Alimentos enriquecidos, ¿qué son y para qué sirven?
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Alimentos enriquecidos, ¿qué son y para qué sirven?

Vitaminas, ácidos grasos, oligoelementos, minerales… Son múltiples los nutrientes que buscamos en los etiquetados, pero ¿tenemos toda la información?

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En los últimos años hemos sido testigos de un cambio en los hábitos de compra. La incorporación de las nuevas tecnologías, así como la reciente irrupción del coronavirus, han hecho que la venta online aumente y que cambien las demandas de los productos que buscan los usuarios. Si el sector de Consumer Health (el área dedicada a la comercialización en España de productos de autoconsumo para la salud y el bienestar de las personas) ha experimentado un gran crecimiento, los complementos nutricionales, alimentación ecológica e información de micronutrientes más saludables no se han quedado atrás y han sido protagonistas de muchos buscadores.

Un alimento se puede convertir en funcional por eliminación, aumento, añadido o reemplazo de uno o varios ingredientes específicos

Así que en esta vorágine de información sobre lo que es saludable y lo que no, las personas intentan buscar alimentos que potencien sus nutrientes, pero que sean 'los de siempre'. Existen alimentos funcionales que, en palabras de la Clínica Mayo, “son aquellos que tienen un efecto potencialmente positivo en la salud más allá de la nutrición básica”.

Por su parte, desde la empresa de productos para la alimentación saludable Conasi detallan que a un alimento se le puede convertir en funcional a través de diferentes procesos como la “eliminación de un componente conocido que causa un efecto perjudicial (proteína alergénica); el aumento de la concentración de un elemento presente de forma natural en un alimento hasta un nivel en el que se produce el efecto deseado; añadir un componente no presente en la mayoría de los alimentos con efecto beneficioso; reemplazar un ingrediente cuya ingesta es normalmente alta y puede tener un efecto nocivo (como las grasas) por otro con efecto beneficioso para el organismo, o aumentar la biodisponibilidad o la estabilidad de un compuesto que produzca un efecto beneficioso o que reduzca el riesgo de padecer una enfermedad”.

Enriquecidos vs. fortificados

A pesar de que puedan parecer lo mismo, enriquecer un alimento y fortificarlo son procesos diferentes. Así nos lo aclara el presidente del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas del Principado de Asturias y miembro del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, Luis Frechoso: “Aunque significa en ambos casos añadir una serie de nutrientes que ya podrían estar presentes de forma natural, conviene separar estos procesos”.

"La fortificación puede ser el procedimiento más fácil, económico y útil para reducir un problema de deficiencia, pero hay que tener cuidado”

Desde la industria alimentaria se llevan a cabo la adición de vitaminas y minerales a los alimentos con diversas finalidades, señala el experto, “como restituir su contenido cuando ha quedado mermado durante el proceso de fabricación, almacenamiento o manipulación, o para darles un valor nutricional semejante al de los alimentos de los que pretenden ser alternativas”.

De esta forma, prosigue, "los alimentos enriquecidos son aquellos a los que en una fase de su procesado se les ha añadido una serie de nutrientes, los cuales ya estaban presentes en su estado primario o natural". Por otro lado, concreta, "fortificar es añadir a un producto nutrientes que den características distintas de las que ya tiene según su naturaleza, que puedan desempeñar una función concreta de sinergia o un aumento del valor nutritivo”.

En los alimentos se suelen incluir ingredientes como las vitaminas y minerales, además de los oligoelementos, aminoácidos, ácidos grasos esenciales, las fibras y diversas plantas y extractos de hierbas, “sin que esta lista tenga carácter exhaustivo”, añade Frechoso.

"En circunstancias normales, una dieta adecuada y variada puede proporcionar todos los nutrientes necesarios para el desarrollo normal"

En cuanto al reglamento, precisa que “se disponen leyes o normas que, dado el objetivo de utilizar los alimentos como vehículo para aumentar la ingesta de uno o varios nutrientes por parte de la población, establecen y normalizan la fortificación de algunos alimentos concretos”.

Así pues, “el Reglamento (CE) nº 108/2008 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de enero de 2008, que modifica el Reglamento (CE) nº 1925/2006 sobre la adición de vitaminas y minerales y de determinadas otras sustancias a los alimentos, varias disposiciones comunitarias de directa aplicación en este ámbito, así como el 'Codex alimentarius: normas internacionales de los alimentos', que establece principios generales para la adición de nutrientes esenciales a los alimentos (4), son algunas de ellas”.

