El sol ya está quemando tu piel: cómo elegir la mejor crema para protegerte
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El sol ya está quemando tu piel: cómo elegir la mejor crema para protegerte

En los días soleados de la primavera podríamos quemarnos con más facilidad, según alerta el Dr. Pizarro. En especial debemos tener cuidado con la cara, el cuero cabelludo (si tenemos poco pelo), los brazos y las piernas

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Aunque todavía quedan unos días hasta que el verano comience de forma oficial, los potentes rayos del sol ya empiezan a tocar nuestra piel. Cabe destacar que los índices de radiación ultravioleta (UV) llegaron a mediados de mayo a ser 'altos o muy altos', similares a los de mitad de agosto.

Va siendo hora de cuidar nuestra piel de los rayos del astro rey, aunque todavía no nos semidesnudemos tirados en una toalla, “especialmente porque tras el otoño e invierno nuestra piel queda menos protegida frente el sol. Por una parte está más clara, con menos melanina”, señala a El Confidencial Ángel Pizarro, responsable de la Unidad de Prevención y Diagnóstico Precoz de Melanoma de la Clínica Dermatológica Internacional (Madrid).

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El dermatólogo explica que la capa córnea de la epidermis también suele estar algo más fina tras el invierno. Siendo el grosor de la capa córnea de la epidermis un mecanismo de protección solar menos evidente, es “muy relevante, por eso, por ejemplo, boca abajo nos quemamos en la espalda pero no en la planta de los pies”.

“Por todo ello, en los días soleados de la primavera nos podríamos quemar con más facilidad”, alerta el especialista. “Que las temperaturas aún no sean muy altas puede favorecer que busquemos más el sol y lo toleremos mejor, con más riesgo de quemarnos si no nos protegemos adecuadamente”, añade.

El mismo cuidado que en verano

Debemos tener el mismo cuidado que en verano, en las zonas que tengamos expuestas al sol.

“Normalmente en primavera buena parte de nuestro cuerpo irá aún cubierto por ropa, así que la cantidad de crema solar a emplear será menor que en verano. Tendremos que tener especial cuidado con la cara, el cuero cabelludo (si tenemos poco pelo), los brazos y las piernas, si por ejemplo nos sentamos en una terraza al sol”, explica Pizarro.

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El especialista señala que aunque nuestra intención pueda no ser la de tomar el sol, si nos descuidamos, el efecto es el mismo, sobre todo en las personas de piel más clara, que se pueden quemar igual que en verano. “Aunque la radiación solar aún sea menos intensa, nuestra piel está menos adaptada a ella y está por ello más sensible”, añade.

El riesgo de no proteger la piel del sol

En el corto plazo, el mayor riesgo es la quemadura solar, que es incómoda. En el largo plazo, las quemaduras solares reiteradas son un factor de riesgo muy claro para desarrollar melanoma años después, que es la forma más peligrosa de cáncer de piel.

En el corto plazo también tienen que tener cuidado las personas que toman algún medicamento capaz de producir una erupción cutánea por fotosensibilidad. “E igualmente las personas que tengan algún problema de piel que empeore con el sol, como el lupus eritematoso o la rosácea. Hay otras enfermedades que mejoran con el sol, como la psoriasis y muchas formas de acné”, subraya.

Foto: Dr. Ruiz y Dr. Pizarro. Opinión

Finalmente, pensando en el tema cosmético, el dermatólogo destaca que hay que tener muy claro que el exceso de sol favorece el envejecimiento cutáneo prematuro, con aparición de manchas y arrugas. En estas pieles con daño actínico acumulado de forma crónica también son más frecuentes algunas formas de precáncer y cáncer de piel, como las queratosis actínicas y los epiteliomas.

Cada cuánto echarnos crema

En estas fechas, conviene repetir la aplicación al menos cada dos horas (en pleno verano y en el entorno del mediodía, incluso cada hora), según Pizarro. “Pero esto es solo orientativo”, aclara. “Depende del momento del día en que nos encontremos y de si la exposición al sol va a ser más o menos prolongada. Si nos va a dar, por ejemplo, a media mañana y luego a primera hora de tarde, lo correcto sería aplicar el protector solar algo antes de que nos vaya a dar el sol en ambos momentos”.

Además, la crema solar no excluye de otras formas de protección, “debemos buscar la sombra cuando nos sea posible, debemos protegernos con ropa, sombreros o gorros y gafas de sol, y recurrir a las cremas solares para las zonas de nuestra piel en las que de forma inevitable nos vaya a dar el sol”.

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De la crema hidratante tampoco nos podemos olvidar: “Si un día nos ha dado mucho el sol, nuestra piel agradecerá que apliquemos esa noche una crema hidratante con efecto balsámico y reparador, que es lo que procuran hacer muchos productos ‘aftersun’”, apunta.

“En cualquier caso, todo esto dicho sin demonizar en exceso al sol. Algo de sol con moderación es agradable y tiene también efectos saludables sobre nuestro cuerpo e incluso sobre nuestra mente”, matiza el especialista.

Cómo comprar una buena crema

Recalca que hay muchas cuestiones técnicas que al público general es normal que se le escapen, así que es bueno que nos asesore un profesional, en este caso el dermatólogo o el farmacéutico.

“La crema solar debe darnos alta protección frente a radiación ultravioleta A y B. El factor de protección que marca el envase suele indicarnos la protección frente a ultravioleta B. Como mínimo debemos elegir un índice de 20, y en pieles claras mejor movernos entre el 30 y el 50”, desgrana.

Actualmente tenemos muchas opciones donde elegir para adaptar el protector solar elegido a nuestro tipo de piel, la zona corporal, nuestra edad y el tipo de actividad en que vamos a emplearla. No está de más que nos fijemos en que la marca elegida excluya de su composición algunos componentes químicos de mayor impacto medioambiental.

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Respecto al factor más recomendable recomienda nunca bajar de un 20: “La razón es que, con la cantidad de protector que solemos emplear cuando nos lo aplicamos, el índice de protección real en nuestra piel está muy por debajo del que marca el envase. Por eso, en pieles más claras o sensibles, mejor elegir siempre un 30 o un 50. Dependiendo de la normativa de cada país podemos encontrar productos con índice más elevado, a veces indicado como 50+. En pieles muy sensibles o en situaciones de alto riesgo de quemadura, esta sería la mejor opción. En la práctica es más fácil que nos quememos por emplear poca cantidad del producto o por no reaplicarlo cada una a dos horas que porque elijamos un índice inadecuado”.

Además el dermatólogo añade que no es imprescindible echarnos una crema diferente en cada parte del cuerpo, “pero es cierto que algunas formas de presentación de los protectores solares se adaptan mejor a zonas concretas de nuestra piel. Por ejemplo, las leches, sprays y aceites son más fáciles y cómodos de aplicar en el cuerpo, mientras que las cremas, emulsiones y geles son más adecuadas para la cara”.

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