El párkinson empieza en el intestino y hay bacterias que lo adoran
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El párkinson empieza en el intestino y hay bacterias que lo adoran

Está siendo un verano de descubrimientos con respecto a la microbiota. El primero fue saber que nuestro ADN determina su composición y ahora han determinado que hay bacterias que desencadenan esta enfermedad neuronal

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Según la Sociedad Española de Neurología, en España hay, a día de hoy, más de 150.000 personas que, por desgracia, sufren la enfermedad de Parkinson (aunque este es un dato conservador, pues según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, el número de afectados superaría ya los 300.000). Este número, además, no deja de elevarse cada día más, esperando que en los próximos años siga aumentando. No es de extrañar, dado que cada año se diagnostica un caso por cada 10.000 habitantes, o lo que es lo mismo, 4.700 enfermos 'nuevos'.

Es una enfermedad terrible que afecta al verdadero sitio donde residimos: nuestro cerebro. Es, además, un condicionante horrible de nuestro estilo de vida dado que afecta principalmente a nuestras capacidades motoras, lo que hace que aquellos que lo padecen, tarde o temprano, necesiten ayuda externa para poder llevar un día a día relativamente normal.

"La pregunta es si los patógenos de Braak son capaces de desencadenar el párkinson o si son irrelevantes"

La investigación de la misma lleva años siendo, y así sigue, uno de los principales objetivos de la ciencia médica pero, aunque se han hecho grandes avances (como la medicación con levodopa o la estimulación cerebral profunda, al igual que la fisioterapia y la logopedia), sus causas y mecanismos son, en gran medida, desconocidos. No al nivel del alzhéimer, del que no sabemos prácticamente nada, pero cerca.

Es por esto por lo que descubrimientos como el llevado a cabo por Haydeh Payami y el resto de su equipo de investigación de la Universidad de Alabama en Birmingham son tan relevantes para nosotros en estos momentos de desconocimiento médico. Ya en el año 2003 el investigador Heiko Braak propuso su teoría de que los casos de enfermedad de Parkinson (PD por sus siglas en inglés) estaban causados por un organismo patógeno en nuestros intestinos. Supuso que dicho microorganismo podía atravesar la barrera mucosa intestinal y llegar al cerebro para allí reproducirse a lo largo y ancho del sistema nervioso. Hasta ahora, por desgracia, no había la menor prueba de que esto fuera así.

Foto: iStock.
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Es aquí donde entra en juego la doctora Haydeh Payami, dado que el estudio recién publicado demuestra la superpoblación de determinadas bacterias patógenas y oportunistas en pacientes de PD, al menos en comparación con sujetos sanos. "La pregunta, más que interesante, a la que nos enfrentamos ahora es si los patógenos de Braak son capaces de desencadenar el párkinson o si son irrelevantes para la enfermedad pero son, al mismo tiempo, capaces de penetrar el sistema digestivo y crecer, dado que la pared intestinal en los pacientes de PD está comprometida", explica la investigadora. De todos modos, dada la tremenda reputación de la doctora Payami, avisa: "Queremos poner un gran énfasis en que no se pueden hacer afirmaciones en función de una asociación. Pero identificar estos microorganismos nos permite que, de ahora en adelante, se puedan hacer estudios que determinen si son capaces de tener un papel en la enfermedad de Parkinson".

Cómo han hecho el descubrimiento

La doctora Payami y sus colegas han sido capaces de identificar estos microorganismos porque han realizado el mayor estudio jamás hecho de asociación de microbiomas en pacientes con la enfermedad de Parkinson y sujetos de control. Como indican, trabajos científicos anteriores habían establecido algunas posibles correlaciones, pero jamás con microorganismos oportunistas. Estos, en la inmensa mayor parte de las ocasiones, son inofensivos pero pueden crecer desmedidamente si las condiciones son las adecuadas y causar una infección si el sistema inmune está comprometido o si consiguen llegar a lugares estériles de nuestro cuerpo (y uno de ellos es el cerebro).

El grupo de estudio contaba con 323 pacientes de párkinson y 314 sujetos de control, sacados de dos estudios anteriores, uno de ellos de la propia doctora Haydeh Payami. Para realizarlo se llevaron a cabo análisis avanzados del ADN de la microbiota de los participantes con el objetivo de determinar cuáles tenían algún tipo de relación con la enfermedad.

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Una de las principales reglas del avance científico es que aquellos que lo hacen tengan muy claro que la correlación no implica causalidad. En este caso, encontrar que cierto tipo de bacterias son más comunes en los pacientes con párkinson puede significar que las bacterias producen la enfermedad, que la enfermedad aumenta la cantidad de ese tipo de bacterias, que hay otro factor que provoca ambas cosas o que, directamente, todo se debe a una tremenda (y estadísticamente improbable) casualidad. Los investigadores de este estudio han tenido muy claro este concepto desde el principio y se han decidido a establecer "correlaciones libres de hipótesis". Dicho de otro modo: se han limitado a observar lo que hay, sin estudiar todavía el porqué. "Hay mucho más que aprender", apunta la doctora Payami. Y continúa: "Con grupos de estudio de mayor tamaño, secuenciamientos del metagenoma de nueva generación y la inclusión en los siguientes estudios de virus y hongos (el famoso micobioma) que puedan tener también relevancia".

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