Hallan un nuevo vínculo entre ultraprocesados y mortalidad
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Una clave más para evitarlos

Hallan un nuevo vínculo entre ultraprocesados y mortalidad

Aunque la industria sigue haciendo esfuerzos por intentar que parezcan más saludables, los expertos alertan de que su consumo es muy peligroso. Un estudio aporta interesantes datos

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Foto: iStock.

No son pocas las denuncias de los peligros de los ultraprocesados en la salud. Se ha relacionado el consumo de estos alimentos con la aparición de múltiples enfermedades y se les ha señalado como un factor de riesgo de muerte. Sin embargo, aunque la industria sigue haciendo esfuerzos por intentar que parezcan más saludables, los expertos alertan de que su consumo es muy peligroso.

Y ahora, un estudio llevado a cabo por investigadores del CIBEROBN de la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria Illes Baleares (IdISBa), concretamente por Dora Romaguera y Jadwiga Konieczna, ha conseguido demostrar el vínculo entre el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesadas y la acumulación de adiposidad relacionada con la edad.

El incremento diario del 10% en el consumo de ultraprocesados se asoció con una acumulación significativamente mayor de grasa visceral


En el análisis, con datos de más de 1.400 participantes (hombres y mujeres españoles de 55 a 75 años con sobrepeso, obesidad y síndrome metabólico) que fueron sometidos a mediciones de composición corporal, se ha podido ver cómo el consumo de estos productos se relaciona directamente con la obesidad y las comorbilidades asociadas. El exceso de grasa visceral que aparece con la edad se ha considerado el culpable que contribuye a resultados de salud adversos asociados a la adiposidad.

Los resultados manifestaron que, en promedio, el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados representó el 8,11% de la ingesta diaria total al inicio del estudio. El incremento diario del 10% en el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados se asoció con una acumulación significativamente mayor de grasa visceral.

Resultados precisos gracias a nuevos parámetros

Este estudio ha utilizado por primera vez indicadores de adiposidad de medición objetiva a través de densitometría incluyendo la grasa visceral dentro del abdomen en lugar de los indicadores indirectos usados en otros estudios previos. En cuanto a este tipo de indicadores, la investigadora del CIBEROBN y del IdISBa y primera autora del artículo, Jadwiga Konieczna, concreta a Alimente que "los parámetros más utilizados en la práctica clínica habitual, así como en la mayoría de estudios epidemiológicos, son el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia de cintura, puesto que su coste económico es bajo y son sencillos y accesibles".

"Por primera vez se establece la relación entre ultraprocesados y la grasa global cuantificada de manera directa, no estimada", explica Konieczna


Sin embargo, el IMC tiene en cuenta el peso corporal ajustado por la altura, por tanto, asegura que "da una estimación de la grasa global", y la circunferencia de cintura, por su parte, se utiliza como aproximación de la grasa alrededor de los órganos internos (que es más activa metabólicamente y perjudicial); pero en realidad estos indicadores no permiten distinguir “entre grasa y músculo (en caso de IMC) o entre la grasa superficial o subcutánea o la grasa más interior o visceral del abdomen (en caso de la circunferencia de cintura), por lo tanto, no son muy precisos”, aclara la autora del trabajo.

En cuanto a la densitometría, Konieczna la define como “una de las técnicas de imagen que, a través de rayos X de muy baja radiación, cuantifica el hueso, músculo y grasa en diferentes regiones de cuerpo, incluyendo la grasa visceral dentro del abdomen”.

placeholder Dora Romaguera (izquierda) y Jadwiga Konieczna, autoras del estudio.
Dora Romaguera (izquierda) y Jadwiga Konieczna, autoras del estudio.

Novedades y consecuencias

“Por primera vez se establece la relación entre los productos ultraprocesados y la grasa global cuantificada de manera directa, no estimada”, destaca la investigadora. Aun así, lo más novedoso es "la relación entre los ultraprocesados y la grasa visceral, un depósito graso relacionado sobre todo con riesgo cardiometabólico".

La responsable del trabajo insiste en que los resultados apuntan a que este vínculo no depende tanto de "las cantidades ingeridas ni de la composición nutricional de estos productos, pero sí del hecho de que son altamente procesados industrialmente". Y subraya: “Este procesamiento hace que se parezcan poco a los productos naturales e incluyan ingredientes que no utilizamos habitualmente en la cocina”.

