Dentro del amplio abanico de alimentos que pueden formar parte de nuestra dieta, las vísceras constituyen una de las opciones menos atractivas y populares. ¿El motivo? Su origen. Y es que la casquería, nombre por el que también se las conoce, son todos aquellos órganos que se encuentran en las cavidades principales de los animales y que son aptos para el consumo humano.

Estas se dividen a su vez en vísceras rojas y vísceras blancas. El primer grupo está formado por el hígado, el corazón, los riñones y los pulmones, que son considerados el alimento antianémico por antonomasia. Todos ellos son una fuente excelente de hierro y vitaminas del grupo B, en especial la vitamina B12, responsable de evitar los desórdenes en el sistema nervioso, producir energía, proteger al individuo de las enfermedades cardiovasculares o mejorar la salud de nuestra piel, entre otras funciones.

Por otro lado, encontramos las vísceras blancas, entre las que se incluye los sesos, los callos, las mollejas o las criadillas. Su consumo es muy recomendable a personas que siguen una alimentación muy pobre de manera habitual, pues aportan una dosis muy buena de minerales y colágeno, una proteína que representa el 30% de todo el material proteico del cuerpo humano y que mantiene las células unidas formando tejidos y órganos. Sin embargo, como ocurre con el resto de ingredientes que ingerimos, las vísceras también presentan ciertas contraindicaciones. Ante esto es imposible no preguntarse: ¿realmente son tan saludables?

Siempre con moderación

Foto: iStock.
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“Las vísceras deben consumirse en la población general muy esporádicamente debido a su alto contenido en grasa saturada y colesterol, y en el caso del paciente cardiovascular es recomendable preferir otros tipos de carnes magras, como el pescado, pollo y pavo sin piel, conejo y cortes magros de ternera”, asegura la Fundación Española del Corazón. Bajo esta premisa, el consumo de vísceras debe estar siempre regulado, pues un exceso podría poner en serio peligro nuestra salud.

Otro de los problemas a los que deben enfrentarse los amantes de este suculento manjar es la crianza del ganado del que procede la casquería. En el pasado, la mayoría de granjas recurrían a una alimentación natural y orgánica, convirtiendo la carne resultante en un portento nutricional. En cambio, en la actualidad muchos de estos animales ingieren también otras sustancias. Por eso, si el animal ha consumido toxinas o sigue un tratamiento a base de medicamentos, parte de estas toxinas podrían quedar almacenadas en él.

Existe la posibilidad de que retrase el desarrollo del feto si se consume en el embarazo

Una opinión a la que se suma el Dr. Joseph Mercola: “Yo no recomiendo el consumo de vísceras provenientes de animales criados en operaciones concentradas de alimentación de animales (CAFO). La alimentación, los medicamentos veterinarios y las condiciones de vida de estos animales probablemente no darán como resultado órganos sanos, por lo que debe asegurarse de investigar de dónde provienen las vísceras que compra, si es que decide comprarlas en su tienda local”, asegura el experto en su blog personal.

Los niños también deben tener especial precaución a la hora tomar vísceras, pues puede producir toxicidad debido a la alta concentración de vitamina A, una vitamina soluble que se almacena en el hígado y que también está presente en el pescado, la carne de ave, los lácteos y algunas frutas y vegetales. Aunque se trata de una dolencia que también puede afectar a los adultos, los niños son mucho más sensibles, una pequeña dosis puede causar estragos. Además, también existe la posibilidad de que retrase el desarrollo del feto si la que consume la casquería es una mujer embarazada.

No obstante, tal y como hemos aclarado anteriormente, todos estos perjuicios son consecuencia de un consumo excesivo de producto. Algunos expertos sitúan este límite en dos o tres piezas de casquería al mes. Si se siguen estas recomendaciones, el individuo podrá aprovecharse de todas sus cualidades, que no son pocas.

Poco, pero muy valioso

Foto: iStock.
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“Algunos consideran que las vísceras no son saludables ya que constituyen los filtros de las toxinas en los animales de las que provienen pero, si bien podrían ser los filtros, estos órganos no almacenan las toxinas; sino que las filtran y eliminan”, añade el Dr. Mercola. A esto hay que añadir su alta proporción de triptófano, un aminoácido que estimula la producción de serotonina y melatonina. Las vísceras son, además, ricas en glicina, otro tipo de aminoácido que participa en la reparación de tejidos y la salud de las articulaciones, y colina, un nutriente esencial para el cerebro, los músculos y el hígado. Y por último, y no menos importante, la coenzima Q10 también forma parte de su composición, favoreciendo la actividad cardiaca y la producción de energía.