La naturaleza nos regala un infinito catálogo de hierbas y plantas cuyo valor gastronómico es incuestionable, pues aportan aroma y otros matices gustativos a las elaboraciones culinarias; pero también medicinal y terapéutico, por cuanto ayudan a mitigar un buen número de males de forma totalmente natural. Infusionadas es una forma muy tradicional de disfrutar de dichas propiedades. Una técnica que conocemos gracias a los árabes, pero que también se aplica en China desde tiempos inmemoriales. De hecho, las leyendas cuentan que las infusiones surgieron en este país asiático por casualidad en el año 2.737 a.C. En aquella época reinaba el emperador Sheng-Tun, quien acostumbraba a beber agua caliente. Un día, se sentó con su taza de agua habitual a la sombra de un árbol, del que cayeron varias hojas al interior del recipiente. El emperador la probó y la encontró deliciosa. Había descubierto, sin pretenderlo, las infusiones.

Asimismo, cada brebaje de plantas comporta sus propios principios activos, proporcionando beneficios diferentes para cada tipo de afección. En el caso de la salud cardiovascular, nos encontramos un amplio abanico de infusiones que pueden formar parte del tratamiento. Esto es especialmente importante si tenemos en cuenta que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad en los países desarrollados, tal y como apunta la Organización Mundial de la Salud. De hecho, "representan el 31% de todas las muertes registradas en el mundo".

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad en los países desarrollados

Según la Fundación Española del Corazón, las enfermedades cardiovasculares están estrechamente relacionadas con diversos factores de riesgo como el colesterol, la diabetes, la hipertensión, el tabaquismo, la herencia genética, el estrés, la obesidad y la frecuencia cardiaca. Por tanto, la solución para prevenirlas pasa por la disminución de dichos factores mediante el abandono de hábitos nocivos, la práctica de ejercicio físico o el seguimiento de una dieta sana y equilibrada. Con respecto a este último aspecto, dicho organismo sostiene que "hay algunas infusiones especialmente recomendadas para prevenir todo tipo de dolencias y alteraciones de nuestra salud cardiaca". ¿Cuáles son?

Infusiones que no te puedes perder

Foto: iStock.
Foto: iStock.

  • Té verde. Un vetusto proverbio oriental dice que "es mejor pasar tres días sin comida que uno sin té". Y es que esta hierba, que se toma en Japón y China desde hace milenios, es rica en flavonoides, compuestos antioxidantes que ayudan reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular. No obstante, un estudio publicado en la prestigiosa revista 'European Journal of Cardiovascular Prevention and Rehabilitation' concluyó que el té verde "mejora rápidamente la función de las células endoteliales que recubren el sistema circulatorio". A lo que añade que los "flavonoides en el té verde son probablemente antioxidantes más potentes que en el té negro, porque no ha habido oxidación".
  • Limón y miel. Posiblemente, es una de las más clásicas de cuantas integran la carta de brebajes herbales. Además de ser muy socorrida a la hora de aliviar las dolencias gripales y la tos, es una excelente aliada de la salud cardiovascular. Según la Fundación Española del Corazón, "la clave está en la miel, la cual mejora el riego coronario al aportar energía a la musculatura cardiaca".
  • Hoja de olivo. De la planta del olivo no solo se aprovechan las aceitunas, con las que se hace el aceite de oliva, producto sobre el que se sustenta la dieta mediterránea, sino también las hojas. Dicha infusión tiene propiedades antioxidantes, las cuales previenen el envejecimiento. Además, contienen oleuropeína, una sustancia que disminuye la presión arterial y dilata las arterias coronarias, lo que ayuda a prevenir la formación de coágulos, reducir el colesterol y, por lo tanto, rebajar la aparición de arritmias e infartos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

  • Melisa. Es más conocida por sus propiedades relajantes pues, junto a la tila, tiene el poder de calmar los estados nerviosos. Sin embargo, esta planta procedente de las zonas mediterráneas del sur de Europa ayuda, al mismo tiempo, a restablecer el ritmo cardiaco, lo que evita la aparición de arritmias derivadas de los desequilibrios nerviosos.
  • Romero. Aunque se usa más en la cocina para condimentar y aromatizar, lo cierto es que esta hierba oriunda del Mediterráneo también mantiene a punto la salud cardiovascular. La razón es que tiene propiedades antiinflamatorias que ayudan a mejorar la circulación sanguínea y, por ende, la salud del aparato circulatorio. Tal y como apunta la Fundación Española del Corazón "tomar una taza al día contribuye a que el corazón funcione preciso como un reloj suizo".
  • Cola de león. Leonorus cardiaca es su nombre en latín, el cual ya nos da una pista de lo que nos aporta. Esta planta, la cual se encuentra en lugares tan dispares como Asia, América del Norte y España, tiene efectos vasodilatadores, los cuales contribuyen a regular la presión arterial. La Fundación Española del Corazón recomienda su consumo para prevenir las anginas de pecho y las taquicardias.
  • Espino blanco. También denominado espino albar o majuelo, es una planta que pertenece a la familia de las rosáceas, como las rosas, los manzanos o los perales. Su principal característica es que es cardiotónica, es decir, mejora y aumenta la función cardiaca, previniendo así las isquemias o los infartos. Se infusionan tanto las flores como las hojas de la planta, y ambas ejercen un efecto relajante sobre el sistema nervioso y vasodilatador.