La microbiota será la que permitirá que aterricemos en Marte
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La microbiota será la que permitirá que aterricemos en Marte

Aunque el interés del público en la exploración espacial haya disminuido en los últimos años, cada vez está más cerca el momento en el que hombre ponga el pie en Marte. Curiosamente, dependeremos de los seres vivos más pequeños

Foto: El astronauta (y ministro) Pedro Duque, junto con Matthias Maurer y Charles Cockell detrás de un cultivo bacteriano. (Foto: ESA)
El astronauta (y ministro) Pedro Duque, junto con Matthias Maurer y Charles Cockell detrás de un cultivo bacteriano. (Foto: ESA)

El espacio no está hecho para nosotros. Algunos de los logros técnicos más importantes de la historia han estado relacionados con la exploración espacial y ahora, 51 años después de la llegada del hombre a la luna, el ser humano sigue buscando nuevas objetivos. Cierto es que el interés del público en el espacio ha decaído en los últimos años. Después de los desastres de los transbordadores espaciales Collumbia y Challenger (2003 y 1989, respectivamente), el programa se canceló y, por buena que sea la iniciativa de mantener en todo momento una dotación de astronautas en la Estación Espacial Internacional (ISS), situada en baja órbita terrestre, las limitaciones del espacio llevan sin ponerse a prueba demasiados años.

Ahora, la NASA, que junto a la rusa Roscosmos y a la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) componen las principales agencias espaciales del mundo, se ha propuesto, gracias al Artemis Program, volver a poner en el año 2024 al ser humano en la luna (en esta ocasión, a la primera mujer), con las vistas puestas en una futura exploración tripulada de Marte.

Una vez en Marte buscaremos bacterias, pero serán las de nuestro propio intestino las que lograrán que lleguemos allí

Esto ha vuelto a poner sobre el tablero una de las grandes limitaciones que la ausencia de gravedad (aunque tal cosa no existe, en todo caso sería microgravedad o una órbita heliocéntrica): sus efectos sobre la biología humana, principalmente en su sistema musculoesquelético, en su metabolismo, en sus capacidades cognitivas, en su sistema inmune y en su sistema digestivo. La carencia de gravedad impide que los músculos se mantengan todo lo fuerte que deberían, así como propicia que los huesos se descalcifiquen (esto está ocurriendo en este preciso momento a los astronautas y cosmonautas de la ISS). Es por esto que se fuerzan a cumplir con un intenso entrenamiento basado en cintas de correr, correas de sujeción y pesas hidráulicas, para mantener así su biología como debe ser. Pero esto también plantea otros problemas. El primero es que, por mucho que entrenen, no se detiene el proceso, solo se reduce (estar tumbado en la cama en la Tierra hace más por nosotros que estar corriendo en el espacio). El segundo es que no todo se debe al carácter mecánico de nuestra anatomía, sino también al químico.

Foto: NASA.
Foto: NASA.

La microgravedad afecta a nuestro metabolismo (los astronautas muestran una menor sensibilidad a la insulina), provoca náuseas -lo que dificulta que los astronautas consuman todos los nutrientes que necesitan- y, por último, altera negativamente la microbiota, el conjunto de todas las bacterias que viven en nuestro intestino y que cumplen funciones vitales para nosotros que no podemos llevar a cabo por nosotros mismos (como la descomposición de la bilirrubina).

Lo único que logran estos factores es contribuir a estados de malnutrición y a problemas gastrointestinales, como las infecciones y la inflamación. Diversos estudios se han centrado en la composición de la microbiota de los astronautas y su rol en la salud de los mismos durante los periodos de exploración espacial. Por ello, las profesoras Silvia Turroni, de la Universidad de Bolonia, y Martina Heer, de la Universidad de Bonn, han llevado a cabo un esclarecedor nuevo estudio científico.

En él, las investigadoras valoran una gran cantidad de trabajos científicos llevados a cabo con anterioridad que sugieren que el viaje espacial 'fastidia' la microbiota intestinal. Por ejemplo, un trabajo descubrió que las floras intestinales de los astronautas de una misma misión se volvían más similares las unas a las otras durante el viaje. Además, se observó un aumento de las especies bacterianas relacionadas con la inflamación intestinal y un descenso notable de aquellas que poseen cualidades antiinflamatorias.

"Los cambios en el microbioma parecen conllevar una rotura del delicado y complejo equilibrio que mantiene nuestro cuerpo con las bacterias que colonizan nuestro intestino. Esto puede tener repercusiones de lo más serias en la funcionalidad de nuestra biología", explica la investigadora Silvia Turroni.

Por suerte, el trabajo de las profesoras ha desvelado que manipular la flora intestinal de los astronautas puede ser una solución muy efectiva para mantener la salud de los mismos durante la misión. "La literatura científica de la que disponemos sugiere que el uso de contramedidas basadas en prebióticos y probióticos durante el viaje puede proteger a los astronautas", subraya Turroni.

Foto: El calentador de comida del proyecto Skylab permitió la mejor nutrición de astronautas. (Foto: NASA)

"El bienestar de la flora intestinal de los astronautas (y de la nuestra) debería ser uno de los principales objetivos en las misiones de larga duración", señala la profesora Martina Heer. Y continúa: "Para asegurarnos de que los objetivos del proyecto se cumplen, no debemos pasar por alto los millones de microorganismos que residen en nuestro interior. Debemos cerciorarnos de que siempre reine el equilibrio"

Si tenemos la suerte de presenciar cómo el ser humano pone, por primera vez en la historia, el pie en otro planeta, una de las principales tareas científicas que se llevarán a cabo, sin ningún tipo de dudas, es la búsqueda de microorganismos que vivan o pudieran haber vivido en el planeta rojo. Este estudio, en cambio, sugiere que son los microorganismos (los nuestros propios) los que conseguirán que podamos llegar allí.

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