El sistema inmunitario se relaja en verano y te hace más vulnerable
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Efectos del calor

El sistema inmunitario se relaja en verano y te hace más vulnerable

El calor favorece la deshidratación, disminuye el apetito e impide dormir bien. Estos tres factores debilitan la inmunidad y aumenta el riesgo de sufrir infecciones. La buena noticia es que el sol nos permite producir más vitamina D

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Calor en Córdoba.

Vivimos con estupor la quinta ola de covid. Esta vez, ha sido la cepa delta del SARS-CoV-2 la que ha disparado los contagios y, aunque los menores de 30 años son el grupo más numeroso de infectados, tampoco se libran ni vacunados ni quienes ya superaron la enfermedad. Por no hablar de que, se supone, el coronavirus no encuentra en las altas temperaturas las mejores condiciones para expandirse. ¿Qué está pasando? ¿Están fallando las vacunas? ¿La inmunidad individual y colectiva están a la baja?

La deshidratación superficial que causan el frío y el calor intenso da lugar a pequeñas lesiones que son la puerta de entrada de infecciones

Los científicos trabajan para despejar todas las incógnitas, por ello desde Alimente no podemos transmitir una explicación precisa. A cambio, hemos indagado sobre si el verano afecta al sistema inmunitario y sí, parece que algo hay: “Los efectos apenas se han estudiado en humanos, pero parece que podría haber una respuesta algo peor a las infecciones (que no a las vacunas) como consecuencia de la deshidratación y de la reducción de la ingesta de nutrientes que típicamente se produce con el calor”, explica la doctora Carmen Martín Alonso, vocal de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). Además, “la falta de sueño por culpa del calor también afectaría a la respuesta inmunitaria”.

Enemigos identificados

Tenemos interiorizado que en invierno enfermamos más. Al permanecer más tiempo en espacios cerrados y con gente, las infecciones respiratorias se propagan más fácilmente, lo que en modo alguno implica que estas afecciones no puedan darse con calor. De hecho, “los patógenos que llegan a través de la mucosa y de la piel, como son los que causan conjuntivitis y catarros, son más sensibles a los cambios térmicos porque la deshidratación superficial que provocan tanto el frío como el calor intenso da lugar a pequeñas lesiones que son la puerta de entrada de las infecciones”, refiere la inmunóloga. Y contrariamente a lo que creemos, “en realidad, el frío hace que nuestro sistema inmunitario se prepare para combatir infecciones, aunque si es intenso puede provocar problemas”, aclara Martín Alonso.

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Foto: iStock

Por tanto, la deshidratación y la mala calidad del sueño son factores que impactan negativamente en nuestro sistema inmunitario. “Una función inmunitaria óptima requiere un sueño adecuado, ya que las personas que no duermen lo suficiente son más propensas a enfermar tras exponerse a un virus, como el del resfriado común”, destacan los biólogos de Melio, una plataforma online de análisis de sangre, y señalan que aún no se han desentrañado los mecanismos bioquímicos y fisiológicos por los que la privación del sueño afecta a la función inmunitaria, pero “algunos están relacionados con cambios en la producción de citoquinas (moléculas implicadas en la respuesta inmune) y con cambios en las hormonas del ritmo circadiano (de 24 horas)”.

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El cortisol y la hormona de crecimiento afectan al proceso de formación de la memoria inmunológica y un aumento de adrenalina y noradrenalina influye en cómo las células ‘defensivas’ destruyen las células infectadas por virus.

Estrés térmico

Debemos asumir que nuestra inmunidad ‘se relaja’ en el verano y si nos exponemos durante mucho tiempo a temperaturas altas y el cuerpo no es capaz de deshacerse del calor, aparece el estrés térmico: “Suben la temperatura corporal y la frecuencia cardiaca, lo que repercute en la capacidad del sistema inmunitario para combatir las infecciones y también de generar una respuesta eficaz a la vacunación, como se ha encontrado en estudios realizados en animales”, apuntan los profesionales de Melio. “Si trasladamos estos hallazgos a las personas, lo aconsejable sería evitar la exposición durante largos periodos de tiempo, especialmente después de la vacunación”.

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Efe

Esta última idea es relevante de cara a comprender lo que está sucediendo en esta quinta ola de covid. La portavoz de la SEI no comparte el argumento de que el calor influya en la respuesta a las vacunas y opina que “el hecho de que los contactos sociales se den al aire libre, hace que el número de contagios sea más bajo”. Asimismo, añade, “el calor hace que se ventile más y que se pase más tiempo en exteriores, lo que obstaculiza los contagios y se traslada menor número de virus”.

Por último, la radiación UV contribuye en cierta medida a destruir partículas del virus y “a mantener nuestras defensas activas al facilitar que tengamos suficiente vitamina D”.

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Desde la plataforma, recuerdan que “unos niveles bajos de vitamina D pueden aumentar el riesgo de infecciones respiratorias (incluida la COVID-19) y autoinmunes”, y aunque “no se recomienda poner en peligro la piel para obtener la dosis óptima de vitamina D”, se considera suficiente exponer nuestras manos, antebrazos y piernas sin protección durante 5-10 minutos al mediodía o 30 minutos por la mañana o por la noche para obtener la cantidad de vitamina que necesita nuestro organismo.

Los mensajes son claros: para evitar que el calor haga mella en nuestra capacidad defensiva tenemos que hidratarnos adecuadamente y dormir suficiente. Y en tiempos de covid no olvidar que “aún es pronto para besos y abrazos, ni en interiores ni en exteriores”, enfatiza la inmunóloga.

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