“Aparte de contribuir en la acumulación de grasa global, los ultraprocesados contribuyen en la misma medida en la de grasa visceral”

A la pregunta de si se ha dado de la misma forma en hombres y mujeres, la autora contesta que sí existen diferencias con respecto a "la calidad de dieta y la distribución de la grasa en el cuerpo". Es decir, de media las mujeres suelen seguir mejores patrones dietéticos y los hombres acostumbran a tener más grasa acumulada en el abdomen de tipo visceral. Y teniendo en cuenta estos factores realizando los análisis, primero en cada sexo por separado y luego en la muestra entera, han observado que las asociaciones seguían el mismo patrón tanto en hombres como en mujeres.

Y destaca: “Aparte de contribuir en la acumulación de grasa global, los ultraprocesados contribuyen en la misma medida en la acumulación de grasa visceral, que es metabólicamente activa y está implicada en el desarrollo de diferentes procesos patológicos (resistencia a la insulina e inflamación)”, afirma Konieczna.

“Viendo más allá, estos resultados proporcionan, al menos en parte, información sobre mecanismos que unen el vínculo entre los ultraprocesados y las enfermedades crónicas como obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer, observados en estudios anteriores”, asegura.

“Comer sano no es elegir buenos productos”

Konieczna señala que los resultados apuntan que comer sano "no es solamente elegir los productos que aportan los nutrientes beneficiosos, sino también escoger los que no han pasado o han pasado mínimamente por el procesamiento industrial". En la práctica, continúa, “identificar un producto ultraprocesado es comprobar en la etiqueta si la lista de ingredientes contiene sustancias que nunca se utilizarían en la cocina (jarabe de maíz, aceites hidrogenados, proteínas hidrolizadas), o aditivos diseñados para hacer el producto más sabroso, atractivo o durable (potenciadores del sabor, colorantes, emulsionantes, edulcorantes, conservantes)”.

“El ácido oleico, presente en el aceite de oliva, es el componente mayoritario de todas nuestras células”, afirma Ángel Gil, presidente de FINUT


“El mensaje de este estudio es universal”, asevera. Este estudio fue realizado en las personas mayores con sobrepeso/obesidad y otras alteraciones metabólicas que presentaron la ingesta de los ultraprocesados relativamente baja (8%); pero la de estos mismos productos es altamente elevada entre los niños y adolescentes (50%). “Este estudio refuerza que debería limitarse cada vez más el consumo de los productos ultraprocesados ​​y favorecer los productos frescos ya desde los primeros años de vida para envejecer sanos”, concluye.

Europa estrecha el cerco a las grasas trans

El 1 de abril entra en vigor la limitación de la presencia de grasas trans (que no estén presentes de manera natural) en los alimentos que se comercialicen en la Unión Europea. Así, el Reglamento (UE) 2019/649 de 24 de abril de 2019 establece que estas grasas no pueden sobrepasar los dos gramos por cada 100 gramos de grasas presentes en los ingredientes.

Esta norma viene a cumplir con las recomendaciones de otros organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que recomienda que la ingesta de ácidos grasos trans debe ser lo más baja posible, y la Organización Mundial de la Salud, que lleva desde el año 2018 pidiendo que se elimine la producción industrial de las grasas trans.

placeholder Ángel Gil, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT).
Ángel Gil, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT).

Por su parte, Ángel Gil, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), explica que existe evidencia científica de que los ácidos grasos trans “son realmente muy negativos para la salud porque inducen a enfermedad cardiovascular, diabetes y otras comorbilidades asociadas a enfermedades crónicas”.

Sin embargo, el mismo doctor Gil, como otros expertos, avisa de que no hay que meter a todas las grasas trans en el mismo saco, ya que, en palabras del experto, “la grasa es fundamental para la vida”.

Tipos de grasas trans y dónde encontrarlas

El presidente de FINUT enumera los principales tipos de grasas, sus efectos sobre nuestra salud y dónde encontrarlas:

  • Grasas trans. Se forman cuando el aceite vegetal pasa por un proceso llamado hidrogenación. “Era frecuente que estas grasas trans aparecieran en margarinas y en productos utilizados en pastelería para generar una grasa de consistencia sólida”, indica el experto, que confirma que prácticamente han desaparecido de la dieta de los europeos.
  • Grasas saturadas. Presentes en alimentos de origen animal, aunque también las podemos encontrar en las vegetales. “Algunos aceites vegetales, como el de palma y el de coco, tienen una cantidad muy elevada de ácidos grasos saturados”, alerta.
  • Grasas insaturadas. Contienen los ácidos grasos esenciales linoleico y linolénico en cantidades relativamente importantes, que encontramos de forma preferente en los aceites vegetales, incluidos los aceites de oliva.

Y por otro lado, subraya, “hay una grasa insaturada muy importante que es el ácido oleico que está presente en el aceite de oliva y que es el componente mayoritario de todas nuestras células”. Y añade: “Tenemos aproximadamente un 40% de ácido oleico en nuestras membranas”.

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