Fortificación, ¿por qué y para qué?

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El experto sostiene que, en el caso de la fortificación, se suele aplicar “en naciones o comunidades donde hay un problema o riesgos de carencia de nutrientes”, ya que, en algunos casos, “puede ser el procedimiento más fácil, económico y útil para reducir un problema de deficiencia", aunque advierte de que hay que tener cuidado "y evitar su excesiva promoción como panacea general en el control de las carencias de nutrientes”.

En este sentido, “hay que evaluar los pros y los contras de la fortificación en cada circunstancia”, ya que “en muchos países industrializados generalmente se usa en exceso", agregando nutrientes que “generalmente no faltan en la dieta de consumidores que no tienen mucho riesgo de carencia de ellos”.

"Desde las instituciones debe haber una buena inversión en materia de educación nutricional y alimentaria"

Hay dos tipos de fortificación que han sido muy efectivas en muchos países y son, según cuenta Frechoso, “la adición de yodo a la sal (yodación) y la adición de flúor al agua (fluoración)”. Citando a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el experto recuerda que “en los países industrializados, y en alguna extensión en los países en desarrollo, se utiliza para ajustar el contenido de nutrientes a los alimentos procesados, de manera que sus niveles estén más cerca de los del alimento antes de su proceso”.

“Es importante resaltar que este tipo de acciones han de emplearse de forma combinada y no exclusiva, es aquí donde entra el trabajo más directo con la población del dietista-nutricionista, figura que debe estar presente también en este tipo de intervenciones”, insiste Frechoso. Y añade: “En circunstancias normales, una dieta adecuada y variada puede proporcionar todos los nutrientes necesarios para el normal desarrollo y mantenimiento de un organismo sano. A pesar de esto, no siempre puede cumplirse esta situación, por lo que determinados alimentos fortificados/enriquecidos pueden ser de utilidad”.

Un correcto etiquetado, clave

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Además de la regulación citada anteriormente, para Frechoso es importante que exista “un etiquetado nutricional claro y sencillo que no lleve a engaño ni confusión al consumidor y que no promueva la compra de un producto por presentar una serie de alegaciones en relación con la adición de estos nutrientes”. En este sentido, asegura que “cada persona debería poder elegir dentro de su contexto aquellos productos que mejor se adaptan al mismo y desde las instituciones otorgarle herramientas para mitigar la confusión que puede producirse (es decir, una buena inversión en materia de educación nutricional y alimentaria)”.

"La presencia en un producto de ciertas sustancias, como el alcohol, sería un buen criterio para no permitir que se añadan vitaminas o minerales"

El experto dice que “solo debe permitirse la adición a los alimentos de vitaminas y minerales que formen normalmente parte de la dieta y se consuman en ella, y que se consideren nutrientes esenciales, sin que ello implique que su adición sea necesaria”. En la mayoría de los casos, señala, “los fabricantes hacen publicidad de los alimentos a los que se han añadido vitaminas y minerales, por lo que los consumidores pueden percibirlos como productos con ventajas nutricionales, fisiológicas o de otro tipo para la salud en relación con otros productos similares o distintos a los que no se han añadido esos nutrientes, lo que puede inducir al consumidor a tomar decisiones que resulten inconvenientes por otras razones”.

Así que, para contrarrestar estos posibles efectos negativos, sería oportuno, en palabras de Frechoso, “imponer determinadas restricciones a los productos a los que pueden añadirse vitaminas y minerales, además de las que se deriven naturalmente de consideraciones tecnológicas o resulten necesarias por razones de seguridad al establecer límites máximos de vitaminas y minerales en tales productos”.

Los aceites de oliva virgen extra ya son en sí mismos fuente natural de antioxidantes, carotenos y vitamina E

En esta línea, apunta que “la presencia en un producto de determinadas sustancias, como el alcohol, sería un criterio adecuado para no permitir que se añadan vitaminas o minerales”, y asegura que “las excepciones a la prohibición de añadir vitaminas y minerales a bebidas alcohólicas deben limitarse a la protección de recetas tradicionales de vino, a condición de que los productos correspondientes se notifiquen a la Comisión”.

