El desperdicio de alimentos se ha convertido en un hábito en la mayor parte de los países del globo. De hecho, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación) calcula que "un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician". España contribuye sobremanera a engrosar dicho porcentaje, en tanto que arrojamos 7,7 millones de toneladas de comida a la basura, siendo el séptimo país de la Unión Europea que más desperdicia. Pero ¿por qué motivo tiramos tanta comida? La principales razones son que llenamos el carro de la compra con más productos de los que necesitamos, conservamos inadecuadamente los alimentos más sensibles, como las frutas y las verduras, y además no sacamos partido a todas las posibilidades que nos ofrecen los productos comestibles.

Esta situación ha llevado a distintos organismos a promover la gestión adecuada de los alimentos y la cocina de aprovechamiento o 'trash cooking'; es decir, explotar todas las posibilidades que nos ofrecen las existencias de la despensa, reutilizando las sobras para elaborar otros platos, dándoles una nueva vida a los alimentos próximos a su fecha de caducidad o usando partes de los alimentos que habitualmente tendemos a tirar la basura. No en vano, existen porciones de muchos productos, como las hojas, las cáscaras o las semillas, que solemos descartar. Sin embargo, son comestibles, por lo que podemos darles una nueva vida, ya sea incluyéndolos en otras recetas o consumiéndolos en solitario. Aprovecharlos no solo es sinónimo de ahorro o cuidado del medio ambiente, sino también de salud, en tanto que muchas de esas partes que desechamos son las que más beneficios nutricionales nos regalan. Veamos algunos ejemplos.

Pepitas y corteza de sandía

Pepitas de sandía.
Pepitas de sandía.

Las pepitas de esta cucurbitácea, que para muchos constituyen un estorbo a la hora de degustarla o un desecho, son comestibles. Además, regalan un patrimonio nutricional de lo más provechoso, pues son una buena fuente energética y además tienen mucha fibra, proteínas, minerales como el magnesio, el zinc o el calcio y grasas poliinsaturadas, especialmente ácidos grasos omega 6. En la cocina, podemos usarlas para elaborar infusiones o mantequilla, como topping de ensaladas e incluso lácteos. Si queremos darle un toque tostado, basta con hornearlas durante unos minutos.

España es el séptimo país de la Unión Europea que más comida desperdicia

Por su parte, la corteza es rica en citrulina, un aminoácido que mejora el rendimiento físico y coadyuvante de la salud cardiovascular. Además, interviene en la síntesis de la arginina, una aminoácido que mantiene la salud del corazón y el sistema inmunológico.

Cáscara del huevo

Efectivamente, la cáscara también se come, aunque su aspecto sea de lo menos apetecible. No es una novedad, pues hace tiempo que podemos encontrarla en forma de polvo en el mercado. No obstante, tenemos la opción de prepararlas en casa. Para ello, hervimos las cáscaras con el objetivo de eliminar las bacterias y evitar así una intoxicación. Luego las dejamos secar, las horneamos y, finalmente, las trituramos. Podemos usarlas en la ensalada, para restar amargor al café o espolvorearlas en sopas, salsas e incluso postres.

En el ámbito nutricional despunta por su elevado contenido en proteínas y calcio, de hecho, supone el 95% de la cáscara, un mineral clave para la salud ósea. Además, la membrana interior, la que se adhiere a la clara del huevo duro, es rica en colágeno y queratina. Incluso puede ser una gran aliada de la salud de las articulaciones, tal y como concluye un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de los Estados Unidos. Según este, "la membrana de la cáscara de huevo es una posible opción terapéutica eficaz y seguro nuevo para el tratamiento del dolor y la rigidez asociada con trastornos del tejido conectivo y las articulaciones".

Cáscara de la granada

Aunque parezca inverosímil por el grado de dureza y el aspecto poco apetecible que luce, la cáscara de la granada tiene una interesante versatilidad culinaria y además es un dechado de nutrientes, pues es rica en fibra, antioxidantes y minerales. Es muy habitual incluirla en la elaboración de infusiones y jugos, que además se revelan como aliados interesantes de los procesos digestivos e incluso de la prevención de enfermedades crónicas. Así lo demostró un estudio publicado en la prestigiosa revista 'Journal of Funtional Foods', el cual concluye que "usar extracto de piel de granada podría ser una buena estrategia para enriquecer los productos alimenticios con posibles beneficios para la salud en la prevención de enfermedades crónicas".

Piel de la naranja

Foto: iStock.
Foto: iStock.

La cáscara que envuelve las naranjas habitualmente acaba en la basura, pero desde el punto de vista nutricional es un error. Y es que esta es muy rica en flavonoides y fitoquímicos, que despuntan por su actividad antioxidante, ayudando a prevenir enfermedades cardiacas o el cáncer. Además, contiene generosas cantidades de vitaminas C, A y el grupo B y minerales como el calcio o el magnesio. Antes de utilizarla, es preciso lavarla bien para retirar los restos de pesticidas. Después, tenemos la opción de rallarla e incluirla en ensaladas, vegetales, yogures o infusiones, a las que conferirá un interesante toque amargo.

Piel de la patata

La cáscara concentra el mayor patrimonio nutricional de este tubérculo. De hecho, es rica en fibra, carbohidratos, vitamina C, minerales como el calcio, el hierro y el potasio y compuestos fenólicos, que despuntan por su poder antioxidante. Eso sí, debemos verificar que carecen de brotes y coloraciones verdosas, pues concentran solanina, una sustancia que puede causar molestias gastrointestinales. Es ideal para elaborar caldos, como espesante de sopas o salsas e incluso para la elaboración de harinas.

Hojas de la zanahoria

Las hojas verdes que decoran esta hortaliza suelen tener como destino final la basura, pero es un error desde el punto de vista nutricional. La razón estriba en que son muy generosas en vitaminas C y K, minerales como el calcio o el potasio y proteínas. Además, son de lo más polivalentes en la cocina, puesto que se pueden utilizar como condimento, del mismo modo que el perejil, o como ingrediente de salsas y ensaladas.