambios en el metabolismo energético que produzcan estados de 'resistencia' a la pérdida de peso con la realización de sucesivas dietas.
  • Originar situaciones de desnutrición o déficit de diferentes tipos de micronutrientes (vitaminas, oligoelementos, etc).
  • Empeorar el riesgo cardiovascular de los pacientes.
  • Favorecer el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, de enorme gravedad y peor pronóstico que la propia obesidad.
  • Trasmitir conceptos erróneos sobre la obesidad y su tratamiento. Ello puede cronificar o sistematizar hábitos alimentarios arriesgados.
  • Fomentar el sentimiento de frustración afectando negativamente al estado psicológico del paciente con obesidad.
  • Retrasar el inicio de un tratamiento adecuado, aumentando el riesgo de morbimortalidad.
  • Producir gastos económicos innecesarios, y en algunas ocasiones muy elevados, en productos que no producen los efectos declarados.
  • Aparición de diversos síntomas asociados, tales como caída del cabello, debilidad de las uñas, mareos, astenia, etc.

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