Por otro lado, destaca que “no debe atribuirse a las adiciones ninguna alegación nutricional o de propiedades saludables". Además, reitera, "a fin de evitar confundir a los consumidores sobre el valor nutritivo natural de los alimentos frescos, tampoco se debe permitir añadir a estos vitaminas o minerales”. Y concluye: “Las alegaciones de salud están recogidas por la EFSA y son estudiadas cuidadosamente para poder adquirir dicho rango”.

Aceites de oliva enriquecidos, un gran reclamo

placeholder Aceites de Castillo de Canena.
Aceites de Castillo de Canena.

Uno de los productos que más reclamo ha tenido últimamente entre los productos enriquecidos son los aceites funcionales, como la gama de aceites funcionales Salute Per Oleum (SPO) presentada este año por la empresa de aceites de oliva virgen extra Castillo de Canena, cuya historia se remonta al siglo XVIII. Se trata de aceites virgen extra arbequinos ecológicos de cosecha temprana, enriquecidos con omega-3 y vitaminas.

La Universidad Autónoma de Madrid y Frialtec han desarrollado la fórmula única, Vidalim, que incluye omega-3 procedente de microalgas

Hablamos con Rosa Vañó, propietaria de Castillo de Canena, junto a su hermano Francisco Vañó, y directora de Marketing y Comunicación de Castillo de Canena, sobre los beneficios de la nueva gama de aceites funcionales: “Los aceites de oliva virgen extra ya son en sí mismos fuente natural de antioxidantes, carotenos y vitamina E, pero hemos querido ir más allá y dotarles de un gran valor añadido, haciéndolos todavía más saludables y con un elevado componente nutricional”, explica Vañó.

En esta gama destacan:

  • InmunÓleo: compuesto por aceite virgen extra arbequino ecológico de cosecha temprana enriquecido con vitamina D3, una vitamina liposoluble que nuestra piel sintetiza al exponerse a la luz solar o a través de una correcta suplementación.

Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), en España, más del 80% de las personas mayores de 65 años y un 40% de las menores de 65 años tienen concentraciones bajas de esta vitamina. “Con el equivalente a una o dos cucharadas al día -en desayuno, comidas, meriendas o cenas-, no solo disfrutamos de su delicioso sabor, sino que también conseguimos la cantidad diaria recomendada de vitaminas, omega-3 y enzimas. Nuestros nuevos aceites SPO están recomendados para todas aquellas personas que les gusta disfrutar de un buen aceite a la vez que quieren cuidarse”, apunta Vañó.

  • Nosotras: un aceite virgen extra arbequino ecológico de cosecha temprana enriquecido con omega-3 de cadena larga (DHA y EPA), cúrcuma, extracto de romero y vitamina D. “Es ideal para las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, para las que un aporte extra de omega 3 al día es fundamental, ya que contribuye al desarrollo normal del cerebro y de los ojos del feto y del lactante alimentado con leche materna”, afirma la propietaria.
  • Mi Primer Aceite: es un aceite virgen extra arbequino ecológico de cosecha temprana enriquecido con omega-3 de cadena larga (DHA y EPA) y extracto de romero. “Los ácidos grasos omega-3 (en especial el DHA( desempeñan un papel fundamental en el desarrollo y función cerebrales de los niños, especialmente en el aprendizaje y la memoria. Y algunos estudios indican también un beneficio en la suplementación con omega-3 para niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), pudiendo mejorar su capacidad de concentración y estudio”, puntualiza Vañó.

Además, cabe destacar que la Universidad Autónoma de Madrid, junto a Frialtec, ha desarrollado la fórmula única de Vidalim, que incluye omega-3 de cadena larga DHA y EPA procedente de microalgas (vegano). “Así hemos creado los dos aceites distintos: Mi Primer Aceite y Nosotras”, subraya.

  • Antiox: es un aceite virgen extra arbequino ecológico de cosecha temprana enriquecido con coenzima Q10 y vitamina E. “La coenzima Q10 es un compuesto con gran capacidad antioxidante que se produce de manera natural por el cuerpo humano, aunque no en cantidades suficientes. Protege al organismo frente a los radicales libres, responsables del envejecimiento celular. Además, la vitamina E contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo. Antiox está recomendado para cualquier persona y, en especial, para las que presentan riesgo cardiovascular y también para las que desean protegerse frente al envejecimiento que provoca el sol, el estrés y la contaminación”, concreta.

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