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Por qué estar mal también está bien: la tristeza es tan necesaria como la alegría
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Salud mental

Por qué estar mal también está bien: la tristeza es tan necesaria como la alegría

No existen emociones positivas o negativas, ni tampoco 'normales' o 'raras'. Hay alteraciones del ánimo, a secas. Y los sentimientos son una pieza clave del funcionamiento psicológico, están en el centro de nuestro bienestar

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Huimos de las emociones que culturalmente asociamos a malestar, como la tristeza, el miedo y el enfado. Pero, en realidad, son estados de ánimo tan necesarios como la alegría, el entusiasmo o el amor.

No existen emociones positivas o negativas, ni tampoco 'normales' o 'raras'. Existen emociones, a secas. Y los sentimientos son una pieza fundamental del funcionamiento psicológico, están en el centro de nuestra salud. Una buena regulación emocional nos permite adaptarnos a nuestro entorno y afrontar la vida. Por el contrario, una mala puede provocar síntomas psicopatológicos.

Para saber a qué nos referimos cuando hablamos de emociones es necesario aportar una definición: son reacciones automáticas que nos informan sobre algo que nos está ocurriendo en la vida y nos preparan/orientan para afrontar la situación que tenemos delante. Esta respuesta la experimentamos en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Los sentimientos nos aportan una información muy valiosa, ya que nos dicen cómo estamos y qué necesitamos. Además, nos permiten construir nuestra identidad al darnos esta información sobre lo que queremos, lo que nos asusta, lo que nos enfada, etc.

Foto: El rincón de llorar de La Llorería. (Reuters)

Una vez hemos establecido que todas las emociones son fundamentales para el bienestar general y una correcta salud mental, cabe plantearse la pregunta: ¿estar mal también está bien?

“Estar ‘mal’ –triste, enfadado o asustado– está bien porque hay situaciones de la vida que nos pueden asustar, enfadar o entristecer. Y es necesario darnos cuenta de todo”, señala a El Confidencial el psicólogo Jorge Lareo Otero. En este sentido, el especialista del Instituto Psicológico Cláritas apunta a que si no atendemos estas emociones:

  • Desconectamos de nosotros mismos.
  • Quedamos desorientados a la hora de afrontar nuestros problemas. Nos quedamos sin resolver nuestros conflictos y esto nos va a seguir haciendo sufrir aunque no queramos darnos cuenta.
  • La tristeza o el miedo van a seguir estando y se pueden manifestar por otras vías (problemas interpersonales, problemas de sueño, dolores físicos, etc).

La tristeza no es negativa

Debemos trasmitir la idea de que los cambios emocionales, también la tristeza o pesadumbre temporal, son completamente normales. “Psicológicamente hablando, es una calamidad decir que la tristeza no es algo normal”, sentencia Lareo.

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Foto: iStock.

“Las emociones son reacciones automáticas, por lo que son parte de nuestra naturaleza. La tristeza es un sentimiento natural como la alegría o como el amor. Si te has enfadado con un ser querido o has tenido un mal día en el trabajo, ¿tienes que estar feliz? La realidad es que no elegimos cómo nos sentimos, simplemente sentimos”, explica el psicólogo.

Por ello insiste en que es “fundamental” transmitir la idea de que es completamente normal tener cambios emocionales en función de las circunstancias que vivimos, “y por supuesto que es totalmente normal estar triste”.

Desestigmatizar un día ‘cruzado’

El psicólogo considera que no debemos estigmatizar estar mal “porque así generamos un sentimiento de culpabilidad en las personas que se sienten mal. De esta manera, una persona que se siente triste, además se va a sentir culpable por estar triste”. En resumidas cuentas: no pasa nada por tener un día ‘cruzado’.

Además, Lareo señala que al estigmatizar el malestar conseguimos que las personas que se encuentran mal crean que son extrañas o diferentes. “De esta forma echamos más peso sobre la mochila de una persona que está sufriendo, haciendo que sus problemas sean aún más grandes”, detalla.

Rechazo del bienestar supremo

El psicólogo considera que hay que rechazar la idea del bienestar supremo: “En la cultura actual están muy presentes los mensajes de ‘tú puedes elegir si estás bien o mal’ y ‘hay que estar bien en todo momento’. A esta corriente de pensamiento arraigada en nuestra cultura la llamamos positivismo patológico”.

