A la filloa se le conocen muchos nombres —también freixó o marrucho— y tipos, y no es un postre singular. Su magia reside, quizás, en la tierra donde se consume. Postre que endulza la sobremesa de cualquier gallego en cualquier momento del año, es más típica durante los Entroidos —los carnavales gallegos— y también durante la matanza, aunque en este periodo se consumen más las filloas de sangre. ¿De sangre? Sí, exactamente: también son dulces, y se cocinan de la misma manera que las de leche y huevos, pero se les añade sangre procedente de la matanza, además de uvas pasas, miel o azúcar.

Las filloas de leche y huevos son bastante similares a las crêpes francesas y su origen es bastante incierto. Lo que sí podemos decir es que hay muchas muchas maneras de cocinarlas: a la piedra, a la sartén o con un 'filloeiro', una herramienta fabricada normalmente en hierro fundido que permite hacer, en función de los platos que tenga, un determinado número de filloas al mismo tiempo. La asociación Filloas da Pedra, del concello de A Baña (A Coruña), publicó un libro con medio centenar de recetas para hacer filloas gallegas y acompañarlas de diferentes ingredientes, como salmón, frutas rojas caramelizadas o espinacas y gambas. Aquí os proponemos una receta de una base dulce para hacer aproximadamente unas diez filloas:

Ingredientes

  • 100 gramos de harina
  • 250 mililitros de leche
  • 2 huevos medianos
  • 75 gramos de azúcar
  • 50 mililitros de agua
  • 25 gramos de mantequilla
  • sal

Elaboración

  1. En primer lugar, se mezcla el agua, la leche, los huevos, el azúcar y la sal. En ocasiones, en lugar de agua se utiliza caldo de cocido para su elaboración. Se mezcla con una batidora hasta que se forme una masa homogénea.
  2. Una vez mezclado todo, se le añade la harina y se vuelve a batir hasta que se convierte en una pasta uniforme.
  3. Entretanto, se derrite la mantequilla y una vez derretida, se incorpora durante unos segundos. Después, se deja la mezcla reposando en la nevera, al menos una media hora.
  4. Si se tiene una 'filloeira' es la mejor opción; si no, siempre se puede utilizar una sartén antiadherente para cocinarlas, con una gota de aceite esparcida con un trozo de papel de cocina para que alcance toda la superficie. Cuando la sartén esté caliente, se vierten unos 50 mililitros de la mezcla, en el centro de la sartén y con movimientos circulares, para que se vaya esparciendo por toda la sartén. Cuando los bordes empiezan a coger color y se forman una especie de burbujas en la masa llega el momento de darles la vuelta, ayudados de una espátula. Unos segundos después de darle la vuelta, ya estará preparada.

Ya solo queda servirlas y acompañarlas con algún 'topping': con crema pastelera o chocolate son dos opciones aptas para cualquier día del año, pero llegado el otoño son muy apetecibles con una crema de castaña, muy típica también de Galicia.