Raro es el hogar que no disponga siempre de una docena de huevos de emergencia en la nevera. Alimento fundamental, como la pasta, el arroz o las patatas, la realidad es que bajo sus cáscara se oculta una excelente y económica fuente de proteínas, vitaminas y minerales.

Aunque puedan parecer fáciles de cocinar, lo cierto es que la preparación de los huevos tiene sus particularidades que, erróneamente, se dan a veces por sentadas. Hasta los chefs más prestigiosos tienen sus propios secretos incluso para las técnicas más sencillas. Bastan como ejemplos los huevos revueltos de Gordon Ramsey o los fritos de José Andrés.

No uses huevos viejos para escalfarlos. Si los vas a hacer duros, que no estén recién sacados de la nevera

Para manejar el arte de cocinar este ingrediente básico, te ofrecemos a continuación una rápida guía con la que evitar los errores más corrientes que se suelen cometer para las cuatro formas más típicas de prepararlos: revueltos, fritos, duros y escalfados.

Huevos revueltos

Aunque sea probablemente la técnica más sencilla, es fácil pasar por alto algunas consideraciones a la hora de hacer unos huevos revueltos. Las sartenes de hierro fundido se encuentran particularmente de moda, pero no son una buena herramienta para esta operación ya que los huevos se acabarán pegando en el fondo. Lo mejor es servirse de una sartén de antiadherente. Por otro lado, los huevos revueltos cuajan muy rápidamente, por lo que nunca se deben hacer con la llama alta. Precalienta la sartén a una temperatura media y añade los huevos siempre a fuego lento.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los huevos revueltos se pueden preparar, por otro lado, de dos formas distintas: o bien al estilo francés con mantequilla y leche para que queden particularmente esponjosos, o bien según la forma típica, en la que no se añade ningún otro ingrediente. Lo importante en este caso es removerlos con frecuencia para evitar que cuajen en exceso. En cuanto estén listos, sírvelos directamente sobre el plato. Considera que el fondo de la sartén permanecerá caliente y si no se sacan al momento los huevos, continuarán haciéndose.

Huevos fritos

Existen infinitas formas de preparar los huevos de esta manera, pero en todas ellas se deben evitar los mismos errores. El principal problema reside en la cantidad de aceite que hay que utilizar. Escatimar no es bueno en este caso y se suele aconsejar una altura equivalente en la sartén al grosor de un dedo.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Para que la clara no te quede cruda, echa aceite por encima mientras se fríen, sin que el mismo caiga sobre la yema. Una pizquita de sal, nada más verterlo, mejorará su sabor. Por último, fríe siempre los huevos de uno en uno, limpiando la espátula rasera cada vez que cocines el siguiente.

Huevos duros

La primera regla a la hora de prepararlos de esta manera es no utilizarlos cuando apenas se hayan sacado de la nevera, ya que la cáscara se puede romper con facilidad ante el brusco cambio de temperatura del proceso de cocción.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

El color grisáceo en las yemas es un síntoma de que nos hemos pasado a la hora de cocinarlos. Para que esto no suceda, apaga el fuego cuando el agua haya alcanzado el punto de ebullición. Bastan unos diez minutos para que la clara quede bien cuajada, pero la yema mantenga aún un punto cremoso. No retires la cáscara en cuanto estén listos. Tras enfriarse un poco, verás que esta se podrá separar mucho mejor.

Huevos escalfados

Basta sacarlos del agua para darse cuenta de la fragilidad que caracteriza a los huevos escalfados. El principal fallo que se comete con ellos es el de utilizar huevos demasiado viejos, algo que provoca que las claras se abran durante la preparación y las yemas no queden bien centradas.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los huevos escalfados requieren de una cierta delicadeza a la hora de cocinalos. Para tener un mayor control, no los casques ni los viertas directamente en la cacerola. Utiliza, por el contrario, un pequeño bol y añade una gota de vinagre directamente sobre ellos. La temperatura de cocción del agua también es fundamental. La clave reside en echar los huevos sin que llegue a hervir por completo, justo en el momento en que se forman pequeñas burbujas.