¿Tomas glucosa después del ejercicio? A tu músculo no le viene nada bien
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¿Tomas glucosa después del ejercicio? A tu músculo no le viene nada bien

Mantener una buena musculatura, en cantidad y calidad, es necesario para el rendimiento deportivo y el bienestar durante el envejecimiento. Pero, al contrario de lo que se piensa, el azúcar no favorece la salud musculoesquelética

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Foto: Unsplash/Dulcei Lima.

Comidas cargadas de hidratos de carbono y complementos de glucosa (geles y ampollas) son imprescindibles para las personas acostumbradas a hacer ejercicio físico de una forma más o menos intensa y constante. Pero a los más sedentarios tampoco les puede faltar el azúcar, ya que es un remedio para prevenir las agujetas después de realizar una actividad a la que su cuerpo está poco habituado.

La hiperglucemia induce el deterioro de la regeneración y la atrofia muscular

Por unas u otras razones, lo cierto es que tenemos interiorizado que un extra de glucosa es lo que necesitan nuestros músculos para reponerse. Sin embargo, si nos ajustamos estrictamente al concepto de regeneración muscular (reparar lesiones deportivas o evitar la pérdida de masa debida al envejecimiento, la enfermedad o el sedentarismo), quizá la glucosa no sea la mejor ayuda, más bien al contrario: lastra la recuperación. Esta es la sorprendente conclusión a la que ha llegado un equipo de científicos de la Universidad Metropolitana de Tokio, que ha comprobado en el laboratorio que las células satélite musculoesqueléticas (un tipo de células madre), cruciales para la regeneración, proliferan mejor en medios con poca glucosa. Además, una concentración excesiva de esta sustancia es negativa para el músculo porque la hiperglucemia induce el deterioro de la regeneración y la atrofia muscular, según exponen en un artículo que se ha publicado en la revista 'Frontiers'.

Más masa muscular, mejor calidad de vida

Los investigadores japoneses, liderados por el profesor Yasuko Manabe, se propusieron profundizar en los mecanismos de reparación del músculo, aunque ya sabían que las células satélite se aceleran, se multiplican y se fusionan con las células musculares (miocitos) cuando están dañadas. En ese proceso no solo se revierte la lesión, sino que se mantiene la masa muscular, un aspecto que es muy importante para conservar una buena calidad de vida (de hecho, la fragilidad está muy ligada a la escasez de músculo).

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Foto: iStock.

Para estudiar todos los mecanismos, cultivaron miocitos en placas de laboratorio en diferentes medios, entre ellos soluciones ricas en glucosa, puesto que es el alimento que necesitan muchas células para multiplicarse, y así ocurre en el cáncer. Al evaluar el crecimiento celular, observaron, en contra de lo esperado, que la velocidad era más lenta en un medio alto en glucosa y, a la inversa, había más proliferación con poca. También confirmaron que en un medio pobre en glucosa hay más células madre musculares, un dato que resulta muy valioso de cara a la medicina regenerativa para tratar enfermedades que provocan atrofia muscular.

El equipo de Manabe piensa que las células satélite no necesitan la glucosa para obtener energía, sino una fuente diferente que aún está por determinar. Los autores creen que sus resultados pueden explicar la pérdida de masa muscular que muestran muchos pacientes diabéticos.

Foto: Dieta y músculo. (iStock)

En línea con el trabajo nipón, pero mucho antes, científicos de las Universidades de Alabama y Baylor, en Estados Unidos, habían publicado un artículo que afirmaba que la sobrealimentación con proteínas y carbohidratos, unida a entrenamiento de fuerza, no mejora la composición corporal ni aumenta la síntesis de proteínas ni la formación de músculo. O sea, que hartarse de pollo y arroz no parece, según este trabajo difundido en el 'Journal of Sports Science and Medicine', el camino para tener más músculo.

Hidrogel reparador

Entonces, ¿hay alguna forma de acelerar la reparación de una lesión muscular o solo cabe esperar a que la naturaleza por sí misma se encargue de curarla?

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Foto: iStock.

La buena noticia llega de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y del CIBER Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), que han diseñado un nuevo biomaterial para la recuperación de lesiones musculares. Se trata de un hidrogel de alginato cargado de boro, que se administraría con una inyección subcutánea. Según las pruebas realizadas hasta el momento -en modelos animales-, es capaz de regenerar el músculo dañado de forma muy rápida (en la mitad del tiempo que tarda en hacerlo de forma natural).

El avance científico también podría aplicarse a la prevención y el tratamiento de la atrofia muscular asociada al envejecimiento. Los resultados del trabajo de estos investigadores españoles se han publicado en la revista 'Ciencia e Ingeniería de Materiales'.

La clave del alto rendimiento de este biomaterial radica en la liberación de boro, con el que se carga el hidrogel, y que estimula unas proteínas (integrinas) que favorecen la adhesión de las células a la matriz y mejoran la regeneración muscular anatómica.

La investigadora Patricia Rico, coautora del trabajo, explica: “En las pruebas realizadas en el laboratorio tras inducir una lesión aguda con cardiotoxina (veneno de serpiente cobra) en ratones, hemos comprobado que, al añadir boro a las células musculares dañadas, se adhirieron de manera más rápida y robusta, permitiendo que el músculo se regenere en un periodo de tiempo más corto”.

Este trabajo muestra una forma sencilla y novedosa de lograr la regeneración muscular. "Si, por ejemplo, un desgarro fibrilar de segundo grado tarda 30 días en regenerarse, el uso de nuestro hidrogel reduce el tiempo de recuperación a 15 días", asegura Rico.

Y menos frecuente que los desgarros musculares es la distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad degenerativa rara (afecta a uno de cien mil niños) que, tal vez, podría mejorar con el uso del hidrogel, un uso que investiga el equipo de la UPV. “Nuestro objetivo es evaluar las posibilidades de nuestro sistema para el tratamiento de esta distrofia, que suele manifestarse entre los dos y los tres años de edad y que, al ser una enfermedad degenerativa, reduce drásticamente la esperanza de vida de estos niños”, resalta Patricia Rico. Lo consiga o no, la esperanza es lo último que se pierde.

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