Las proteínas son macronutrientes formados por moléculas complejas que contienen aminoácidos (algunos de ellos llamados 'esenciales', porque el organismo solo puede absorberlos a través de la alimentación) y es uno de los grandes grupos alimenticios que no pueden faltar en nuestra dieta diaria, junto a los hidratos de carbono y las grasas, para que nuestro cuerpo obtenga la energía que precisa y funcione correctamente.

Las proteínas protegen el sistema inmunológico, trabajan en la formación y recuperación de huesos, músculos y tejidos, refuerzan la salud nerviosa y hormonal… Como norma general se recomienda tomar entre 40 y 60 g de proteínas al día. Según indica la doctora en Dietética y Nutricion Leslie Langevin, miembro de Whole Health Nutrition, “con 20 o 30 gramos de proteínas en cada una de las dos comidas principales nuestra necesidad diaria de este macronutriente estaría cubierta”.

Conviene huir de los alimentos procesados y optar por los naturales; la salud y la báscula lo van a notar

Pero ¿son iguales todas las proteínas? ¿Podemos consumir cualquiera de ellas indistintamente si estamos tratando de bajar algunos kilos de más?

La respuesta a las dos preguntas es no. Existen proteínas animales (carne, huevos, pescado, lácteos) y vegetales (legumbres, algunos cereales y semillas y los frutos secos) y todas ellas son sanas, pero debes huir de las que se presentan muy procesadas o se acompañan de otros ingredientes que las empobrecen (como ocurre por ejemplo con el embutido o algunos derivados lácteos) y que no te ayudarán en nada si tu objetivo es bajar de peso, más bien conseguirán todo lo contrario.

Estos son los 5 alimentos ricos en proteínas que debes evitar si tu intención es perder esos kilos de más:

Nuggets precocinados

Foto: iStock.
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Y delicias o bolitas de pescado, alitas de pollo... Hablamos de esos productos rebozados que encontramos en la sección de congelados del supermercado, que van directamente de la caja a la freidora. Están riquísimos, no podemos negarlo, y son proteicos, sin duda, pero no son en absoluto idóneos para incluirlos en una dieta de adelgazamiento (para ninguna en realidad, a no ser que se consuman de forma muy esporádica).

En su composición incluyen altas cantidades de grasas no saludables (en muchos casos los nuggets contienen la piel del pollo) y con frecuencia también harinas refinadas, así como un exceso de sal y de azúcar. Sin contar con el aumento de calorías que le aportamos al freírlos en aceite. Una buena alternativa puede ser prepararlos de forma casera (utilizando carne magra de pollo o de cerdo) y cocinarlos al horno. No quedarán tan jugosos como en la sartén, pero sí resultarán mucho más bajos en calorías.

Barritas de proteínas

Foto: iStock.
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Puede parecer a simple vista una opción saludable y se consumen con asiduidad sobre todo después de practicar deporte, a modo de reconstituyente rápido, pero si 'rascamos' un poco vemos que en líneas generales estas barritas no son lo más sano del mundo. La clave está en examinar a fondo sus ingredientes en la etiqueta del producto, porque pueden cambiar mucho de una marca a otra.

En todo caso, son productos procesados y no es raro que además de su buena dosis de proteína y de fibra incluyan productos muy calóricos (las barritas contienen aproximadamente 100 kcal en 30 g) y nada saludables, como potenciadores del sabor artificiales y azúcares añadidos. La premisa es clara, las proteínas, al igual que el resto de nutrientes, cuanto más naturales, mejor.

Fiambre de pavo

Foto: iStock.
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Tradicionalmente tiene buena fama e incluso se toma como 'alimento ligero'. Sin embargo, el contenido de pavo de la mayoría de los fiambres que encontramos en el supermercado no pasan del 70% y algunos tienen solo el 50%. Por el contrario, sí tienen una buena dosis de azúcar, conservantes y estabilizantes, lo que en ningún caso te va a ayudar a perder peso.

Es probable que la confusión venga de denominar 'pechuga de pavo' a lo que en realidad es 'fiambre de pechuga de pavo', por lo que hay que fijarse en la etiqueta antes de hacer nuestra compra sana en el supermercado. El fiambre, como el resto de productos cárnicos procesados, puede llegar a contener un 10% de féculas, además de azúcares, leche en polvo, grasas, gelatinas y condimentos. Por todo ello, mejor decantarse por la pechuga de pavo, sin el 'fiambre' delante.

Yogur desnatado

Foto: iStock.
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A la hora del postre, si buscamos adelgazar, ¿mejor un yogur entero o uno desnatado? Mejor entero. La idea es que no cuentan tanto las calorías como que lo que comamos sea un producto natural. Y mientras que en un yogur entero encontramos leche entera, proteínas de la leche y lactosa, en uno desnatado han suprimido un porcentaje vaiable de grasa, pero a cambio se le han añadido conservantes y azúcares para darle la textura, el aspecto, el sabor que hace que nos apetezca comérnoslo.

La realidad es que estos aditivos aportan calorías vacías, que no nos dan nutrientes. Mientras que la grasa del yogur entero contiene calorías, sí, pero al menos alimentan. Esto no quiere decir que si queremos adelgazar consumamos sin medida yogures enteros; sino que desterremos la idea de que podemos inflarnos a productos desnatados y que si tomamos un yogur, mejor escoger el entero y natural.

Mantequilla de cacahuete

Foto: iStock.
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Hasta hace apenas unos años solo la conocíamos por las películas norteamericanas, pero de un tiempo a esta parte se está popularizando su consumo en nuestro país y las cadenas de supermercados españolas han lanzado sus cremas de cacahuete.

Este producto, ni en su versión más sana, la que contiene un único ingrediente, el cacahuete, puede recomendarse en ninguna dieta de adelgazamiento. El motivo es que aunque las grasas sean naturales y saludables, porque proceden únicamente del fruco seco, su aporte calórico es grande (alrededor de 600 calorías por 100 g). Aparte, la mayoría de las mantequillas o cremas de cacahuete que se comercializan incluyen otros ingredientes nada saludables, como azúcares añadidos y aceites vegetales, en muchos casos de palma.