Es difícil contenerse frente a un refrescante vaso de agua con hielo ante el alivio que supone en esos días de intenso calor. Frente a los refrescos y las bebidas alcohólicas, los médicos recomiendan recurrir al agua para hidratarse, sin embargo, los consejos y precauciones para consumir este líquido tan elemental también deben estar presentes.

Nuestro organismo, y en particular nuestro estómago, posee una temperatura interna que debe alterarse lo menos posible. El ser humano es homeotermo y endotermo. Ello implica que, a pesar de que existan variaciones en la temperatura ambiental, la producción de calor interna tiende a ser estable. Por ese motivo, cuando tomamos alimentos demasiado calientes o fríos, el impacto térmico puede obstaculizar el trabajo del aparato digestivo, que deberá afrontar una sobrecarga.

Tomarla tras las comidas cambia la temperatura del estómago justo cuando empieza la digestión

Aunque hay personas que consumen tranquilamente agua fría sin presentar ningún problema, es necesario ser conscientes de los efectos negativos que pueden surgir. Importante no confiarse: no haberlos padecido antes no significa que seamos inmunes a ellos.

Consecuencias para el aparato digestivo

Beber agua fría durante las comidas puede provocar dolor de estómago. Ello ocurre cuando algunos alimentos que entran en contacto con ella tienden a expandirse, aumentando el volumen del estómago, que puede precisamente acabar hinchándose. Los alimentos grasos tienden también a solidificarse al ser mezclados con agua fría, lo que dificulta el proceso de digestión.

Consumirla justo después de las comidas puede tener consecuencias todavía más graves ya que cambiamos la temperatura del órgano justo en el momento en el que se inicia la digestión. El proceso se puede así ralentizar y complicar causando, en algunos casos, reflujo gastroesofágico.

Foto: iStock.
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Los problemas pueden, incluso, aumentar en verano ya que al tender a beber demasiada agua en este estado se diluyen los ácidos del estómago con la consiguiente ralentización de las funciones digestivas.

Agua fría y deshidratación

Aunque resulte contradictorio, la temperatura demasiado baja del agua puede llevar a la deshidratación, ya que su absorción es más difícil para el organismo. No se trata de deshidrataciones graves, pero sí se pueden manifestar en agunos problemas como cansancio, falta de concentración, irritabilidad y nerviosismo.

Otras precauciones

Por supuesto, la costumbre de beber el líquido en este estado queda desaconsejada para aquellas personas que tienen los dientes o las encías sensibles, ya que en estos casos la baja temperatura del agua puede desencadenar o acentuar su sintomatología.

Pero existen también otros aspectos a tener en consideración. El primero, la irritación de garganta además de otros problemas respiratorios. El agua fría vuelve la mucosa nasal más viscosa, a diferencia de los remedios calientes, como los caldos, que facilitan la liberación de las vías. Por otro lado, el agua fría puede alterar la frecuencia cardiaca ya que el corazón se ralentiza cuando no se encuentra en valores de temperatura normales.