Los niños de tres años ya pueden —y deben— ingerir los diferentes grupos de alimentos necesarios para su desarrollo y crecimiento. Sin embargo, la vida apresurada de los padres, con menos tiempo para comprar y cocinar, complica que la variedad de las comidas sea efectiva. Tampoco ayuda que los pequeños, a esa edad, ya sean capaces de decir qué les gusta y qué no.

Pero hay nutrientes imprescindibles para su desarrollo y para la prevención de enfermedades. Hablamos del omega 3 DHA, fundamental para el desarrollo del cerebro; el hierro, para el desarrollo cognitivo, y el calcio y la vitamina D, para sus huesos. "Deben comer igual que un adulto, cambiando algunas formas de cocinado e incluso de presentación", explica José Manuel Moreno, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría y codirector del Departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra. Moreno recuerda que debe ser una dieta basada en verdura, fruta y cereales, en menor medida pescados y carne, y con gran presencia de lácteos.

Es en esta última recomendación, los lácteos, donde podemos aprovechar las leches de crecimiento y desarrollo disponibles en el supermercado, que pueden ayudarnos a completar su alimentación diaria. Sobre todo porque, según la Asociación Española de Pediatría, varios estudios han puesto de manifiesto que los niños españoles tienen una ingesta relativamente elevada de proteínas, lípidos y ácidos grasos saturados, y bajas ingestas de ácidos grasos omega 3, hierro y vitamina D. Por eso, estas leches pueden ser una opción útil, según recomienda la propia asociación de pediatras, la Fundación Española de Nutrición (FEN) y la Federación Iberoamericana de Nutrición (FENIT).

Una medida sencilla para los padres como cambiar el vaso de leche habitual por otro de leche de crecimiento y desarrollo ayuda a incorporar algunos de esos nutrientes clave que no se están aportando de forma suficiente en la dieta a través de otros alimentos. De esta forma se contribuye a equilibrar la dieta del niño a partir de tres años, maximizando los beneficios para la salud y favoreciendo su desarrollo completo.

Dice Moreno que ya se ven los resultados de todos los años de difusión de campañas a favor de una alimentación sana. "Cada vez veo más padres con un táper de fruta cortada en el parque, que es una buena opción, o un pequeño bocadillo". Pero aún quedan retos por abordar: evitar que el niño se convierta en protagonista de las comidas sin que tenga un director de orquesta, es decir, que sea capaz de decidir sus comidas y nosotros complazcamos sus deseos.

Porque, a veces, darles de comer puede ser una auténtica pesadilla si aquello se convierte en una rabieta. "Lo primero que tenemos que hacer es olvidarnos de esa idea de que comer sano es comer aburrido", recomienda el pediatra. "Con la vida que llevamos nos hemos olvidado de la gastronomía, es decir, de incentivar el resto de los sentidos al margen del gusto, como el olfato o la vista. Tenemos que cuidar todos los aspectos". Moreno reconoce que hay que fijarse en programas como 'MasterChef', donde los niños aprenden a cocinar y a distinguir ingredientes. "Ellos tienen que participar, incorporarse a la cocina, tener curiosidad. Así querrán probar lo que han cocinado". Los fines de semana o las vacaciones puede ser un buen momento para pedirles que nos echen una mano en la cocina.

"Cada vez veo más padres con un táper de fruta cortada, que es una buena opción, igual que un pequeño bocadillo"

Es la misma idea que recomienda Claudia Guerrico, nutricionista de la Unidad de Psicología y Medicina de la Salud del Hospital Vithas Medimar Internacional. Animar a los niños a tocar, a experimentar con las texturas y los colores es siempre una buena idea. Hace unos meses impartió un taller sobre nutrición infantil y lo que más preocupaba a los padres no era tanto qué deben comer, sino cómo hacerlo. "Nadie les dice que la incorporación de los alimentos debe ser gradual. Está demostrado que cuando un alimento se prueba más de 15 veces, se acepta". Guerrico llama a la paciencia y el sentido común. No solo porque un niño rechace una fruta hay que dejar de dársela.

Otro de los errores: si el niño no quiere comer la comida preparada, le hacemos lo que más le gusta y así, por lo menos, come algo. "Si un día no come, no pasa nada. No se va a morir de desnutrición. No nos alarmemos. Mis hijos han llegado a comer lentejas a las cinco de la tarde porque no las querían".

¿Cómo evitar las rabietas y los enfados? Además de animarles a cocinar con nosotros y dejarles tocar, es fundamental que toda la familia se reúna en torno a la misma mesa. "Nos usan como modelos. Si nos ven comer, comerán también, les damos ejemplo". Y los ejemplos también tienen que ver con que nos vean comer verduras o fruta; es complicado obligar a un niño a comer algo que no nos ve ingerir a nosotros.

Último consejo. Alejar cualquier estímulo externo para entretenerlos mientras comen, como los dibujos en la tablet. "Las distracciones son fatales. El que come mucho lo hará más porque está entretenido y el que come despacio y mal lo hará peor todavía".

Los expertos saben que estos consejos requieren paciencia y que la familia no siempre tiene tiempo; por eso es importante reservarse el desayuno y la cena como los momentos para comer en familia.