En 1985 el lingüista Charles Hockett se quedó solo cuando argumentó que los sonidos de las lenguas modernas habían evolucionado como consecuencia del desarrollo agrícola después del Neolítico. Se basaba en que la nueva alimentación alteró con los años la mandibula, al acostumbrarse a los granos de las semillas y otras productos de la tierra, a diferencia de la dieta básicamente carnívora de las comunidades nómadas del Homo sapiens de antes del periodo.

Nadie se hizo eco de sus teorías y fue relegado a una de esas exóticas extravagancias dentro de un consenso académico: los sonidos que emitimos no habían cambiado después. No se habían modificado nunca de hecho, tal y como sentenció la comunidad científica entonces.

Las nuevas dietas alteraron la mandíbula y la forma de morder, lo que permitió pronunciar los sonidos 'f' y 'v'

Hasta ahora. Un nuevo estudio, 'Human sound systems are shaped by post-Neolithic changes in bite configuration', publicado en la revista 'Science', recoge en parte las tesis de Hockett y derriba no solo la creencia común, sino la académica de que los seres humanos hemos pronunciado los mismos sonidos a lo largo de la historia. La nueva investigación defiende que varios de los sonidos de las lenguas modernas surgieron recientemente gracias a cambios en nuestra alimentación, tal y como sostuvo en la década de los 80 el olvidado Hockett.

Charles Hockett.
Charles Hockett.

Según sus autores, el desarrollo de nuevas dietas y formas de nutrición provocaron alteraciones en la mandíbula y en la forma de morder de los humanos, lo que permitió que pronunciáramos nuevos sonidos, como 'f' y 'v', que están presentes en gran parte de las lenguas habladas hoy en día. "Especialmente aquellos fonemas que se pronuncian al tocar el labio inferior con los dientes superiores -como, por ejemplo, la letra 'f'- aumentaron en los últimos milenios con el desarrollo de la agricultura y el procesado de alimentos", indicó el científico de la Universidad de Zúrich (Suiza) Steven Moran, coautor del estudio junto a Damian Blasi y Balthasar Bickel.

El discurso del César

Por ello, Bickel cuestionó la famosa dicción de la alocución del general romano Julio César tras la marcha sobre Roma: "¿César dijo "veni, vidi, vici", o fue más como "weni, widi, wici?". Según la investigación, liderada por la Universidad de Zúrich, las condiciones biológicas han sido infravaloradas a la hora de explicar el desarrollo de los fonemas humanos. Hasta ahora se creía que los sonidos que pronunciamos los seres humanos habían permanecido invariables desde la aparición del Homo sapiens hace unos 300.000 años, independientemente de cualquier cambio posterior en la biología humana.

El abandono de la caza, junto a las herramientas para procesar alimentos, alteró nuestros dientes


Pero el equipo de investigadores, liderado por el científico de la Universidad de Zúrich Damian Blasi, decidió estudiar cómo fueron evolucionando los sonidos y el discurso humano al tiempo que se produjeron cambios en la dieta que afectaron a la mandíbula, especialmente con el abandono de la caza y la recolección. Así, demostraron que una alteración en la estructura dental adulta humana provocó que los dientes superiores crecieran un poco más adelantados a los dientes inferiores, gracias al desarrollo de mejores herramientas para procesar los alimentos y a una dieta más blanda.

El nuevo estudio continúa así la senda que marcó en 1985 Charles Hockett, quien argumentó que las lenguas que incluyen gran cantidad de sonidos del tipo 'f' y 'v' son generalmente aquellas donde se encuentran gran cantidad de 'alimentos blandos'. Bickel sostuvo que los resultados "demuestran aún más los complejos vínculos entre las prácticas culturales, la biología humana y el lenguaje". "También desafían la suposición común de que, cuando se trata del lenguaje, el pasado suena como el presente".