Lareo considera que el positivismo patológico está haciendo mucho daño “porque nos coloca encima una presión enorme al exigirnos que debemos estar bien en todo momento y nos hace sentirnos culpables cuando no lo conseguimos. Tacha el malestar como algo extraño o negativo, cuando el sufrimiento es algo inherente a la vida”.

Foto: Ya (casi) es Navidad. (EFE/Ana Escobar)

Al preguntarle al especialista por qué no debemos culpabilizarnos si estamos mal responde: “Porque el sufrimiento es inherente a la vida y lo sano es estar mal cuando la situación que estamos viviendo nos hace daño. Además, si nos echamos encima la culpa por estar mal nos va a resultar más difícil enfrentar la situación que nos genera malestar”.

No te fuerces a aparentar que estás bien

Si realmente no estamos bien, no es necesario que tratemos de aparentarlo. Ya estemos en un ambiente laboral, familiar o entre amigos no debemos forzarnos en sonreír si no nos sentimos así, por varios motivos según el psicólogo.

En primer lugar, “porque si ignoramos nuestros sentimientos de malestar, lo que estamos haciendo es evitar nuestras emociones. La evitación emocional es una de las mayores fuentes de problemas en salud mental, todos los trastornos de ansiedad se mantienen porque la persona evita sentir el miedo para intentar protegerse. Si no miramos lo que estamos sintiendo, vamos a quedar desconectados y desorientados ante el mundo, perdiendo toda la información que nos están dando nuestras emociones. Sí, hay emociones desagradables, pero es fundamental escucharlas para poder comprendernos y afrontar las situaciones que tenemos delante para así alcanzar las metas que nos importan”.

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Foto: iStock.

En segundo lugar, el especialista también señala que no debemos forzarnos a aparentar estar bien “porque se paga caro el esfuerzo psicológico que hace una persona al engañarse a sí misma y engañar a los demás de que está bien. Es un esfuerzo muy grande que aumenta el malestar y lleva a la persona en dirección contraria a solucionar su problema, agravándolo aún más”.

En tercer lugar, porque perdemos nuestra identidad. Las emociones organizan nuestra identidad, nos ayudan a conocernos y saber quiénes somos. Cada vez que no escuchamos lo que sentimos, empobrecemos el conocimiento que tenemos de nosotros mismos.

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El psicólogo tiene claro cómo podemos trasmitir a una persona –por ejemplo en un ambiente laboral– que estamos mal y que simplemente queremos que nos dejen en paz, ni aparentar estar bien ni que te pregunten: con comunicación asertiva.

“Si necesitamos que nos dejen un poco en paz durante un día en el trabajo es importante expresar cómo nos sentimos y lo que necesitamos. Para ello, es necesario expresar nuestra necesidad de forma asertiva. En el trabajo es importante cuidar las formas en que decimos las cosas, y al mismo tiempo es importante no dejar de lado cómo nos sentimos”, apunta el psicólogo.

Asimismo pone un ejemplo de cómo hacerlo: “Disculpa, Antonio, hoy no estoy teniendo un buen día y estoy un poco ansioso (expreso cómo me siento). Voy a sacar adelante el trabajo que me toca hoy (me comprometo a cumplir con mi responsabilidad), pero necesitaría tener un poco de espacio para poder estar tranquilo y ser más productivo (expreso las condiciones que necesito para cumplir con mi responsabilidad)”.

Qué hacer si se cronifica el malestar

Si este malestar es pasajero, no pasa nada. Pero si se cronifica sí que es necesario acudir a un especialista.

Foto: Foto: Unsplash.

“Si llevamos más de dos semanas con síntomas persistentes de malestar (depresión y/o ansiedad) es importante acudir a un profesional de la salud mental (psicólogo y/o psiquiatra) para que nos ayude a gestionar nuestros problemas”, concluye Lareo.

Huimos de las emociones que culturalmente asociamos a malestar, como la tristeza, el miedo y el enfado. Pero, en realidad, son estados de ánimo tan necesarios como la alegría, el entusiasmo o el amor.

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