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¿Qué podemos esperar del descubrimiento sobre el origen del alzhéimer?
Estudio de Cambridge y Harvard

¿Qué podemos esperar del descubrimiento sobre el origen del alzhéimer?

Una nueva investigación ha revolucionado las creencias sobre el inicio de la enfermedad y revela por qué no funcionan los tratamientos actuales. Sobre su utilidad en la práctica clínica, hablamos con su autor principal, Georg Meisl

Foto: Un paciente de alzhéimer. (Reuters)
Un paciente de alzhéimer. (Reuters)

Más de un millón de personas en España tienen alzhéimer, pero su impacto alcanza a más de cuatro millones (incluyendo familiares y cuidadores). El riesgo es mayor a partir de los 60 años y aumenta con la edad, de forma que si entre los 65 a 74 años se diagnostican dos casos entre mil individuos, a partir de los 85 son más de 37 enfermos por mil habitantes.

El envejecimiento de la población hace prever un futuro preocupante. Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud son alarmantes: en el año 2030 habrá más de 56 millones de enfermos, y en 2050 superarán los 90 millones. Y no hay un tratamiento eficaz, por ahora.

Foto: Un científico estudia el cerebro. Foto: iStock.

Pero las expectativas pueden cambiar radicalmente (para bien), gracias al hallazgo que han llevado a cabo investigadores de las universidades de Cambridge y Harvard sobre el origen de la enfermedad y que abren la puerta al desarrollo de fármacos eficaces (ahora no los hay), según ha publicado El Confidencial.

Cerebros humanos

En la enfermedad de Alzheimer, las proteínas TAU y la beta-amiloide se acumulan en ovillos y placas, que conducen a la muerte neuronal y a que el cerebro se encoja. Esto se traduce en pérdida de memoria, cambios de personalidad y dificultad para realizar las funciones diarias.

placeholder Foto: iStock.
Foto: iStock.

La idea que prevalece hasta el momento es que el alzhéimer comienza en un punto del cerebro y a partir de ahí se va extendiendo, destruyendo las neuronas. Ahora, los científicos han descubierto que se inicia pronto en diferentes regiones y la rapidez con la que se destruyen las células determina, en general, su evolución.

Se han utilizado cerebros humanos de enfermos vivos con diferentes grados de deterioro cognitivo y muestras post mortem

Para medir la velocidad de los procesos que llevan a la enfermedad se han utilizado por primera vez cerebros humanos. Con el propósito de rastrear cómo se originan los agregados de proteína TAU, los científicos han estudiado mediante PET el cerebro de pacientes vivos con diferentes grados de deterioro cognitivo, desde leve a enfermedad de Alzheimer avanzada, y también muestras post mortem de cerebros de pacientes. Combinando cinco conjuntos de datos diferentes, y aplicarlos a un modelo matemático, han observado que el mecanismo que controla la tasa de progresión en el alzhéimer es la replicación de agregados de TAU en regiones individuales del cerebro y no el 'contagio' de una región a otra.

Estos resultados, que se han publicado en la revista 'Science Advances', abren nuevas formas de comprender el progreso del alzhéimer (también de otros procesos neurodegenerativos y demencias).

Aplicación en enfermos reales

¿Qué trascendencia tiene realmente el descubrimiento? ¿Significa que pronto habrá un tratamiento eficaz? ¿El hallazgo cambiará el enfoque de la EA?

En declaraciones a Alimente, el autor principal del trabajo, Georg Meisl, del Departamento de Química Yusuf Hamied de Cambridge, rebaja esas expectativas: “Hemos desarrollado una nueva forma de obtener información detallada sobre lo que controla la enfermedad a nivel microscópico, mediante la combinación de medidas de EA en pacientes de diferentes grados. Nos hemos centrado en determinar la velocidad a la que los agregados se propagan y se multiplican, pero esperamos aplicar este enfoque para responder a muchas otras preguntas fundamentales en la EA en el futuro”. He insiste: “Es importante comprender bien qué impulsa la enfermedad a nivel microscópico para que las personas que desarrollan medicamentos sepan a qué deben dirigirse”.

