De entre los numerosos trastornos asociados al aparato digestivo y al fascinante universo de la microbiota, hay uno que de día en día está comenzando a hacerse protagonista en las consultas de los digestivos y de los nutricionistas. Se trata del SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth).

El nombre ya nos da una pista: hablamos de un crecimiento excesivo del número de bacterias que pueblan el intestino delgado. Es decir, estaríamos hablando de un tipo de disbiosis, de un desequilibrio en la microbiota intestinal. Lo que caracteriza al SIBO frente a otras disbiosis es que este crecimiento anómalo se da precisamente en el intestino delgado, una zona cuya misión básica es la digestión y absorción de nutrientes, y que debería estar más o menos ‘limpia’ de estos microorganismos.

El sobrecrecimiento se produce cuando bacterias del colon se desplazan al intestino delgado

En unos casos, este problema se produce por un incremento de bacterias patógenas en la zona; en otros, se trata de una colonización: como indica el doctor Luis Cueva, especialista en Digestivo del Hospital Serranía de Ronda, “tenemos de forma normal varios trillones de bacterias en el intestino. La mayoría están en el colon o intestino grueso, y solo unas pocas en el delgado. El sobrecrecimiento bacteriano se produce cuando las bacterias que viven normalmente en el colon proliferan hacia una zona en donde casi no deberían estar. Y esto provoca diversos síntomas”.

Foto: iStock.
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Se trata tanto de síntomas digestivos -gases, hinchazón, diarrea, estreñimiento, distensión abdominal, intolerancias alimentarias…- como de problemas cutáneos, trastornos autoinmunes, dolores articulares… “Pueden ser tan diversos que esa inespecificidad es una de las razones por las que el diagnóstico se complica -señala la dietista-nutricionista Ángela Moreno-. Yo cada día veo más casos en consulta, y normalmente los pacientes han tenido que oír más de una vez que 'lo suyo' era algo que estaba en su cabeza. Por otra parte, se trata a menudo de síntomas compartidos con otras patologías, como el síndrome de intestino irritable, la enfermedad celiaca o la intolerancia a la lactosa”. Además, tampoco es fácil saber si son síntomas provocados por el SIBO o, por el contrario, están causados por la patología primaria que ha causado la aparición del SIBO. Una vez más, el huevo y la gallina.

El primer paso, sospecharlo

Esta es una de las características de quien sufre sobrecrecimiento bacteriano: el peregrinar de un sitio a otro con un cuadro clínico tan difuso y común a otros trastornos que, a menos que el especialista haya oído hablar de este trastorno y piense en él, el diagnóstico puede no llegar nunca. “Para diagnosticar el SIBO, lo más importante es sospecharlo”, aseguraba la doctora Sari Arponen, especialista en Medicina Interna del Hospital de Torrejón, en la charla 'Las bacterias que nos habitan: la microbiota como eje de un buen estado de salud', celebrada el pasado fin de semana en el Hospital Universitario La Paz. “Pero el SIBO es un proceso que todavía es poco conocido y diagnosticado”.

Las investigaciones son constantes, eso sí, y han permitido identificar algunas de las causas por las que comienza a haber un exceso de bacterias en el intestino delgado. “Una de ellas es una disminución del pH ácido del estómago por un consumo continuado de antiácidos -advierte Ángela Moreno-. Es algo que cada vez veo más en consulta y podríamos evitarlo con cambios en la dieta”. Pero también son causa de SIBO aquellos factores que dificultan el movimiento intestinal o disminuyen la secreción de sustancias protectoras.

Una de sus causas puede ser el consumo excesivo de antiácidos


Y en una nueva vuelta de tuerca, la doctora Arponen apunta que, tal vez, el SIBO sea una llamada de alerta del organismo, que interactúa con su microbiota para intentar solucionar otro problema subyacente, como un déficit nutricional o un desequilibrio metabólico. Por eso es tan recomendable realizar una buena historia clínica del paciente.

Pero todo esto es impensable si ni siquiera se conoce el trastorno: “Lo veo día a día en el hospital y en mi consulta online: la mayoría de mis compañeros no sabe mucho sobre el tema y ni siquiera sospecha la enfermedad -expone el doctor Cueva-. Y esto se agrava por la escasa importancia que le dá el sistema de salud a la formación en este tipo de enfermedades que aunque son muy frecuentes, no siempre son graves. Como ejemplo de ello, en las próximas oposiciones al Servicio Andaluz de Salud, en el temario no aparecen siquiera mencionados ni el SIBO ni el colon irritable"

Test diagnósticos

Para poder abordar el tratamiento más adecuado a cada paciente, es esencial contar con un diagnóstico. Debido a lo inespecífico de los síntomas, la historia clínica se queda coja para poder decir con seguridad que un paciente tiene SIBO. Hasta hace algún tiempo, se realizaba un aspirado yeyunal, es decir, se tomaba una muestra del contenido del yeyuno, se cultivaba y se observaba cuántos microorganismos estaban presentes en esa zona. “En estos momentos, la prueba más indicada para valorar el sobrecrecimiento bacteriano es el test de aliento, porque es más cómoda y menos invasiva que el aspirado yeyunal”, explica el doctor Cueva, quien sin embargo nos advierte de que “el test de aliento debe interpretarse solo en el contexto de una evaluación integral del paciente: signos, síntomas y antecedentes médicos. Nos fiamos demasiado de las pruebas, y hay personas que pueden dar positivo a este test y, sin embargo, estar totalmente sanos”.

El objetivo de la prueba es medir los niveles de hidrógeno y metano en el aire espirado (se trata de dos gases que normalmente nosotros no producimos, sino que lo hacen las bacterias al fermentar). Para ello, se alimenta a las bacterias con su 'comida favorita' (normalmente lactulosa) y después se hace soplar al paciente. El proceso dura unas tres horas, en las que el gas producido por la fermentación va pasando del intestino a la sangre, después a los pulmones y finalmente se exhala. Un resultado positivo sería el primer indicio para comenzar a considerar que el paciente tiene SIBO, pero hay que recordar la posibilidad tanto de falsos positivos como de falsos negativos, por lo que los resultados deben contemplarse con cautela. Y no nos debemos conformar con el diagnóstico, apunta la doctora Arponen: “Es importante que se busquen las causas detrás del SIBO, que pueden ser múltiples”.

Foto: iStock.
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El tratamiento del SIBO es, en principio, tanto farmacológico (antibióticos) como dietético. "El primer paso sería eliminar las bacterias -explica el doctor Cueva-. Esto se hace con antibióticos, y se elegirá el más adecuado en función de si el test ha dado positivo en metano o en hidrógeno. Ahora hay otra corriente que propone utilizar antibióticos y antifúngicos a base de hierbas medicinales. En cualquiera de los casos, siempre hay que complementarlo con una dieta específica".

En este sentido, Ángela Moreno señala que la dieta de elección para personas con SIBO es una dieta baja en FODMAP. "Es la que se utiliza para el intestino irritable y se basa en eliminar determinados carbohidratos que producen sintomatología. Es también mi primera propuesta cuando tengo pacientes que no están diagnosticados de sobrecrecimiento, pero en los que, al hacer la historia clínica, detecto una serie de síntomas que apuntan a este trastorno. Es una dieta muy limpia, en la que quitas todos los procesados y también algunas frutas y verduras". La idea no es seguir permanentemente con estas restricciones, sino "comprobar si ha mejorado la sintomatología e ir introduciendo, paulatinamente, distintos alimentos para ver la reacción".