El genial 'invento' español antiobesidad que mete fármacos en el cerebro
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Publicado en 'Nature Metabolism'

El genial 'invento' español antiobesidad que mete fármacos en el cerebro

Utilizar nanopartículas como 'vagones' para llevar fármacos al cerebro y actuar sobre la grasa corporal es una nueva estrategia 'made in Spain'. En ratones ya ha demostrado que funciona

Foto: El mexicano Juan Pedro Franco fue el más obeso del mundo. (EFE/Francisco Guasco)
El mexicano Juan Pedro Franco fue el más obeso del mundo. (EFE/Francisco Guasco)

La obesidad es una pandemia que llegó antes que la de covid-19. Hace décadas, la OMS ya la calificó como la verdadera pandemia del siglo XXI y atajarla es una prioridad mundial porque el sobrepeso y la obesidad afectan a 1.900 millones de personas en el mundo y están detrás de 4,7 millones de muertes, según recoge el informe Global Burden of Disease (GBD), publicado por 'The Lancet'.

Pero enfrentarse a ella, desde diferentes ángulos, es desesperante: para los que la padecen porque saben que intentar adelgazar y mantener la pérdida de peso en el tiempo es, casi siempre, la crónica de un fracaso anunciado; para los investigadores porque, cada vez que dan con un elemento clave de esta enfermedad, descubren que en realidad es otra pieza del inmenso rompecabezas de la obesidad, y por último para las compañías que desarrollan fármacos, porque a menudo acarrean efectos secundarios que dificultan mucho mantener el tratamiento en el tiempo.

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Así pues, ¿quién no ha fantaseado alguna vez con la posibilidad de que la solución consista en implantar un chip en el cerebro capaz de controlar el apetito y evitar que se acumule grasa en el organismo?

Las extraordinarias nanopartículas

Pues ese sueño permanecerá, de momento, en la imaginación, aunque científicos del grupo NeurObesty del CiMUS de la Universidad de Santiago de Compostela ha hecho un intento bastante aproximado. Más exactamente, lo que han logrado ha sido cargar vesículas extracelulares (unas nanomoléculas naturales) con un gen modificado que anula a la proteína AMPK (que desempeña un papel clave en la regulación de la masa corporal) en un grupo muy reducido de neuronas del hipotálamo, una región cerebral de difícil acceso.

placeholder El investigador Miguel López, del CiMUS.  (Cortesía)
El investigador Miguel López, del CiMUS. (Cortesía)

Con esta novedosa estrategia han conseguido revertir la obesidad en ratones muy obesos, a pesar de ingerir una dieta con elevado contenido en grasa. El trabajo, financiado por Fundación la Caixa y publicado en 'Nature Metabolism', no solo abre un campo terapéutico de la obesidad, sino que puede aplicarse a otras enfermedades relacionadas con el cerebro.

La meta: llegar al cerebro

Uno de los grandes obstáculos para encontrar un tratamiento realmente efectivo es que muchos de los potenciales mecanismos que regulan la masa corporal están localizados en el cerebro, especialmente en el hipotálamo, que es una región acorazada. El investigador del CiMUS Miguel López, director del trabajo, es muy gráfico a la hora de describir esa complejidad: “En primer lugar, el cerebro está ubicado dentro del cráneo, una auténtica 'caja fuerte', y, en segundo lugar, cualquier molécula que tenga que llegar al cerebro debe atravesar un sofisticado sistema de transporte: la barrera hematoencefálica. Esta estructura no solo actúa como un sistema 'de peaje' para moléculas del propio cuerpo, sino que juega también un papel fundamental regulando la entrada de medicamentos en el cerebro”.

Las vesículas son tan pequeñas que se pueden colar a través de la barrera hematoencefálica. Son 'vagones de transporte'

La investigación ha desarrollado una nueva estrategia para tratar la obesidad, basada en nanopartículas; concretamente, unas vesículas extracelulares que “son pequeñas gotitas lipídicas (rodeadas por una doble membrana). Las células las usan como un sistema de comunicación; las cargan con moléculas señalizadoras y permiten que células próximas o distantes se comuniquen. Haciendo un símil muy sencillo serían como un 'sobre' en el cual las células meten una 'carta' y envían a otras células para comunicarse”, explica López a Alimente.

La ventaja de esas vesículas es que “son tan pequeñas que se pueden “colar sin pagar el peaje” a través de la barrera hematoencefálica, pero son lo suficientemente grandes como para ser 'cargadas' con otras moléculas, por ejemplo, un fármaco, y actuar como mecanismo de transporte. Serían una especie de vagones moleculares”, describen López y Edward Milbank, primer autor y también investigador del CiMUS.

Los científicos han cargado las vesículas con un gen modificado de AMPK, que produce la una proteína mutante que inhibe la acción de la proteína normal en un grupo muy reducido de neuronas.

¡Funciona!

Con esta estrategia han conseguido revertir la obesidad en ratones muy obesos. Lo interesante del modelo es que los animales seguían perdiendo peso aunque siguieran comiendo una dieta con un 60% de grasa, como resultado de un mayor gasto calórico en la grasa parda.

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Foto: iStock.

Un dato positivo es que el efecto del ‘tratamiento’ perdura en el tiempo. López confirma que “el efecto dura mucho tiempo e, importante, sin efectos secundarios”. En la investigación, “hemos tratado animales durante 28 días, por ejemplo, y suspendido el tratamiento. El día 42 (2 semanas más tarde; esto es mucho en la vida de un ratón), los ratones seguían siendo mucho más delgados que los animales del grupo control”.

¿Para cuándo en humanos?

Aunque todos seamos conscientes de que ha de pasar mucho tiempo hasta que un estudio en animales se traslade a los humanos, es inevitable que nuestra mente se ponga en ese extremo. Entonces, ¿para qué tipo de obesidad puede ser útil este tratamiento? “De momento, hemos tratado obesidad inducida por la dieta y, siguiendo el proyecto financiado por la Fundación la Caixa, estamos empezando a tratar modelos de ratones con obesidad por causas genéticas”, responde el científico.

El gran éxito, de momento, de este nuevo enfoque es que demuestra que "es posible tratar la obesidad centralmente mediante un tratamiento periférico (la inyección de las nanopartículas) y con gran especificidad. Y más allá de la obesidad, añade Miguel López, “esta estrategia sería extensible a enfermedades cerebrales (problemas neurodegenerativos), aunque en este caso las vesículas se deberían cargar con otro fármaco”.

Quizá en la pandemia de obesidad la solución sí pase por llevar hasta el cerebro esa especie de ‘chip’ (realmente, nanopartículas) ‘cargado con un fármaco antiobesidad'

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