El funcionamiento de nuestro cuerpo está lleno de secretos. Por más que nos miremos al espejo tratando de identificar señales de enfermedad o cansancio, por más que la báscula nos haga una foto de nuestro peso, incluso de nuestro IMC o del contenido graso, por más que nos hagamos periódicamente análisis de sangre…, nuestro cuerpo sigue siendo un misterio.

Esos misterios tienen mucho que ver con el ADN -con ese singularísimo libro de instrucciones con el que venimos al mundo- y también con esos trillones de microorganismos que nos colonizan; y todo ello se va modulando por mil caminos según sea nuestra interacción con el entorno. Muchos de nuestros genes se expresan de una u otra manera dependiendo de nuestros hábitos de vida e igual sucede con ese otro ecosistema que conforma nuestra microbiota. Conocer sus peculiaridades es un primer paso para entender por qué unos engordan y otros no, por qué tenemos tantas molestias digestivas o cuáles son los fallos en la dieta que contribuyen a la inflamación

Muchos genes se expresan de una u otra manera según nuestros hábitos de vida, igual sucede con la microbiota

“Tanto la genética como el estudio de tus bacterias pueden ayudarte a identificar factores de riesgo que te predisponen a la inflamación, el estrés oxidativo o la obesidad”, explica Irene Santacruz, doctora en Farmacia, experta en análisis clínicos y dietista-nutricionista de Synlab. “Una vez identificados, una modificación en tu dieta puede ser la solución a tu malestar”.

Así, los avances en genética nos han permitido ir descubriendo algunas de nuestras vulnerabilidades. Probablemente ya habrás oído hablar de la propensión a un mayor riesgo cardiovascular o a determinados tipos de cáncer. Pero también podemos tener un polimorfismo que nos predisponga al estrés oxidativo, una de las causas de envejecimiento celular. “Dentro de nosotros tenemos unos antioxidantes internos. Si tenemos una predisposición a tenerlos bajos y además sumamos otros factores de riesgo -tabaco, estrés, contaminación…-, más te valdrá hacer una dieta especialmente rica en antioxidantes”.

Foto: iStock
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En antioxidantes… o en grasas poliinsaturadas, o en determinadas vitaminas. Porque los test de nutrigenética te pueden ayudar a identificar distintos factores que te sitúan en el filo de la navaja. Las diferentes variantes genéticas nos hacen tener una mayor o menor susceptibilidad a tener elevados los niveles de colesterol, a padecer una intolerancia a la lactosa, a tener un mayor riesgo de osteoporosis o a que nuestra respuesta inflamatoria sea desproporcionada.

En la mayoría de los casos, estas variantes nos predisponen, no nos determinan. Es decir, tenemos una mayor predisposición, pero por medio de nuestros hábitos y conductas podemos realizar modificaciones epigenéticas, es decir, cambios en la forma de funcionar de algunos genes. Como indica Irene Santacruz, “los resultados que obtenemos con este tipo de test son pistas, señales de alerta para que tengamos cuidado, para que podamos prevenir que esa susceptibilidad genética termine enfermándonos”.

Puede ser el caso de la obesidad. Es posible que seamos de los que tienen un fenotipo ahorrador, es decir, de los que tienden a almacenar grasa en vez de quemarla. Este fenotipo, que en tiempos pretéritos fue una ventaja evolutiva -pues permitía tener reservas para tiempos de hambruna-, es en nuestros días un fastidio: debemos tener más cuidado con lo que comemos, pues estamos más predispuestos a engordar. “También se puede valorar si la persona tiene mayor sensibilidad al metabolismo de los hidratos de carbono o de las grasas. De esa manera se puede aconsejar hacer una dieta más baja en unos o en otras.

Descifrando la microbiota

Otro interesantísimo tipo de pistas es el que nos puede ofrecer nuestra microbiota, como podemos deducir del estudio del microbioma español que están efectuando los investigadores del Instituto Español de Nutrición Personalizada, cuyo objetivo final es poder identificar las disbiosis y su tratamiento mediante pautas dietéticas individualizadas.

“En estos momentos, muchas personas sufren molestias digestivas que a menudo son de difícil diagnóstico -explica Irene Santacruz-. Para ellos hemos creado un test de Salud Digestiva en el que combinamos un análisis de microbiota en heces con otro de intolerancia de alimentos. Pensemos que la gran mayoría de las disbiosis intestinales suelen cursar con alteraciones de la permeabilidad intestinal y de intolerancias alimentarias”.

Foto: iStock.
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Sí, una vez más volvemos a hablar de la permeabilidad intestinal. El estudio de la microbiota puede arrojar luz, explica Santacruz, sobre algunas de esas alteraciones que pueden favorecer este trastorno. “Si tienes déficit de bacterias muconutritivas, puedes tener problemas en el mucus, la capa en la que se aloja la microbiota y que protege a los eritrocitos; si se rompe esta capa, empieza a abrirse la barrera intestinal y comienzan los problemas”.

La idea es analizar los grupos de bacterias más habituales. Mirar cómo andamos de Lactobacilus, Enterococcus, si hay candidiasis intestinal… Saberlo es especialmente interesante para poder prescribir un probiótico u otro, ya que no todos sirven para tratar los mismos trastornos. “Es muy habitual encontrar pacientes que tienen elevadísimas las bacterias proteolíticas, que dan mucha sintomatología. En estos casos, conviene hacer una dieta reduciendo la cantidad de proteínas y ayudar con bifidobacterias”. En el caso de las muconutritivas, todavía no hay probióticos para ellas, aunque se espera que para 2021 lleguen al mercado.

Como decíamos, la propuesta es combinar el análisis de la microbiota con un test de intolerancias a alimentos. Planteamos a la experta que estas pruebas son controvertidas y lo corrobora, si bien señala que su experiencia clínica le ha demostrado que, cuando hay una disbiosis, identificar las alergias alimentarias y modificar la dieta “permite que se acelere la mejoría”.

El consejo, en cualquier caso, pasa siempre por consultar con un especialista en Digestivo. “Si todo va bien, si se hace un buen diagnóstico y el tratamiento corrige los síntomas, perfecto. Pero normalmente vienen a nosotros aquellos a quienes no les han terminado de resolver el problema”.