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¿Saturado de información sobre cómo comer bien? Esta es la realidad
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¿Saturado de información sobre cómo comer bien? Esta es la realidad

Recibimos un bombardeo constante de noticias sobre cómo alimentarnos y cuándo. Muchos estamos saturados de información y a veces no sabemos qué consejo seguir para conseguir una vida saludable

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La presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, Alma Palau tiene claro lo que significa alimentarse bien: “Comer bien es ingerir lo que tu cuerpo necesite, es decir, llevar una alimentación que te permita hacer una vida activa y saludable. Cada cuerpo es diferente porque comer bien no significa lo mismo para un niño que para un adulto”. Una vez hemos aclarado este punto, desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, en palabras de su presidenta, nos dan un consejo clave para llevar una buena alimentación: “Comer con sentido común, es decir, menos productos y más alimentos”. Aunque pueda parecer fácil, Palau afirma que “es muy importante dejarse aconsejar por el propio sentido común” y, en el caso en el que alguien haya perdido el rumbo, “acudir a un profesional y dejarse orientar”.

"La publicidad alimentaria y los envases falsean la realidad"

Además, Palau apunta a que es cierto que “si una persona entra en una gran superficie o en un mercado central va a elegir mucho mejor en el mercado central. Tenemos que recuperar y volver a los alimentos, no a los productos alimenticios que produce la industria, volver a la carne fresca no procesada, por ejemplo”. Con la frase “comer con sentido común”, la experta también se refiere a “dejar de hacer tanto caso a la publicidad, anuncios, envases…” porque “todo eso distorsiona y falsea mucho la información real, disfraza mucho a los alimentos o productos, ya que muchas veces no son propiamente alimentos sino productos comestibles”.

El riesgo de los aditivos alimentarios

Los aditivos alimentarios son, según explica la Organización Mundial de la Salud (OMS), “las sustancias que se añaden a los alimentos para mantener o mejorar su inocuidad, su frescura, su sabor, su textura o su aspecto se denominan aditivos alimentarios. Algunos de ellos se llevan empleando desde hace siglos para conservar alimentos, como ocurre con la sal (en carnes como el tocino y los pescados secos), el azúcar (en las mermeladas) y el dióxido de azufre (en el vino)”. La OMS, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha evaluado los riesgos para la salud humana de los aditivos alimentarios. El órgano responsable de esta evaluación es el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), un grupo internacional e independiente de expertos científicos. “El punto de partida para determinar si un aditivo alimentario se puede utilizar sin causar efectos perjudiciales es el establecimiento de la ingesta diaria admisible, que es una estimación de la cantidad de la sustancia presente en los alimentos o en agua potable que una persona puede ingerir a diario durante toda la vida sin que llegue a representar un riesgo apreciable para su salud”, aseguran desde la OMS.

El Ministerio de Sanidad y AECOSAN han publicado un documento informativo sobre aditivos alimentarios en el que aseguran que son buenos aliados siempre que “mantenga la calidad nutricional del alimento, proporcione ingredientes necesarios en alimentación destinada a poblaciones especiales, mejore su estabilidad, conservación y sus propiedades de sabor, color, olor pero siempre sin confundir al consumidor, ayude en su fabricación, transformación, preparación, tratamiento, envasado y transporte”.

Alimentos ultraprocesados

Refrescos, cereales, comidas preparadas, bocadillos preparados, productos cárnicos reconstituidos, dulces.... Cada vez comemos más alimentos procesados o ultraprocesados, y aunque somos conscientes de que nada bueno tiene que tener la ingesta de productos fabricados de forma industrial, no llegamos a tener en cuenta el peligro real del consumo de estos productos alimentarios. Existen varios estudios sobre la relación del consumo de alimentos procesados y el riesgo de padecer cáncer, obesidad e incluso la muerte.

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Un estudio realizado por la Universidad de Navarra, siguió a 19.899 personas durante una década y evaluó su dieta cada dos años. En ese periodo, se dieron 335 muertes. Pero por cada 10 muertes entre aquellos que comían menos alimentos ultraprocesados, hubo 16 entre quienes más los consumían (más de cuatro porciones al día). El segundo estudio, realizado por la Universidad de París, siguió a 105.159 personas durante cinco años y también evaluó su dieta dos veces al año. Este mostró que aquellos que comían más alimentos ultraprocesados ​​tenían peor salud en lo que se refiere al corazón. Las tasas de enfermedad cardiovascular fueron de 277 por cada 100.000 personas por año entre quienes consumieron mayormente alimentos ultraprocesados, en comparación con las 242 por cada 100.000 que registraron quienes los comieron menos. Otro estudio publicado por BMJ concluyó que existe una posible asociación entre la ingesta de alimentos altamente procesados ("ultraprocesados") en la dieta y el cáncer. Aunque se necesita más investigación, los resultados sugieren que el consumo cada vez mayor de alimentos ultraprocesados "puede generar una carga creciente de cáncer en las próximas décadas", advierten los investigadores.

Consejos de la OMS para una alimentación sana

La OMS ofrece información sobre cómo debe ser una dieta saludable y explican que “la ingesta calórica debe estar equilibrada con el gasto calórico. Para evitar un aumento malsano de peso, las grasas no deberían superar el 30% de la ingesta calórica total. La ingesta de grasas saturadas debería representar menos del 10% de la ingesta calórica total, y la ingesta de grasas trans, menos del 1%; para ello, el consumo de grasas se debería modificar a fin de reducir las grasas saturadas y trans, en favor de grasas no saturadas , con el objetivo final de suprimir las grasas trans producidas industrialmente. Limitar el consumo de azúcar libre a menos del 10% de la ingesta calórica total forma parte de una dieta saludable. Para obtener mayores beneficios se recomienda reducir su consumo a menos del 5% de la ingesta calórica total. Mantener el consumo de sal por debajo de 5 gramos diarios (equivalentes a menos de 2 g de sodio por día) ayuda a prevenir la hipertensión y reduce el riesgo de cardiopatías y accidente cerebrovascular entre la población adulta”

La presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, Alma Palau tiene claro lo que significa alimentarse bien: “Comer bien es ingerir lo que tu cuerpo necesite, es decir, llevar una alimentación que te permita hacer una vida activa y saludable. Cada cuerpo es diferente porque comer bien no significa lo mismo para un niño que para un adulto”. Una vez hemos aclarado este punto, desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, en palabras de su presidenta, nos dan un consejo clave para llevar una buena alimentación: “Comer con sentido común, es decir, menos productos y más alimentos”. Aunque pueda parecer fácil, Palau afirma que “es muy importante dejarse aconsejar por el propio sentido común” y, en el caso en el que alguien haya perdido el rumbo, “acudir a un profesional y dejarse orientar”.

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