"Pelo corto, máscara, colorete, lápiz de labios, cejas despejadas, corpiño sin mangas y ausencia de corsé", así definía en el año 1922 el magazine 'The Flapper' la nueva imagen de la feminidad que daba nombre a la propia revista.

Durante los primeros años del pasado siglo, muchos canones de belleza que estaban muy asentados empezaron a desmoronarse. Tener algún kilo de más ya no era un sinónimo de salud, la forma de vestir de las mujeres, caracterizada por numerosas capas de ropa, resultaba incómoda y se empezó a tomar conciencia de que prendas como los corsés tenían funestas consecuencias anatómicas.

Como las 'celebrities' actuales, las estrellas del momento contaban en las revistas los secretos de sus dietas

Tras la Primera Guerra Mundial, vestidos más cortos y ligeros comenzaron a ponerse de moda y las restriciones en entretenimientos como el baile se fueron haciendo más laxos. De forma paralela, las presiones para que las mujeres mantuvieran una buena figura se intensificaron y viraron hacia la delgadez. El deseo de una apariencia esbelta y andrógina trajo consigo el característico 'look flapper' de los años 20 y con la nueva imagen, la obligación de ponerse a dieta apareció con fuerza.

Famosas y pérdida de peso

Mientras Coco Chanel se convertía en la más destacada referencia del mundo de la moda, un nuevo accesorio como la balanza (patentado en 1916) aparecería como un elemento indispensable en los hogares. Las actrices de marcada delgadez se volvieron un importante reclamo para la gran pantalla. Como las 'celebrities' de hoy en día, las estrellas también explicaban en las revistas los secretos de su dieta, así como las luchas que mantenían para controlar su peso. Clara Bow era una habitual de estos temas, Collen Moore presumía de no utilizar en sus comidas ni mantequilla ni dulces ni patatas y Barbara La Marr fallecería a la temprana edad de 29 años hundida en su adicción a las drogas y a las dietas extremas.

Lulu Hunt Peters y su 'bestseller'.
Lulu Hunt Peters y su 'bestseller'.

La sociedad acabó haciendo suyas las nuevas convenciones nutricionales y estéticas. En un estudio de los años veinte sobre la dieta que llevaban los estudiantes de una universidad americana, la autora Margaret A. Lowe deja patente la disminución en el consumo de patatas al tiempo que el apio, el tomate o la lechuga iban ganando su espacio en las dietas.

La obsesión por las calorías

Semejante contexto se convirtió en un caldo de cultivo perfecto para la aparición de las dietas milagro. Entre las más famosas está, sin duda, la dieta de Hollywood de los 18 días, un régimen que ha resurgido en décadas más recientes bajo otros nombres, como, por ejemplo, el de la dieta del pomelo. Su premisa consiste en la presencia en el almuerzo y en la cena del susodicho cítrico, así como de otros alimentos como las naranjas, la carne magra y las verduras. Picar entre horas era una costumbre vedada, permitiéndose tan solo una taza de café entre las comidas.

Los gurús de la alimentación también comenzaron a hacer acto de presencia en esta época. Uno de los pioneros fue el autor de la llamada 'dieta médica del milenio', William B. Hayes, cuyos preceptos básicos consistían en masticar lentamente, tomar solo un plato en cada comida y realizar purgas frecuentes con enemas. Mucha más influencia tuvo la doctora Lulu Hunt Peters, autora del primer libro de dietas que fue un auténtico éxito superventas: 'Diet & Health: With Key to the Calories'.

El efecto supresor del apetito de los cigarrillos llevó a muchas mujeres a usarlos como remedio para adelgazar

Ilustrado con cómicos dibujos que encandilaban a sus lectores, el regimen de Peters se fundamenta en una única y severa premisa: cualquier alimento que se tome fuera de lo que el organismo requiere es comida que engorda. Para calcular cuáles son los límites, se invita al lector a pensar exclusivamente en calorías. "En vez de decir una rebanada de pan o un trozo de pastel, dirás 100 calorías de pan o 350 calorías de pastel", expone en el volumen. El propio concepto de caloría era tan desconocido en la época que la obra ofrecía instrucciones para pronunciar bien la palabra. Peters, que además de médico era una afamada columnista, recibió el apelativo en su momento de 'la doctora más famosa y querida de América'.

Soluciones rápidas y productos milagro

Al mismo tiempo que se asentaba la cultura de las dietas comenzó a brotar el mercado de los productos milagro. El historiador Joshua M. Zeitz expone en uno de sus libros el éxito que obtuvieron, por ejemplo, las fajas reductoras o los chicles con efecto laxante. El producto que, sin embargo, adquirió una especial popularidad para perder peso fue, sorprendentemente, el tabaco. Fumar diferenciaba a las flappers de sus madres y abuelas, y su efecto supresor del apetito condujo a muchas mujeres a recurrir a él como remedio rápido para perder peso.

Consciente del valor que tal efecto colateral le confería al producto, la marca Lucky Strike lanzó a finales de los años 20 una campaña directamente destinada a las mujeres con frases como "pilla un Lucky en vez de una chocolatina", una estrategia que la industria tabaquera acabó explotando durante décadas.