"Esto es importante para identificar los posibles objetivos de la terapia, pero para el desarrollo de fármacos deben tenerse en cuenta otros factores"

Meisl tampoco aventura como pueden ser esos nuevos fármacos, y aunque resalta que su trabajo “muestra qué pasos son los más importantes para controlar la rapidez con la que se acumulan los agregados”, admite que no es suficiente: “Esto es importante para ayudar a identificar los posibles objetivos de la terapia, pero para el desarrollo de fármacos también deben tenerse en cuenta muchas otras consideraciones".

Diagnosticar precozmente la EA es otro requisito para acelerar su manejo y, así, intentar ralentizar su progresión. El científico de Oxford tampoco cree que su trabajo sea útil en este sentido, y hace hincapié en que “sí nos ayuda a comprender cómo progresa la enfermedad, pero no mejora directamente la capacidad de detectar la EA de manera temprana".

Foto: Foto: Unsplash/@rodlong.

Por tanto, no cabe esperar que este hallazgo revolucionario vaya a saltar pronto del laboratorio a la clínica. No obstante, dice, “a corto plazo, nuestro método y nuestros conocimientos pueden cambiar el tipo de preguntas que plantean en los estudios clínicos”.

La investigación no para aquí, y los autores ya están pensando en el siguiente paso que consiste en “determinar qué controla la formación de los agregados iniciales y el comienzo de la EA”, cuenta el científico británico.

En la cabecera del enfermo

Este estudio ha tenido una excelente acogida entre los neurólogos. “Se trata de un trabajo muy interesante y muy relevante, ya que esta idea supone una reconceptualización de cómo son los pasos biológicos que sigue la enfermedad”, opina el doctor Víctor Montal, portavoz de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Y aunque, advierte, “de momento, no tendrá repercusión en la práctica clínica”, sí confía en que este nuevo concepto de la enfermedad lleve “al avance y el desarrollo de nuevos tratamientos”.

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Foto: iStock.

Montal, que es investigador de la Unidad de Memoria del Hospital de la Santa Creu y Sant Pau, en Barcelona, es optimista sobre el potencial terapéutico del trabajo liderado por Meisl y cree que ayuda a entender por qué no funcionan los medicamentos que se utilizan en la actualidad: “Hasta ahora, intentamos atacar a la EA actuando sobre las proteínas amiloide y TAU. En el caso de esta última, nuestro objetivo es frenar su extensión antes de que se haya expandido a toda la corteza cerebral”, detalla. Sin embargo, “si lo que proponen los autores de Oxford y Harvard es cierto, intentar detener el TAU no es eficaz porque ya está en diferentes regiones del cerebro”.

¿Hacia la curación?

Una vez encontrada una explicación al fracaso de los fármacos actuales, el neurólogo cree que hay estudiar las características (genéticas, moleculares, locales, etc) de las regiones del cerebro que mejor resisten al efecto de los depósitos de TAU para explorar nuevos medicamentos. “Se abre una ventana de oportunidades”, dice.

"Nos encontramos en un momento muy prometedor si lo comparamos con lo que teníamos hace 10 años"

Así pues, hemos de admitir que el anuncio del ansiado 'antídoto' con la EA está lejos de producirse. Pero, afirma el portavoz de la SEN, “estamos en un momento prometedor en comparación con 10 años atrás”. Se ha avanzado mucho en el desarrollo de marcadores detectables en un análisis de sangre y que pueden detectar la enfermedad en fases muy tempranas y también evaluar qué efecto tienen los medicamentos. Todo ello, “junto con la ventana que abre este nuevo trabajo, es muy esperanzador para detener o curar la enfermedad”, vaticina.

Más de un millón de personas en España tienen alzhéimer, pero su impacto alcanza a más de cuatro millones (incluyendo familiares y cuidadores). El riesgo es mayor a partir de los 60 años y aumenta con la edad, de forma que si entre los 65 a 74 años se diagnostican dos casos entre mil individuos, a partir de los 85 son más de 37 enfermos por mil habitantes.

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